17 Octubre 2006 Seguir en 
SALTA (Enviado especial Jorge Figueroa).- En la penúltima jornada del Festival Internacional de Teatro hubo obras para que los espectadores vivieran experiencias dispares. Los italianos de la compañía Assemblea Teatro no convencieron con su obra "Nacido para volar" y mucha gente se fue de la sala. Pero el rosarino Rubén Orsini literalmente conmovió con sus marionetas en "Esto no es vida", y los porteños de "No me dejes así" estuvieron entre los más aplaudidos y celebrados por su propuesta.
En la fresca tardecita salteña, Assemblea Teatro presentó un trabajo para el público infantil. A la manera de los cuentacuentos, los actores narraron el viaje de Dino a través del océano, apoyados en imágenes, música y palabras. La historia se reprodujo en una pantalla en la que se proyectaban dibujos de la travesía del personaje. Pero decididamente hubo un ritmo en la puesta que no acompañó. A esto se sumó el hecho de que más de la mitad del texto está desarrollado en idioma italiano, por lo que a los 15 minutos de iniciada, la obra se tornó aburrida y tediosa. Los pequeños, que nunca perdonan este tipo de digresiones, se dispersaron y empezaron a hablar. Los más valientes directamente se fueron de la sala con sus padres.
A unos cuantos kilómetros de la ciudad, en la carpa del Delmi, muy distinta fue la situación. El actor rosarino Rubén Orsini demostró cuán vigente está el arte de los títeres y de qué manera se pueden contar atractivas historias cotidianas con las marionetas y los muñecos.
Dotado de una técnica impecable y de una destreza que fue muy elogiada, Orsini no sólo manipuló los objetos sino que interactuó con ellos. En siete pequeñas escenas, sus criaturas se movieron a la par del actor, acompañando sus gestos y provocando imágenes que conmovieron a los centenares de espectadores.
En la fresca tardecita salteña, Assemblea Teatro presentó un trabajo para el público infantil. A la manera de los cuentacuentos, los actores narraron el viaje de Dino a través del océano, apoyados en imágenes, música y palabras. La historia se reprodujo en una pantalla en la que se proyectaban dibujos de la travesía del personaje. Pero decididamente hubo un ritmo en la puesta que no acompañó. A esto se sumó el hecho de que más de la mitad del texto está desarrollado en idioma italiano, por lo que a los 15 minutos de iniciada, la obra se tornó aburrida y tediosa. Los pequeños, que nunca perdonan este tipo de digresiones, se dispersaron y empezaron a hablar. Los más valientes directamente se fueron de la sala con sus padres.
A unos cuantos kilómetros de la ciudad, en la carpa del Delmi, muy distinta fue la situación. El actor rosarino Rubén Orsini demostró cuán vigente está el arte de los títeres y de qué manera se pueden contar atractivas historias cotidianas con las marionetas y los muñecos.
Dotado de una técnica impecable y de una destreza que fue muy elogiada, Orsini no sólo manipuló los objetos sino que interactuó con ellos. En siete pequeñas escenas, sus criaturas se movieron a la par del actor, acompañando sus gestos y provocando imágenes que conmovieron a los centenares de espectadores.







