12 Noviembre 2006 Seguir en 
SAN PABLO.- Unos 34 movimientos sociales vinculados al gobernante Partido de los Trabajadores (PT), que apoyaron la reelección del presidente Luiz Inácio Lula da Silva en los comicios de octubre, se proponen forzar cambios en las políticas económica y social que planeaba implementar Lula durante su segundo mandato, que se inicia en 2007. Líderes de la Central Unica de Trabajadores (CUT), del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNOB), entre otros, se reunieron ayer en San Pablo a tales efectos.
“Hubo mucha tolerancia con Lula durante el primer mandato, debido a su pasado de sindicalista y perseguido político, y eso abrió espacio para la derecha en el área económica”, dijo Antonio Carlos Spis, de la CUT, la mayor central obrera brasileña, que nuclea 3.400 sindicatos. “Lula perdió la elección en primera vuelta y ganó en la segunda porque la izquierda, los movimientos (sociales) y los sindicatos salieron a las calles”, agregó.
Ahora, la CUT teme que la próxima reforma sindical reduzca los derechos laborales, por lo que ya maneja la posibilidad de convocar a una huelga general durante el primer semestre de 2007.
Nada viene gratis
“Los movimientos sociales han aprendido que las conquistas sociales no vendrán gratis, ni siquiera con Lula en el gobierno”, dijo por su parte el representante del MST, Gilmar Mauro. El MST aglutina a unas 150.000 familias que se encuentran acampadas en todo el país a la espera de que el gobierno les conceda una parcela de tierra para trabajar, y acusa a Lula de haber favorecido el agronegocio durante su primer gobierno, en detrimento de la reforma agraria que abriría más oportunidades de empleo. En línea con el MST, el Consejo Indigenista Misionario (CIMI) denunció que la violencia aumentó en las áreas indígenas y que, al mismo tiempo, disminuyó el volumen de tierras demarcadas. “Los cambios sólo vendrán con la presión”, dijo un vocero. (Télam)
“Hubo mucha tolerancia con Lula durante el primer mandato, debido a su pasado de sindicalista y perseguido político, y eso abrió espacio para la derecha en el área económica”, dijo Antonio Carlos Spis, de la CUT, la mayor central obrera brasileña, que nuclea 3.400 sindicatos. “Lula perdió la elección en primera vuelta y ganó en la segunda porque la izquierda, los movimientos (sociales) y los sindicatos salieron a las calles”, agregó.
Ahora, la CUT teme que la próxima reforma sindical reduzca los derechos laborales, por lo que ya maneja la posibilidad de convocar a una huelga general durante el primer semestre de 2007.
Nada viene gratis
“Los movimientos sociales han aprendido que las conquistas sociales no vendrán gratis, ni siquiera con Lula en el gobierno”, dijo por su parte el representante del MST, Gilmar Mauro. El MST aglutina a unas 150.000 familias que se encuentran acampadas en todo el país a la espera de que el gobierno les conceda una parcela de tierra para trabajar, y acusa a Lula de haber favorecido el agronegocio durante su primer gobierno, en detrimento de la reforma agraria que abriría más oportunidades de empleo. En línea con el MST, el Consejo Indigenista Misionario (CIMI) denunció que la violencia aumentó en las áreas indígenas y que, al mismo tiempo, disminuyó el volumen de tierras demarcadas. “Los cambios sólo vendrán con la presión”, dijo un vocero. (Télam)







