El rompecabezas peronista

Miranda y Rivas son parte de un acuerdo partidario que no excluye divergencias estratégicas de fondo.

22 Septiembre 2002
Por Carlos Abrehu

El proceso electoral está signado por la incertidumbre. La afirmación vale tanto para el orden federal cuanto para el provincial.
El justicialismo es el partido que vive esa situación con más intensidad. Se afianza, empero, la suposición de que finalmente no se realizarán las elecciones primarias abiertas convocadas por la administración duhaldista para el 15 de diciembre. En esa proyección pesa el impacto negativo que tendría el persistente desacuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
La agudización de la crisis socioeconómica aceleraría el adelanto de los comicios presidenciales del 30 de marzo de 2003 al 15 de diciembre de 2002, con el inmediato traspaso del mando.
Los dos precandidatos con mayor predicamento en Tucumán -Carlos Menem y Adolfo Rodríguez Saá- reclamaron que se abandone el plan electoral del oficialismo, pero Eduardo Duhalde les contestó ayer que no. El Presidente se limitó a decir que se trata de planteos electoralistas.
Rodríguez Saá, que frenó el avance de Menem en las encuestas, llegará probablemente el viernes a Tucumán, para que lo conozca la gente. Aquí se lo individualiza sólo por sus apariciones televisivas y por su apresurado abandono del poder en la última semana de diciembre de 2001.
A un emisario del cordobés José Manuel de la Sota no le fue nada bien en sus primeros contactos, porque la dirigencia local se comprometió con Rodríguez Saá, con Menem y con Néstor Kirchner.
Menem fortificaría su posición en el noroeste si el salteño Juan Carlos Romero aceptara ser su precandidato a vicepresidente. El gobernador Julio Miranda es uno de los impulsores de la jugada del Frente Federal que buscó ubicar a Romero en calidad de copiloto de Carlos Reutemann. Caído este, la opción más próxima sería la de Menem.
"La fórmula Menem-Romero sería trágica para Tucumán", alerta José Vitar. "En la década del 90 hubo un vaciamiento de obras públicas y una transferencia de organismos a Salta. Eso fue consecuencia del acuerdo de Romero con Menem", acusa el diputado del ARI.

Por caminos distintos
Las turbulencias políticas sacuden al partido gobernante en Tucumán. La sucesión de Miranda y la reforma constitucional están sobre el tapete. El debate está abierto en ambos casos.El pacto Miranda-Olijela Rivas se oficializó, al menos, con la intención declarada de asegurar la transferencia del Gobierno de un peronista a otro peronista. A partir de allí, cada cual interpreta lo que le conviene.
La discusión en el mirandismo gira en torno de José Alperovich y de Fernando Juri. Aunque el senador está en España, sigue de cerca lo que pasa en Tucumán.
"Al vicegobernador lo pongo yo", les habría dicho Miranda a los legisladores que avalan a Alperovich, para sorpresa de algunos de ellos. Se cayeron varias fichas de la mesa de apuestas.En las últimas horas de la semana pasada, emergió la opción de Juri para enfrentar al senador y ex ministro de Economía.
No obstante, algunos suponen que el desplome de Juri abriría el camino para la aceptación de la candidatura de Alperovich. Ven que el ministro de Gobierno carece de la solidez suficiente para competir con posibilidades ante el ex legislador radical.
En las filas de Rivas se avanzó en ciertas definiciones. Tras un largo almuerzo, el espacio de la diputada decidió postular al ex juez federal Ricardo Maturana para la gobernación. Con este político de tradición peronista se quiere cerrar el paso a otro que no lo es. El nombre del ex juez ya circula entre los dirigentes cercanos a Rivas.
Además, se descartó que fuese políticamente aceptable la realización de las elecciones provinciales en forma conjunta con las nacionales. La luz de alarma se enciende cuando se admite la hipótesis de que el peronismo podría llegar dividido con más de una fórmula presidencial. Esto sería factible si se sancionara una ley de lemas o la propuesta del diputado Conte Grand.
La proposición de este legaliza la coexistencia de varias candidaturas presidenciales con sus listas de diputados y senadores nacionales. Al dispersarse la oferta peronista, podría darse el caso de que otro partido se beneficiara con el efecto de arrastre del candidato que más votos saque.
Está fresco el recuerdo de la brillante elección de la ucedeísta Sonia Mejail con la boleta presidencial de Menem.
Hay, además, otra razón adicional: el adelanto de las elecciones favorece a Alperovich, que es el único pretendiente a reemplazar a Miranda, que se paseó de un lado a otro de la geografía.
Junio de 2003 es el mes que encaja con las previsiones constitucionales, por una parte. Y que permite, por otra parte, el despliegue de una figura alternativa a la de Alperovich. En esas y en otras consideraciones se basa el razonamiento de los estrategas de la diputada.

Otros frentes de tormenta
Otros políticos miran a octubre. El frente mirandista amenaza con fracturarse cuando empieza a tomar cuerpo la idea de que el gobernador y Rivas serán los candidatos a senadores en la elección primaria abierta de diciembre.
La desazón y el malestar crecen entre algunos de los mirandistas históricos, que planean armar un frente que podría desembocar en la postulación de otros nombres para las mismas funciones. El plazo para que se presenten las listas ante el Juzgado Electoral Nacional está fijado para el 26 de octubre. Los cabildeos y los forcejeos abundarán hasta entonces, al igual que las versiones.
La crisis socioeconómica sigue mandando. El mejor arreglo de candidaturas se puede derrumbar si se agudizan los conflictos.

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