23 Septiembre 2002 Seguir en 
El peor drama en la historia argentina de los accidentes terrestres dejó al desnudo la verdadera tragedia institucional que aflige a esta provincia. A 24 horas de que 47 tucumanos dejaran la vida en un abismo catamarqueño, la primera medida que tomó el gobierno provincial fue vetar la ley que suspendía por cuatro meses cualquier incremento en la tarifa de la luz. Ni sumarios. Ni pases a retiro. Ni funcionarios separados de sus cargos. Lo urgente en medio del desastre era voltear esa norma. Daban ganas de llorar (entre otras sensaciones).El director de Transporte, Enrique Romero, llegó a decir que él sólo controlaba el transporte público. Como si, acaso, el ómnibus de la muerte hubiera trasladado ganado, y por un camino vecinal. Fue, al menos, más sutil que el empresario Cristóbal Cazorla, para quien la única responsabilidad les cabe a las víctimas, por haber elegido esa clase de coches. En esta provincia, la impunidad alcanza niveles de sublimación admirables. La muerte terminó siendo culpa de los muertos.Convirtieron a este Estado, otra vez, en un verdadero peligro para los ciudadanos. Nada se hace por impedir catástrofes evitables. Menos aún por castigar a quienes tienen los bolsillos rojos de sangre por acción o por omisión. Eso sí, el Poder Ejecutivo mandó $ 15.000 en coronas a los deudos. Porque esta gestión tapa sus yerros con flores. Y, junto con los partidos políticos que deberían oponérsele, tornó a Tucumán en un colectivo encaminado irremediablemente a desbarrancarse.
Mañana será peor
Tucumán está saliendo del colapso virtual para entrar al real. En noviembre no habrá cosechas, ni zafra, ni citrus. Las Fiestas de Fin de Año estarán encima, al igual que el aguinaldo. Si la tendencia a la inacción se mantiene, conforme pasen los días van a darse dos situaciones: florecerán causales de intervención de toda índole pero la Nación seguirá sin querer hacerse cargo de la provincia. Un síntoma de que estamos tan mal está dado en el hecho de que, en las próximas elecciones, el que gane va a perder.
Justamente, es una ficción suponer que la fecha de las elecciones es un problema. El precipicio de la Provincia es su deuda de $ 2.600 millones. Y los 73.000 sueldos que paga, entre empleados permanentes, transitorios y algunos jubilados, lo que representa el 90% de las erogaciones.
Pero en la Casa de Gobierno, donde las grandes discusiones refieren a las candidaturas de José Alperovich, de Ricardo Maturana y de Fernando Juri, no acusan recibo. El ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, clama por aumentar los ingresos, pero poco dice de bajar el gasto. La razón es una: si además de la debacle, el incendio y la ruina, el mirandismo tiene que abandonar el clientelismo, directamente no se presentará en los comicios.
En Fuerza Republicana no están mejor. El primer borrador electoral dibujó la presentación de tres sublemas oficiales. Por el Este, Oscar Paz; por el Oeste, Ramón Sierra Morales; y por la capital Alberto Germanó o Alfredo Guido Linares. Si la propuesta prospera, lo único que le impedirá a ese partido llamarse Parque Jurásico será que sus siglas pasarían a ser "PJ". Un movimiento que se debate entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy no tiene en claro nada de nada.
Y en la UCR que, en el mejor de los casos hará una elección testimonial, ahora que el diputado Carlos Courel avisó que no será candidato a nada, ya se anotaron tres en la largada. El legislador José Ascárate siente que le salió la Virgen, al ex diputado Alfredo Neme Scheij se le volvió a abrir el apetito y el titular de la FOTIA, Roberto Palina, ya se está frotando las manos.
Tucumán, en esto, es el reflejo de un país que pasó del "que se vayan todos" a encuestas lideradas por Adolfo Rodríguez Saá: padre del default y presidente por seis días. Sigue Menem, apresado por supuesto contrabando de armas y acusado de presunto enriquecimiento ilícito, para no hablar de sus gestiones presidenciales, las más sospechadas de corrupción de todos los tiempos.
Mañana será peor
Tucumán está saliendo del colapso virtual para entrar al real. En noviembre no habrá cosechas, ni zafra, ni citrus. Las Fiestas de Fin de Año estarán encima, al igual que el aguinaldo. Si la tendencia a la inacción se mantiene, conforme pasen los días van a darse dos situaciones: florecerán causales de intervención de toda índole pero la Nación seguirá sin querer hacerse cargo de la provincia. Un síntoma de que estamos tan mal está dado en el hecho de que, en las próximas elecciones, el que gane va a perder.
Justamente, es una ficción suponer que la fecha de las elecciones es un problema. El precipicio de la Provincia es su deuda de $ 2.600 millones. Y los 73.000 sueldos que paga, entre empleados permanentes, transitorios y algunos jubilados, lo que representa el 90% de las erogaciones.
Pero en la Casa de Gobierno, donde las grandes discusiones refieren a las candidaturas de José Alperovich, de Ricardo Maturana y de Fernando Juri, no acusan recibo. El ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, clama por aumentar los ingresos, pero poco dice de bajar el gasto. La razón es una: si además de la debacle, el incendio y la ruina, el mirandismo tiene que abandonar el clientelismo, directamente no se presentará en los comicios.
En Fuerza Republicana no están mejor. El primer borrador electoral dibujó la presentación de tres sublemas oficiales. Por el Este, Oscar Paz; por el Oeste, Ramón Sierra Morales; y por la capital Alberto Germanó o Alfredo Guido Linares. Si la propuesta prospera, lo único que le impedirá a ese partido llamarse Parque Jurásico será que sus siglas pasarían a ser "PJ". Un movimiento que se debate entre Carlos Menem y Ricardo López Murphy no tiene en claro nada de nada.
Y en la UCR que, en el mejor de los casos hará una elección testimonial, ahora que el diputado Carlos Courel avisó que no será candidato a nada, ya se anotaron tres en la largada. El legislador José Ascárate siente que le salió la Virgen, al ex diputado Alfredo Neme Scheij se le volvió a abrir el apetito y el titular de la FOTIA, Roberto Palina, ya se está frotando las manos.
Tucumán, en esto, es el reflejo de un país que pasó del "que se vayan todos" a encuestas lideradas por Adolfo Rodríguez Saá: padre del default y presidente por seis días. Sigue Menem, apresado por supuesto contrabando de armas y acusado de presunto enriquecimiento ilícito, para no hablar de sus gestiones presidenciales, las más sospechadas de corrupción de todos los tiempos.





