07 Noviembre 2006 Seguir en 
WASHINGTON.- Unos 200 millones de electores están convocados para decidir hoy si dejan al oficialismo republicano el control del Congreso estadounidense o si, por el contrario, dan la mayoría a los demócratas para que contrapesen las controvertidas políticas del gobierno de George W. Bush, especialmente las que se refieren a Irak. La gestión de la “guerra contra el terrorismo”, sobre todo en el frente iraquí -donde la violencia sectaria aumenta junto con las muertes de soldados estadounidenses-, y los temas de seguridad fronteriza serán dos cuestiones claves en la agenda de los votantes.
Desde 1994, cuando se rompió con 40 años de dominio demócrata en el Congreso, el Poder Legislativo está dominado por los partidarios de Bush. Pero esa mayoría está amenazada por el avance de la oposición que, según las encuestas, tiene buenas chances de dar vuelta la pisada y hacerse con el control del Congreso durante los últimos dos años de mandato del presidente. De todas formas, el último relevamiento señala que si bien los demócratas encabezan las preferencias, la diferencia con los republicanos se redujo. El estudio del diario “USA Today” y la encuestadora Gallup señalan que el 51% de los probables electores indica que votará por los demócratas, mientras que el 44% prevé hacerlo por los republicanos.
Los números necesarios
Hoy se elige -o se reelige en algunos casos- la totalidad de los miembros de la Cámara de Representantes (435 legisladores), así como 33 de los 100 senadores. También están en disputa 36 de las 50 gobernaciones. Actualmente, los republicanos tienen en su poder 230 de los 435 puestos en la Cámara, contra 201 de los demócratas; hay además un independiente que vota generalmente con estos. Tres bancas se hallan vacantes: dos por dimisión de republicanos y una por la de un demócrata. En el Senado, los republicanos tienen 55 de las 100 bancas, y 44 los demócratas. Así, estos necesitan ganar 15 bancas adicionales en la Cámara de Representantes y seis en el Senado para tomar el mando del Congreso. (AFP-NA)
DESPLANTE. El candidato republicano para gobernador del Estado de Florida, Charlie Crist, dejó plantado ayer al presidente George W. Bush en un acto en Pensacola, área que Crist consideraba ya asegurada. La actitud del candidato cayó muy mal en la Casa Blanca. Las malas lenguas dicen que Crist temía que la presencia del mandatario le quitara votos.
COMPLICACIONES. Con nuevas máquinas de votación y la aplicación de un reglamento, el procedimiento que se pondrá hoy en práctica podría retrasar la entrega de los resultados. Si la elección es estrecha podrían pasar días o semanas antes de conocer al ganador de una contienda en particular, dijo el vocero de la Comisión de Asistencia Electoral. Este órgano fue creado para vigilar la reforma de la ley electoral tras el escándalo de las elecciones de 2002, cuando se discutió durante más de un mes el escrutinio en Florida. Finalmente, la Corte Suprema de Justicia declaró esa vez ganador a Bush.
FINAL FRENETICO. La campaña alcanzó ayer un final frenético, con los demócratas reclamando un retiro gradual de las tropas estadounidenses en Irak, y el presidente, esforzádose por mantener en alza a los candidatos de su partido. Sin embargo, observadores consideraron que el mandatario, con menos del 40% de aprobación a su gestión, no podría cambiar el malhumor de los votantes como consecuencia de los resultados en Irak. Bush insistió ayer en que las tropas deben quedarse en el país árabe, pero por primera vez admitió que los estadounidenses no se remiten a Irak para medir su propio nivel de seguridad.
ENCUENTROS DE FONDO. Una de las peleas más apasionantes que se registrarán hoy se desarrollará en Virginia, donde el demócrata ex secretario de Marina, James Webb, se enfrentará con el senador republicano George Allen. Este último era favorito, hasta que utilizó públicamente un insulto racista. Otro choque de interés se producirá en Missouri entre la demócrata Claire McCaskill y el senador republicano Jim Talent. McCaskill es una ferviente impulsora de la investigación con células madre, tema sobre el cual se celebra también un referéndum en ese Estado. Mientras, en Maryland, el congresista demócrata Ben Cardin se enfrentará con el vicegobernador republicano Michael Steele. Este último, afroamericano, busca sobre todo atraer los votos de la comunidad negra, que suele ir tradicionalmente a los demócratas.
Desde 1994, cuando se rompió con 40 años de dominio demócrata en el Congreso, el Poder Legislativo está dominado por los partidarios de Bush. Pero esa mayoría está amenazada por el avance de la oposición que, según las encuestas, tiene buenas chances de dar vuelta la pisada y hacerse con el control del Congreso durante los últimos dos años de mandato del presidente. De todas formas, el último relevamiento señala que si bien los demócratas encabezan las preferencias, la diferencia con los republicanos se redujo. El estudio del diario “USA Today” y la encuestadora Gallup señalan que el 51% de los probables electores indica que votará por los demócratas, mientras que el 44% prevé hacerlo por los republicanos.
Los números necesarios
Hoy se elige -o se reelige en algunos casos- la totalidad de los miembros de la Cámara de Representantes (435 legisladores), así como 33 de los 100 senadores. También están en disputa 36 de las 50 gobernaciones. Actualmente, los republicanos tienen en su poder 230 de los 435 puestos en la Cámara, contra 201 de los demócratas; hay además un independiente que vota generalmente con estos. Tres bancas se hallan vacantes: dos por dimisión de republicanos y una por la de un demócrata. En el Senado, los republicanos tienen 55 de las 100 bancas, y 44 los demócratas. Así, estos necesitan ganar 15 bancas adicionales en la Cámara de Representantes y seis en el Senado para tomar el mando del Congreso. (AFP-NA)
APUNTES DE LA JORNADA
DESPLANTE. El candidato republicano para gobernador del Estado de Florida, Charlie Crist, dejó plantado ayer al presidente George W. Bush en un acto en Pensacola, área que Crist consideraba ya asegurada. La actitud del candidato cayó muy mal en la Casa Blanca. Las malas lenguas dicen que Crist temía que la presencia del mandatario le quitara votos.
COMPLICACIONES. Con nuevas máquinas de votación y la aplicación de un reglamento, el procedimiento que se pondrá hoy en práctica podría retrasar la entrega de los resultados. Si la elección es estrecha podrían pasar días o semanas antes de conocer al ganador de una contienda en particular, dijo el vocero de la Comisión de Asistencia Electoral. Este órgano fue creado para vigilar la reforma de la ley electoral tras el escándalo de las elecciones de 2002, cuando se discutió durante más de un mes el escrutinio en Florida. Finalmente, la Corte Suprema de Justicia declaró esa vez ganador a Bush.
FINAL FRENETICO. La campaña alcanzó ayer un final frenético, con los demócratas reclamando un retiro gradual de las tropas estadounidenses en Irak, y el presidente, esforzádose por mantener en alza a los candidatos de su partido. Sin embargo, observadores consideraron que el mandatario, con menos del 40% de aprobación a su gestión, no podría cambiar el malhumor de los votantes como consecuencia de los resultados en Irak. Bush insistió ayer en que las tropas deben quedarse en el país árabe, pero por primera vez admitió que los estadounidenses no se remiten a Irak para medir su propio nivel de seguridad.
ENCUENTROS DE FONDO. Una de las peleas más apasionantes que se registrarán hoy se desarrollará en Virginia, donde el demócrata ex secretario de Marina, James Webb, se enfrentará con el senador republicano George Allen. Este último era favorito, hasta que utilizó públicamente un insulto racista. Otro choque de interés se producirá en Missouri entre la demócrata Claire McCaskill y el senador republicano Jim Talent. McCaskill es una ferviente impulsora de la investigación con células madre, tema sobre el cual se celebra también un referéndum en ese Estado. Mientras, en Maryland, el congresista demócrata Ben Cardin se enfrentará con el vicegobernador republicano Michael Steele. Este último, afroamericano, busca sobre todo atraer los votos de la comunidad negra, que suele ir tradicionalmente a los demócratas.







