21 Septiembre 2002 Seguir en 
La mortandad de al menos 20 animales (entre vacas y caballos) en un campo de Burruyacu, causada por murciélagos que transmiten la rabia, alertó a los productores agropecuarios, a las autoridades y a los vecinos de la zona. Ocho personas (las que estuvieron en contacto directo con los bovinos enfermos) ya fueron vacunadas, y se espera que pronto lleguen las vacunas para inmunizar al ganado.
Los animales fueron encontrados muertos en las zonas conocidas como El Nogalito y Las Lajitas (cerca de Río Nío). El propietario alertó a las autoridades y envió muestras de dos vacas para que sean analizadas en el Instituto Antirrábico, de San Miguel de Tucumán. Allí se determinó que se trata de un tipo de rabia silvestre, denominada paresiante (paresia: parálisis que consiste en la debilidad de las contracciones musculares), transmitida por murciélagos hematófagos, los mismos que la tradición popular ha designado "vampiros".
"Existen dos tipos de rabia. Una es la urbana (la del perro), y la otra es la silvestre. En este último caso, el reservorio es el murciélago hematófago llamado Desmodus Rotundus, que pica al ganado y luego lame la sangre. La enfermedad se contagia a través de la saliva", explicó Luis de Chazal, veterinario que trabaja en el área de Medicina Social, del Siprosa.
Según De Chazal, la rabia silvestre está extendida desde México hasta Argentina y los brotes de la enfermedad suceden episódicamente. "Se trata de una enfermedad no erradicada. Cuando aparecen estos brotes, se vacuna al ganado, y se intenta individualizar la colonia donde están los murciélagos infectados, para matar sólo a los que están enfermos", afirmó.
El veterinario indicó que no se puede exterminar indiscriminadamente a todos los murciélagos, porque estos cumplen con una función ecológica. "Estos animales conviven con otros murciélagos insectívoros, que ayudan a controlar naturalmente la proliferación de plagas nocivas para las cosechas, señaló.
De Chazal indicó que la rabia silvestre es, ante todo, un problema de tinte económico, porque ataca a la producción animal. "Es muy raro que se produzca el contagio a humanos", aseveró. "De todos modos, la precaución elemental es no acercarse ni intentar atrapar a un murciélago (no atacan a las personas), ni tampoco tocar la boca o las vísceras de los animales muertos", dijo.
Los síntomas de la enfermedad, que produce una encefalitis a los animales, son la pérdida de la estabilidad (por parálisis en los cuartos traseros) y alteraciones en la conducta, aunque no hay agresividad, como en la rabia canina. De Chazal aseguró que la rabia silvestre no se contagia a través de la leche vacuna.
Los animales fueron encontrados muertos en las zonas conocidas como El Nogalito y Las Lajitas (cerca de Río Nío). El propietario alertó a las autoridades y envió muestras de dos vacas para que sean analizadas en el Instituto Antirrábico, de San Miguel de Tucumán. Allí se determinó que se trata de un tipo de rabia silvestre, denominada paresiante (paresia: parálisis que consiste en la debilidad de las contracciones musculares), transmitida por murciélagos hematófagos, los mismos que la tradición popular ha designado "vampiros".
"Existen dos tipos de rabia. Una es la urbana (la del perro), y la otra es la silvestre. En este último caso, el reservorio es el murciélago hematófago llamado Desmodus Rotundus, que pica al ganado y luego lame la sangre. La enfermedad se contagia a través de la saliva", explicó Luis de Chazal, veterinario que trabaja en el área de Medicina Social, del Siprosa.
Según De Chazal, la rabia silvestre está extendida desde México hasta Argentina y los brotes de la enfermedad suceden episódicamente. "Se trata de una enfermedad no erradicada. Cuando aparecen estos brotes, se vacuna al ganado, y se intenta individualizar la colonia donde están los murciélagos infectados, para matar sólo a los que están enfermos", afirmó.
El veterinario indicó que no se puede exterminar indiscriminadamente a todos los murciélagos, porque estos cumplen con una función ecológica. "Estos animales conviven con otros murciélagos insectívoros, que ayudan a controlar naturalmente la proliferación de plagas nocivas para las cosechas, señaló.
De Chazal indicó que la rabia silvestre es, ante todo, un problema de tinte económico, porque ataca a la producción animal. "Es muy raro que se produzca el contagio a humanos", aseveró. "De todos modos, la precaución elemental es no acercarse ni intentar atrapar a un murciélago (no atacan a las personas), ni tampoco tocar la boca o las vísceras de los animales muertos", dijo.
Los síntomas de la enfermedad, que produce una encefalitis a los animales, son la pérdida de la estabilidad (por parálisis en los cuartos traseros) y alteraciones en la conducta, aunque no hay agresividad, como en la rabia canina. De Chazal aseguró que la rabia silvestre no se contagia a través de la leche vacuna.







