BUENOS AIRES.- Habrá que estar muy atentos a las implicancias de las declaraciones del miembro de la comisión de "notables", Hans Tietmeyer, de que la Argentina es una insignificancia y que la situación de autoendeudamiento y el no pagar sus deudas es para siempre. Y hay que sumarlas a las palabras de la vicepresidenta del FMI, Anne Krueger, de que "ni se imaginan los graves castigos" que les sobrevendrán a los argentinos si no pagan sus vencimientos con el FMI y Banco Mundial.
Todo esto provoca una sensación de acostumbramiento a la grosería respecto de todo lo que huela a argentino, fomentado por los insultos anteriores, pero bien notorios, del titular del Tesoro, Paul O?Neill, y los del presidente del Uruguay, Jorge Batlle.
Mientras tanto, la contraparte argentina no ha reaccionado. El Gobierno no ha contrainsultado, salvo alguna expresión aislada del desacreditado canciller Carlos Ruckauf, y la oposición también se mantiene "en el molde" en este asunto, a pesar de que todos coinciden en que no se van a reanudar los pagos, ya sea por voluntad de postergarlos en aras de los planes sociales, o simplemente por imposibilidad de arriesgar las escasas reservas o reunir el líquido suficiente. Y es allí donde se inserta la expresión de Tietmeyer sobre la "insignificancia" del país. Que parece un contrasentido, porque Argentina sigue siendo una economía de un volumen intermedio, uno de los principales productores agrícolas del mundo; tiene capacidad para importar bienes de capital e insumos intermedios y no la está utilizando, porque su economía todavía está en plena contracción a pesar de débiles indicios de reactivación. Y esa casi eliminación de la Argentina como importadora, como uno de los factores que también hace peligrar puestos de trabajo en las economías de los países industrializados no es desdeñable. Países a los que supuestamente representan gente como Tietmeyer y Krueger, pero los representan mal. Además, Argentina tiene capacidad de crear y exportar tecnología; es más, en este momento está en mejores condiciones de lograrlo porque sus costos son más bajos y tiene ventaja competitiva. Por eso es elegido por Toyota, una de las principales corporaciones automotrices, para implantar una base de sus exportaciones. Signo de inteligencia es ir contra la corriente y radicar el dinero y los planes de crecimiento en lugares que son repudiados y dejados de lado por los gurúes.
Pero otra frase de Tietmeyer, el "para siempre" de todo esto, tiene más asidero. Y es que cunde desde el subconsciente a la reflexión libremente admitida el hecho de que este default llegó para quedarse, extendiéndose a las deudas que hasta ahora no habían sido alcanzadas por la cesación de pagos, ya que una gran parte de las medidas tomadas por este Gobierno lo ha sido para consagrar situaciones en las que no es posible honrar la deuda pública ni la privada.
En primer lugar, las de la Nación y las provincias con sus proveedores, a quienes han dejado en cesación de pagos; en segundo lugar, las de los bancos respecto de sus depositantes (temas corralito y corralón). En tercer lugar, las de los prestatarios, es decir, quienes habían recibido préstamos de los bancos o de prestadores particulares.
Todas estas, particularmente las de los bancos con sus ahorristas, son deudas exigibles. Al principio de este Gobierno se había proclamado que se devolverían en la moneda original, y después se tejió una espesa red de bonos en la que los ahorristas han quedado atrapados. Cobrarán quizás en dólares pero dentro de muchos años y después de haber tenido que aceptar bonos emitidos por un Estado que es sistemático incumplidor. (DyN)
23 Septiembre 2002 Seguir en 
Por Pablo Kandel





