El tiempo hecho cuerpo (s)

Análisis por Jorge Figueroa, redacción LA GACETA

07 Noviembre 2006
El tiempo siempre ha constituido un problema para el hombre; no han sido pocos los intentos de precisarlo y dividirlo, para aprehenderlo y comprenderlo. En "Tiempo suspendido", la obra de teatro danza de Marcos Acevedo, hay tiempo soñado, esperado, desperdiciado, pasado, invertido, real, perdido, indefinido, suspendido y presente. Así se plantean las distintas escenas, pero, vale aclararlo, no se trata de reflexiones filosóficas sino de acciones desarrolladas con el cuerpo, al ritmo del hip hop, del bolero y de otras melodías, como las fusiones de King Putreak. En el entramado de la pieza hay distintos textos que funcionan para contar esta autobiografía sentimental, como la denominó el propio Acevedo. Cuerpos en movimientos que se aceleran y se lentifican; pasos que avanzan y que retroceden; cuerpos que dibujan figuras y que trazan movimientos distintos; unos huyen, otros regresan: el amor, el desamor y el deseo, se disputan cuerpo a cuerpo en todo el escenario. En ese sentido, puede sostenerse que la obra es clara: estos cuerpos expresan esas situaciones. Como un enlace de todos los sets, Claudio Luna comienza y termina la obra, en solos que tienen dispar nivel (el final, con el niño en brazos, conmueve, pero es efectista). Aceitadamente funciona, y con gran destreza, el dúo de Javier Bazán y Alejandro Elías, que arrancó aplausos al ritmo de "Puto", de la banda Molotov.

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