22 Septiembre 2002 Seguir en 
La economía informal puede entenderse de varias maneras: como un síntoma del deterioro de la economía formal, como una solución ante el fracaso de la economía formal o como una reacción de la sociedad ante la presión impositiva y las reglamentaciones del Estado.
En Tucumán parecen converger todas estas condiciones pero con agravantes. El avance de la economía informal es tal que ya entra en el campo de lo trucho y hasta roza la ilegalidad, poniendo en riesgo las vidas. Un ejemplo próximo -y terriblemente doloroso- es el accidente ocurrido en Catamarca en el que murieron 47 tucumanos que viajaban en un ómnibus trucho, sin seguro y sobrecargado de pasajeros.
El pan que se vende a bajo precio sin control sobre su elaboración pone en peligro la salud al igual que los pescados que se ofrecen en las ferias sin cadena de frío. En Tucumán no hay estadísticas respecto de la magnitud que ha alcanzado la economía informal, pero a nivel nacional, distintos estudios coinciden en que ronda el 40% de la actividad en algunos rubros y que cerca de mitad de la población se desenvuelve diariamente en forma directa o indirecta en el ámbito de la economía informal.
Peso y contrapeso
El consultor de empresas y especialista en temas impositivos, Víctor Bono, señaló que la economía informal, al escapar al sistema tributario, implica en la práctica una transferencia de dinero del sector que paga impuestos al que no los abona. "Como contrapartida, esa gente que vive de esos pequeños recursos que obtiene alivia al Estado del asistencialismo que puede hacer en subsidios y, como todo lo que gana lo vuelva al mercado de consumo, indirectamente, tributan algo", agregó Bono. Sin embargo, el especialista advirtió que si se permite que la economía informal avance -como está ocurriendo actualmente-, "se socava al Estado, destruye la economía formal y después es imposible volver atrás".
"Esto se puede encauzar -subrayó-, acentuando los controles sanitarios e impositivos, para que en parte se vaya blanqueando la actividad". "De lo contrario, el que tiene un negocio instalado, lo deja y pone un puesto en la feria", concluyó.
DE QUE CUIDARSE
AZUCAR
Se venden paquetes sin marca en las ferias, que se fraccionan en forma clandestina. Puede ser comprada al por mayor o robada. Algunos tienen menos cantidad de la que dicen tener.
PAN
Hay panaderías truchas que elaboran pan de baja calidad. Según denunció el presidente del Centro de Panaderos, Vicente Cuozzo, hay quienes usan harina robada y hay quienes emplean para la elaboración de pan el bromato, una sustancia que está prohibida.
DISCOS COMPACTOS
Se venden las ferias, en el Mercado Persia, en la ex Terminal, en los semáforos. Son CD que se regraban en forma casera y cuya calidad nadie controla.
ROPA
Ya no es negocio traer prendas de Bolivia. Ahora se venden terceras y cuarta marcas, o prendas falladas, o ropa usada que viene de Estados Unidos.
REMISES Y TAXIS
Los truchos se cuentan por miles en toda la provincia. El riesgo es que no tienen seguro.
ALIMENTOS
Abundan las marcas baratas que han surgido por la crisis. Se consiguen en los supermercados y almacenes.
GOLOSINAS
Las manzanas acarameladas, los juguitos y las masas dulces que se venden frente a las escuelas se elaboran sin control sobre el agua, el azúcar y demás productos que se emplean.
LO BARATO SALE CARO
El descontrol se ha instalado. En pleno centro de la ciudad, los vendedores ambulantes -no menos de 20 por cuadra- compiten en forma desleal con los puesteros del Mercado del Norte y demás negocios instalados que pagan empleados, impuestos, servicios, etc. "Yo le vendo un poco más caro pero le doy el peso justo", se defiende un verdulero de trayectoria, sugiriendo que los ambulantes tienen "arregladas" las balanzas. Nadie realiza el control de esos aparatos, lo que es una responsabilidad de la Dirección de Comercio Interior de la provincia -ahora fusionada con la de Transporte-.
Los consumidores, golpeados por la caída del poder adquisitivo de sus salarios después de la devaluación, no dudan en comprar lo que cuesta menos, olvidando aquel antiguo refrán que hoy recobra valor: "lo barato sale caro". Es más accesible un disco compacto regrabado a $ 6 que el original de $ 25, pero no sólo se pierde calidad sino que en los puestos donde se vende no hay posibilidad de verificar su calidad. Si después no suena, no hay ante quién quejarse.
"Muchos clientes vuelven a comprarme y me cuentan que han recargado sus cartuchos (para impresoras) con otro proveedor y que la tinta era trucha", comentó Alejandro Copley, uno de los primeros comerciantes en la provincia que se dedicó a esta actividad. "Desde la devaluación, que encareció el precio de los cartuchos, han proliferado los que ofrecen recargar, pero, aparentemente, "arreglan" la tinta, que pierde calidad", aseguró. Los consumidores terminan siendo víctimas de su necesidad de ahorrar. La presidenta de ALCO, Angela Sorrentino, destacó que la Dirección de Comercio Interior ya está saturada con las denuncias contra los negocios instalados, de manera que es casi imposible que se dedique a las denuncias en contra de los truchos. "Pero el consumidor tiene en sus manos su propia defensa, ya que basta con no comprar cosas truchas", indicó.
La mujer indicó que sin duda las autoridades deberían ejercer más controles. Sin embargo, admitió que no es una tarea fácil. "Cuando, por ejemplo, a los vendedores ambulantes, les decomisan las mercaderías, aparecen padrinos que los defienden y que dicen que es mejor que estén vendiendo así y no que anden robando. Pero, la dignidad no es solamente no delinquir; también pasa por cumplir las normas", advirtió.
BONOS
El avance de las cosas truchas no es producto exclusivo de los desocupados que ocuparon las calles para vender lo que sea. El propio Gobierno inundó la plaza tucumana de dinero trucho. Con una circulacion de casi 170 millones de pesos en Bocade, el título que hasta ahora servía para mantener la actividad económica de la provincia se convirtió en un castigo para empleados, comerciantes y consumidores. Con un desagio del 15%, los bonos acentuaron los efectos de la devaluación en Tucumán. El poder adquisitivo de los tucumanos es inferior al del resto de los argentinos.
ACTITUD
No solamente hay cosas truchas. También hay actitudes descomedidas que contribuyen al descontrol y, en consecuencia, a la mala calidad de vida de los tucumanos. El "atamo con alambre" tiene su correlato en el "¿cómo arreglamos, jefe?" de las coimas; en el cruzar con luz roja, estacionar en doble fila o en lugares prohibidos, en los locales vacíos y sucios que se ven en pleno centro, en el trabajo a desgano de los empleados públicos -que tan bien caricaturizó Antonio Gasalla-, en el ?peaje? de los piqueteros, en el plan social que no llega al necesitado. La actitud trucha también genera pobreza y frena el desarrollo de los pueblos.
En Tucumán parecen converger todas estas condiciones pero con agravantes. El avance de la economía informal es tal que ya entra en el campo de lo trucho y hasta roza la ilegalidad, poniendo en riesgo las vidas. Un ejemplo próximo -y terriblemente doloroso- es el accidente ocurrido en Catamarca en el que murieron 47 tucumanos que viajaban en un ómnibus trucho, sin seguro y sobrecargado de pasajeros.
El pan que se vende a bajo precio sin control sobre su elaboración pone en peligro la salud al igual que los pescados que se ofrecen en las ferias sin cadena de frío. En Tucumán no hay estadísticas respecto de la magnitud que ha alcanzado la economía informal, pero a nivel nacional, distintos estudios coinciden en que ronda el 40% de la actividad en algunos rubros y que cerca de mitad de la población se desenvuelve diariamente en forma directa o indirecta en el ámbito de la economía informal.
Peso y contrapeso
El consultor de empresas y especialista en temas impositivos, Víctor Bono, señaló que la economía informal, al escapar al sistema tributario, implica en la práctica una transferencia de dinero del sector que paga impuestos al que no los abona. "Como contrapartida, esa gente que vive de esos pequeños recursos que obtiene alivia al Estado del asistencialismo que puede hacer en subsidios y, como todo lo que gana lo vuelva al mercado de consumo, indirectamente, tributan algo", agregó Bono. Sin embargo, el especialista advirtió que si se permite que la economía informal avance -como está ocurriendo actualmente-, "se socava al Estado, destruye la economía formal y después es imposible volver atrás".
"Esto se puede encauzar -subrayó-, acentuando los controles sanitarios e impositivos, para que en parte se vaya blanqueando la actividad". "De lo contrario, el que tiene un negocio instalado, lo deja y pone un puesto en la feria", concluyó.
DE QUE CUIDARSE
AZUCAR
Se venden paquetes sin marca en las ferias, que se fraccionan en forma clandestina. Puede ser comprada al por mayor o robada. Algunos tienen menos cantidad de la que dicen tener.
PAN
Hay panaderías truchas que elaboran pan de baja calidad. Según denunció el presidente del Centro de Panaderos, Vicente Cuozzo, hay quienes usan harina robada y hay quienes emplean para la elaboración de pan el bromato, una sustancia que está prohibida.
DISCOS COMPACTOS
Se venden las ferias, en el Mercado Persia, en la ex Terminal, en los semáforos. Son CD que se regraban en forma casera y cuya calidad nadie controla.
ROPA
Ya no es negocio traer prendas de Bolivia. Ahora se venden terceras y cuarta marcas, o prendas falladas, o ropa usada que viene de Estados Unidos.
REMISES Y TAXIS
Los truchos se cuentan por miles en toda la provincia. El riesgo es que no tienen seguro.
ALIMENTOS
Abundan las marcas baratas que han surgido por la crisis. Se consiguen en los supermercados y almacenes.
GOLOSINAS
Las manzanas acarameladas, los juguitos y las masas dulces que se venden frente a las escuelas se elaboran sin control sobre el agua, el azúcar y demás productos que se emplean.
LO BARATO SALE CARO
El descontrol se ha instalado. En pleno centro de la ciudad, los vendedores ambulantes -no menos de 20 por cuadra- compiten en forma desleal con los puesteros del Mercado del Norte y demás negocios instalados que pagan empleados, impuestos, servicios, etc. "Yo le vendo un poco más caro pero le doy el peso justo", se defiende un verdulero de trayectoria, sugiriendo que los ambulantes tienen "arregladas" las balanzas. Nadie realiza el control de esos aparatos, lo que es una responsabilidad de la Dirección de Comercio Interior de la provincia -ahora fusionada con la de Transporte-.
Los consumidores, golpeados por la caída del poder adquisitivo de sus salarios después de la devaluación, no dudan en comprar lo que cuesta menos, olvidando aquel antiguo refrán que hoy recobra valor: "lo barato sale caro". Es más accesible un disco compacto regrabado a $ 6 que el original de $ 25, pero no sólo se pierde calidad sino que en los puestos donde se vende no hay posibilidad de verificar su calidad. Si después no suena, no hay ante quién quejarse.
"Muchos clientes vuelven a comprarme y me cuentan que han recargado sus cartuchos (para impresoras) con otro proveedor y que la tinta era trucha", comentó Alejandro Copley, uno de los primeros comerciantes en la provincia que se dedicó a esta actividad. "Desde la devaluación, que encareció el precio de los cartuchos, han proliferado los que ofrecen recargar, pero, aparentemente, "arreglan" la tinta, que pierde calidad", aseguró. Los consumidores terminan siendo víctimas de su necesidad de ahorrar. La presidenta de ALCO, Angela Sorrentino, destacó que la Dirección de Comercio Interior ya está saturada con las denuncias contra los negocios instalados, de manera que es casi imposible que se dedique a las denuncias en contra de los truchos. "Pero el consumidor tiene en sus manos su propia defensa, ya que basta con no comprar cosas truchas", indicó.
La mujer indicó que sin duda las autoridades deberían ejercer más controles. Sin embargo, admitió que no es una tarea fácil. "Cuando, por ejemplo, a los vendedores ambulantes, les decomisan las mercaderías, aparecen padrinos que los defienden y que dicen que es mejor que estén vendiendo así y no que anden robando. Pero, la dignidad no es solamente no delinquir; también pasa por cumplir las normas", advirtió.
BONOS
El avance de las cosas truchas no es producto exclusivo de los desocupados que ocuparon las calles para vender lo que sea. El propio Gobierno inundó la plaza tucumana de dinero trucho. Con una circulacion de casi 170 millones de pesos en Bocade, el título que hasta ahora servía para mantener la actividad económica de la provincia se convirtió en un castigo para empleados, comerciantes y consumidores. Con un desagio del 15%, los bonos acentuaron los efectos de la devaluación en Tucumán. El poder adquisitivo de los tucumanos es inferior al del resto de los argentinos.
ACTITUD
No solamente hay cosas truchas. También hay actitudes descomedidas que contribuyen al descontrol y, en consecuencia, a la mala calidad de vida de los tucumanos. El "atamo con alambre" tiene su correlato en el "¿cómo arreglamos, jefe?" de las coimas; en el cruzar con luz roja, estacionar en doble fila o en lugares prohibidos, en los locales vacíos y sucios que se ven en pleno centro, en el trabajo a desgano de los empleados públicos -que tan bien caricaturizó Antonio Gasalla-, en el ?peaje? de los piqueteros, en el plan social que no llega al necesitado. La actitud trucha también genera pobreza y frena el desarrollo de los pueblos.







