Fue un voto protesta contra la corrupción y contra la invasión a Irak

08 Noviembre 2006
Washington, EEUU.- Por Laszlo Trankovits. Los votantes estadounidenses le estamparon más que una advertencia al presidente George W. Bush y a su Partido Republicano.
Los demócratas celebraron con razón el "viento de cambio", como bautizó el senador Harry Reid a las conquistas electorales del partido.

Con su nueva mayoría en la Cámara de Representantes y sus avances en el Senado no podrán modificar rádicalmente el rumbo del país, pero Bush tendrá que buscar la cooperación con los demócratas en sus últimos dos años de mandato.

Las derrotas de varios de los seguidores de Bush fueron señales claras de que los ciudadanos estadounidenses están profundamente insatisfechos con la política del texano.

Tanto demócratas como republicanos coincidieron en que fueron en especial la guerra en Irak y los escándalos en Washington los temas que más movilizaron, y también enfurecieron, a los ciudadanos.

"Por supuesto, la gente está decepcionada con la guerra en Irak, yo también lo estoy", admitió el senador republicano John McCain en una entrevista con el canal Fox News, visiblemente afectado por la derrota electoral de varios republicanos.

"Necesitamos una estrategia para Irak que trascienda el partido", dijo el posible candidato para las elecciones de 2008, quien sin embargo no supo precisar en qué se basaría esta nueva política. Sólo advirtió que el retiro inmediato sería "una catástrofe y una amenaza a nuestra seguridad".

Los ganadores de las elecciones no dejaron dudas en que "un cambio de dirección en Irak" es la primera prioridad. Pero ni siquiera el presidente del partido, Howard Dean, quien desde el principio fue un opositor a la guerra, no quiere saber nada sobre una retirada precipitada de Irak.
Tampoco parece querer pensar en que el Congreso podría decretar recortes en los fondos que obliguen a Bush a retirar las tropas de Irak.

Nancy Pelosi, hasta ahora líder de la minoría demócrata y quien podría asumir como presidenta de la Cámara de Representantes, dijo recientemente que las tropas estadounidenses se deberían retirar antes de finales de 2007. Sin embargo, muchos colegas de partido lo ven de otra manera.

En el caso de Irak existe en ambos partidos mucho enojo por la situación a la que se ha llegado, pero también mucha inseguridad sobre qué salida tomar. Pues tanto entre los republicanos como entre los demócratas existen posiciones muy divergentes acerca de cómo Estados Unidos podría hallar una solución a este derrame de sangre y a la conflictiva situación política en Irak, que no haga caer al Cercano Oriente en un caos.

Las elecciones al Congreso no traerán un verdadero cambio de dirección en la política exterior estadounidense. Y sin embargo en Washington cambiarán unas cuantas cosas: "Los tiempos de un Estado con un sólo partido finalizaron", opinó Reid.

Los demócratas quieren introducir estrictas normas éticas en el Congreso para dificultar la corrupción. Además, quieren impulsar un aumento en el salario mínimo.
Bush tendrá posiblemente que enterrar de manera definitiva sus planes de reforma de la seguridad social y poner fin a sus rebajas impositivas para los ricos.

No obstante, los demócratas no llegan a un acuerdo acerca de si se deben crear nuevas comisiones de investigación, esta vez presididas por ellos, para discutir nuevamente acerca de los fallos y escándalos de la administración Bush: el razonamiento de la guerra de Irak, la cuestionable estrategia militar, la falta de un plan realista para la posguerra, Abu Ghoreib, las cárceles secretas de la CIA, los fallos después del huracán Katrina y algunas cosas más.

Los problemas para Bush, políticamente golpeado y por momentos desorientado, se han agrandado con estas elecciones.
Ahora deberá estar más dispuesto a cooperar con la oposición. Si las cosas salen muy mal apenas podrá mover nada en los últimos dos años de su mandato. (DPA)




Tamaño texto
Comentarios