09 Noviembre 2006 Seguir en 
WASHINGTON.- Los votantes le estamparon más que una advertencia al presidente George W. Bush. Las derrotas que han sufrido los republicanos son señales claras de una profunda insatisfacción con la política del texano, que ahora deberá estar más dispuesto a cooperar con la oposición. Si las cosas salen muy mal, no podrá mover nada en los últimos dos años de su mandato.
La guerra en Irak y los escándalos en Washington fueron los temas que más movilizaron, y enfurecieron, a los ciudadanos. "Por supuesto; la gente está decepcionada con la guerra en Irak. Yo también lo estoy", admitió el senador republicano John McCain, visiblemente afectado por la derrota electoral. "Necesitamos una estrategia para Irak que trascienda el partido", dijo el posible candidato para las elecciones de 2008, pero no supo precisar en qué se basaría esta nueva política.
También los ganadores de las elecciones estiman prioritario un cambio de dirección en Irak. Pero ni siquiera el presidente del partido, Howard Dean, que desde un principio se opuso a la guerra, no quiere saber nada sobre una retirada precipitada de Irak. Nancy Pelosi, próxima presidenta de la Cámara de Representantes, dijo que las tropas estadounidenses deberían retirarse antes de 2008. Sin embargo, muchos de sus colegas lo ven de otra manera. En el caso de Irak hay mucho enojo por la situación a la que se ha llegado, pero existen posiciones muy divergentes acerca de cómo salir del atolladero.
El nuevo Estado
Así las cosas, no se vislumbra un verdadero cambio de dirección en la política exterior estadounidense. Pero en Washington cambiarán unas cuantas cosas. "Se acabaron los tiempos de un Estado con un solo partido", opinó Reid. Los demócratas quieren introducir estrictas normas éticas en el Congreso para luchar contra la corrupción. Además, e impulsar un aumento en el salario mínimo. Bush tendrá posiblemente que enterrar definitivamente sus planes de reforma de la seguridad social y poner fin a sus rebajas impositivas para los ricos. No obstante, no llegan a un acuerdo acerca de si se deben crear nuevas comisiones para volver a investigar no sólo la cuestionada estrategia militar, sino también las cárceles secretas de la CIA y el la mala atención tras el desastre de Katrina. Los problemas para Bush, golpeado y por momentos desorientado, se han agrandado con estas elecciones.
La guerra en Irak y los escándalos en Washington fueron los temas que más movilizaron, y enfurecieron, a los ciudadanos. "Por supuesto; la gente está decepcionada con la guerra en Irak. Yo también lo estoy", admitió el senador republicano John McCain, visiblemente afectado por la derrota electoral. "Necesitamos una estrategia para Irak que trascienda el partido", dijo el posible candidato para las elecciones de 2008, pero no supo precisar en qué se basaría esta nueva política.
También los ganadores de las elecciones estiman prioritario un cambio de dirección en Irak. Pero ni siquiera el presidente del partido, Howard Dean, que desde un principio se opuso a la guerra, no quiere saber nada sobre una retirada precipitada de Irak. Nancy Pelosi, próxima presidenta de la Cámara de Representantes, dijo que las tropas estadounidenses deberían retirarse antes de 2008. Sin embargo, muchos de sus colegas lo ven de otra manera. En el caso de Irak hay mucho enojo por la situación a la que se ha llegado, pero existen posiciones muy divergentes acerca de cómo salir del atolladero.
El nuevo Estado
Así las cosas, no se vislumbra un verdadero cambio de dirección en la política exterior estadounidense. Pero en Washington cambiarán unas cuantas cosas. "Se acabaron los tiempos de un Estado con un solo partido", opinó Reid. Los demócratas quieren introducir estrictas normas éticas en el Congreso para luchar contra la corrupción. Además, e impulsar un aumento en el salario mínimo. Bush tendrá posiblemente que enterrar definitivamente sus planes de reforma de la seguridad social y poner fin a sus rebajas impositivas para los ricos. No obstante, no llegan a un acuerdo acerca de si se deben crear nuevas comisiones para volver a investigar no sólo la cuestionada estrategia militar, sino también las cárceles secretas de la CIA y el la mala atención tras el desastre de Katrina. Los problemas para Bush, golpeado y por momentos desorientado, se han agrandado con estas elecciones.







