19 Octubre 2006 Seguir en 
En su opera prima, “Whisky, Romeo, Zulu”, Enrique Piñeyro ficcionalizaba un hecho real. En este segundo largometraje el director eligió documentar el estado de precariedad que vive la aviación civil argentina, controlada y supervisada en su totalidad por la Fuerza Aérea.
Valiéndose del recurso de la cámara oculta, Piñeyro se introduce en las torres de control y obtiene declaraciones alarmantes de los protagonistas de los controles de vuelo sobre el estado deplorable de esas cabinas: radares que no funcionan, censores que no existen y operadores que no saben hablar un inglés elemental para comunicarse con los pilotos de líneas extranjeras.
Por su parte, el director explica a cámara las condiciones y el estado de las pistas de aterrizaje, los aviones y sus pilotos: las deficiencias del avión de LAPA habían sido detectadas y documentadas varias veces durante el año previo al accidente, los pilotos no toman los descansos imprescindibles. Todo habla del estado deplorable, peligrosísimo, de la aviación comercial.
Valiéndose del recurso de la cámara oculta, Piñeyro se introduce en las torres de control y obtiene declaraciones alarmantes de los protagonistas de los controles de vuelo sobre el estado deplorable de esas cabinas: radares que no funcionan, censores que no existen y operadores que no saben hablar un inglés elemental para comunicarse con los pilotos de líneas extranjeras.
Por su parte, el director explica a cámara las condiciones y el estado de las pistas de aterrizaje, los aviones y sus pilotos: las deficiencias del avión de LAPA habían sido detectadas y documentadas varias veces durante el año previo al accidente, los pilotos no toman los descansos imprescindibles. Todo habla del estado deplorable, peligrosísimo, de la aviación comercial.







