05 Noviembre 2006 Seguir en 
Gustavo Núñez es el actor de "Cañas de azero" y cuenta que en verdad "es un gran desafío enfrentar el escenario en completa soledad. Pero, en "Cañas de azero" estoy acompañado por los dispositivos escénicos que hacen de una especie de parteners". "En "Loco de la Vía" sí me ha tocado estar solo completamente, y además debía cantar".
Cuando se le preguntó sobre la construcción de los personajes, Núñez respondió que no hay secretos: "trabajo a partir de las acciones del personaje, el texto y mucho compromiso corporal y proyección; quizás esto sea un pequeño secreto". Y admite que al pánico escénico "uno lo experimenta quizás al comienzo del espectáculo, pero es una décima de segundo". "Hay diferentes momentos con el publico, que yo lo podría llamar de seducción y luego de aceptación, es un ida y vuelta; uno se siente como un orador. La ultima experiencia la vivimos en Monteros: hicimos una función al aire libre, en una plaza, donde los puntos de distracción son diversos, desde el ladrido de un perro, hasta el parroquiano que te contesta lo que vos vas actuando; por suerte, pudimos hacer que haga silencio hasta el perro. Y eso es lo fascinante de hacer los unipersonales, la magia del hecho teatral se multiplica", afirma Núñez.
Cuando se le preguntó sobre la construcción de los personajes, Núñez respondió que no hay secretos: "trabajo a partir de las acciones del personaje, el texto y mucho compromiso corporal y proyección; quizás esto sea un pequeño secreto". Y admite que al pánico escénico "uno lo experimenta quizás al comienzo del espectáculo, pero es una décima de segundo". "Hay diferentes momentos con el publico, que yo lo podría llamar de seducción y luego de aceptación, es un ida y vuelta; uno se siente como un orador. La ultima experiencia la vivimos en Monteros: hicimos una función al aire libre, en una plaza, donde los puntos de distracción son diversos, desde el ladrido de un perro, hasta el parroquiano que te contesta lo que vos vas actuando; por suerte, pudimos hacer que haga silencio hasta el perro. Y eso es lo fascinante de hacer los unipersonales, la magia del hecho teatral se multiplica", afirma Núñez.







