05 Noviembre 2006 Seguir en 
Los teatristas tienen diferentes miradas sobre los unipersonales, especialmente porque las experiencias que tuvieron son distintas unas de otras, incluso cuando ellos mismos están de un lado u otro del telón. El actor, director y dramaturgo Guillermo Montilla Santillán, por ejemplo, marca la existencia de diferencias importantes entre dos aspectos de la actuación, que tienen que ver con su particular mirada del tema.
“Existe una gran diferencia entre el trabajo en soledad y el unipersonal. En el primero, el actor, solo, construye de la mejor manera (del modo que puede) un espectáculo, asistido más que nada por la intuición y por la experiencia que tiene sobre las tablas. En el segundo caso existe un equipo, o al menos un director, que le aporta la otra mirada, la contención, el apoyo y las herramientas para que esa construcción llegue a buen puerto”, dijo.
Montilla Santillán considera que “es cierto que los unipersonales han utilizado -casi hasta el abuso- recursos que confabulan contra él. Uno de ellos es la fórmula clásica donde un actor despliega sus dotes histriónicas interpretando una amplia gama de personajes. Este recurso ha hecho a este tipo de espectáculos previsible, quitándole de esta forma la sorpresa a un público que sabe desde el comienzo qué es lo que va a ver”.
Pero en el análisis en frío de este tipo de representación, el gusto personal de cada uno es fundamental, según lo reconoce el mismo actor. “Pienso que la riqueza de un monólogo está en la evolución dramática que el personaje va adquiriendo a lo largo del espectáculo, los ardides utilizados por el dramaturgo desde el texto y por el intérprete en el trabajo actoral, para mantener la tensión de un espectador durante el tiempo que lleve contar una historia”, dijo. Según él, “ahí está el verdadero desafío.
“Existe una gran diferencia entre el trabajo en soledad y el unipersonal. En el primero, el actor, solo, construye de la mejor manera (del modo que puede) un espectáculo, asistido más que nada por la intuición y por la experiencia que tiene sobre las tablas. En el segundo caso existe un equipo, o al menos un director, que le aporta la otra mirada, la contención, el apoyo y las herramientas para que esa construcción llegue a buen puerto”, dijo.
Montilla Santillán considera que “es cierto que los unipersonales han utilizado -casi hasta el abuso- recursos que confabulan contra él. Uno de ellos es la fórmula clásica donde un actor despliega sus dotes histriónicas interpretando una amplia gama de personajes. Este recurso ha hecho a este tipo de espectáculos previsible, quitándole de esta forma la sorpresa a un público que sabe desde el comienzo qué es lo que va a ver”.
Pero en el análisis en frío de este tipo de representación, el gusto personal de cada uno es fundamental, según lo reconoce el mismo actor. “Pienso que la riqueza de un monólogo está en la evolución dramática que el personaje va adquiriendo a lo largo del espectáculo, los ardides utilizados por el dramaturgo desde el texto y por el intérprete en el trabajo actoral, para mantener la tensión de un espectador durante el tiempo que lleve contar una historia”, dijo. Según él, “ahí está el verdadero desafío.







