Ni el ministro de Economía, ni el presidente del Banco Central consideran que deben atenderse con las reservas los severos compromisos de la deuda con organismos internacionales, como acaba de sugerir la subdirectoria del Fondo Monetario, Anne Krueger, portavoz del peor anuncio que hasta el momento recibió el gobierno sobre las negociaciones de ayuda. Pero la consecuencia inmediata de que no haya un acuerdo pleno hasta que llegue el futuro gobierno y lo negocie, es que el actual no estará en condiciones de encarar la reestructuración de la deuda con el sector externo. Así, al menos, lo habría señalado el secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, a su regreso de Estados Unidos. Hasta ese mensaje desabrido de Krueger -donde justificó la ayuda a Brasil en tiempo electoral para explicar el aplazamiento de la Argentina- los economistas oficiales prometieron reiteradamente la etapa de renegociación de la deuda inmediatamente despues del acuerdo con el FMI. A juicio de la funcionaria nuestros vecinos, tanto el gobierno como los aspirantes a sucederlo en las próximas semanas, serían un modelo de seguridad y conducta en la crisis y merecen la cuantiosa ayuda aprobada por los pontífices del crédito internacional.
En soledad
Con tan oscuro panorama es lógico que entre las especulaciones abundantes que a cada rato se lanzan desde los propios despachos oficiales, se haya incluido la idea de promover un acuerdo con los precandidatos presidenciales para acordar compromisos básicos sobre lo que debe hacerse al dia siguiente del comicio. La ambición del ministro Roberto Lavagna ha sido hasta esas declaraciones de Krueger cerrar la reestructuración de la deuda deshonrada por el default, pero ningun candidato se ha mostrado dispuesto hasta ahora a colaborar en alguna medida, aun teniendo en cuenta que el compromiso a que pudiera llegarse sería para el mediano y largo plazo. Durante sus recientes reuniones en Londres con representantes de acreedores externos, el secretario Nielsen halló un clima optimista para aguardar las negociaciones y evitar las acciones judiciales, pero ahora esa posición contemporizadora ha sido puesta en peligro. Más aun porque la prioridad en el endeudamiento es con los organismos internacionales.
El virtual alzamiento administrativo de sesenta embajadores y ministros del servicio diplomático profesional, mediante recursos judiciales de amparo colectivos e individuales contra decisiones del canciller Carlos Ruckauf que desconocieron buena parte de las propuestas para ascensos de la Junta de Calificaciones, es el conflicto interno mayor que registra la historia de la Cancillería. La magnitud del problema puede advertirse en el hecho de que el personal superior afectado, por estilo y tradición, respeta habitualmente principios de discreción, contrariados en esta oportunidad, no sólo por la publicidad de esos recursos, sino hasta por cartas difundidas por embajadores actualmente en el exterior. El problema ha recalado en la Comisión de Acuerdos del Senado, pero el presidente Duhalde, en ausencia del canciller, ha pedido detalles del asunto, preocupado -se nos dijo en su entorno- por la posibilidad de un escándalo en tan significativa área del gobierno.





