El caso del oro

(De "Confesiones de oro. La mafia del oro contada por Enrique Piana", por Sergio Ciancaglini, Sudamericana, Buenos Aires).

24 Septiembre 2002
"Casa Piana le ha puesto la lápida a una sugerente porción de la sociedad argentina. La empresa se dedicó siempre a la fabricación de medallas, trofeos, condecoraciones, y también placas escultóricas para los cementerios, especialmente el de la Recoleta. Es un bello cementerio, si es posible decir tal cosa, ubicado en uno de los barrios más caros de Buenos Aires y llamativamente rodeado por una zona de diversión nocturna, que incluye sofisticados restaurantes, confiterías, cines, teatros y hoteles por hora para parejas jóvenes o amantes clandestinos no tan jóvenes. Todo con vista a las tumbas. Hay próceres, muertos ilustres y otros no tanto, postreramente homenajeados por lápidas de casa Piana, la más prestigiosa del mercado durante décadas.
Casa Piana también ha fallecido. Los que quieran ver el cadáver no deben ir al cementerio sino al centro de Buenos Aires, a tres cuadras del Obelisco, al edificio abandonado en la calle Perón al 1.200, con su entrada de madera ya proclive a desencajarse y pudrirse y una cortina de enrejado metálico que algunos usan para encadenar bicicletas. No hay placas de bronce ni de mármol, sino un letrero de chapa barata que dice En venta, colocado allí hace años, y al que nadie responde, hasta ahora.
El lugar tenía como vecinos más o menos cercanos a otras casas que también se dedicaron a la exportación de oro. Kike enumera: ?Vildex Rodhio, Casa Eise, Vega y Camji, todos éramos parte del G-5?.El G-5 -explica Piana- es el grupo que organizó la refinería norteamericana Handy & Herman para exportar oro, cobrar reintegros y sobrefacturar los montos y las operaciones.
Un emprendimiento paralelo, por llamarlo de algún modo, fue el que provocó que Kike terminara preso en los Estados Unidos, tras cometer un pequeño error de apreciación. Había viajado a East Hampton, a dos horas de Nueva York, para pasar unos nevados y románticos días con su novia. Una mañana, mientras la pareja se dedicada a lo que hay que dedicarse en esos casos, diez agentes federales se anunciaron golpeando la puerta de su habitación sin excesiva mesura y armados. Pero todavía falta para llegar a ese momento. Casa Piana falleció, tras una larga historia. Kike sostiene que quiso rescatarla, aunque el resultado objetivo de su empeño fue lapidarla.
El lugar había sido fundado en 1884, durante la presidencia de Julio Roca, por Juan Gotuzzo y Domingo Terraroza. Kike cuenta que eran dos italianos que intentaban competir con las medallas que llegaban importadas de Europa, principalmente de Italia e Inglaterra. Se llamó Taller Nacional de Grabados. Al cumplir 110 años, ya como Casa Piana, se publicó un folleto lujoso, en el que los nombres de ambos señores habían desaparecido y se informaba que la empresa siempre fue de la familia.
El abuelo de Kike José Francisco Piana, en realidad se incorporó más tarde y el relato familiar lo describe como ?muy activo y emprendedor?. Murió ante del nacimiento de Kike.
La historia es brumosa, esa sepia. De algún modo que no se ha registrado con precisión, José Francisco fue creciendo dentro del pequeño Taller. Murió el señor Terraroza, y Gotuzzo asoció al joven activo y emprendedor. Gotuzzo y Piana. Luego algo pasó, y el lugar se llamó al revés: Piana y Gotuzzo. Este murió, sin hijos, y su viuda le vendió a José Francisco el total de la empresa".

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