20 Septiembre 2002 Seguir en 
Como informamos, el Ministerio de Educación limitó a dos jornadas y sin suspensión de clases los festejos por el Día del Estudiante, en lugar de destinarles toda la semana, como era costumbre. Es de imaginar que la medida levantó resistencias por parte de los jóvenes, y que generó las imaginables presiones sobre el personal directivo y docente de cada establecimiento. La medida del Ministerio es sensata y realista, por obvias razones. Luego de tantos días de clase perdidos a causa del paro, se trata de aprovechar los pocos que quedan hasta la finalización del período lectivo. Hemos informado, además, que de acuerdo con testimonios docentes, el regreso a clases luego de la forzada vacación fue negativo en cuanto al rendimiento, ya que la gran mayoría de los educandos ni siquiera había repasado lo que se les había enseñado en el primer trimestre.
Sería deseable una profunda reflexión por parte de los estudiantes. No necesita demostrarse la escasez de los conocimientos que han adquirido en este período, y la necesidad de recortar fiestas para recuperar, siquiera en parte, el aprendizaje que no recibieron.
Sería deseable una profunda reflexión por parte de los estudiantes. No necesita demostrarse la escasez de los conocimientos que han adquirido en este período, y la necesidad de recortar fiestas para recuperar, siquiera en parte, el aprendizaje que no recibieron.





