Los tucumanos plantearon una densa obra de teatro-danza, en la que el público quedó un tanto desconcertado; el actor rosarino, por su lado, desarrolló un verdadero show, en el que logró una respuesta maravillosa de los espectadores.
Salvador Trapani, showman, animador, actor, luthier, músico...
impresiona cuando, con dos conchas de mar y dos sorbetes, imita el sonido del saxo; o cuando despliega sus instrumentos excéntricos, como una serie de campanas de grifería con las cuales interpreta "Memories", de Cats; o cuando con un serrucho arranca los sonidos de una obra de Piazzolla...
Como si fuera un mago, en el pequeño escenario, va extrayendo poco a poco, de un estuche, sus curiosos instrumentos (con su charanguí, un charango de lata de yerba, se dio el lujo de tocar un vals venezolano).
El habilidoso luthier logró la participación entusiasta y divertida de la gente, que lo acompañó toda la noche con intervenciones en la narración de sus historias.
No fueron pocos los que se preguntaron sobre la inclusión de este espectáculo en la programación del festival (por sus características, muy distinto del resto), pero lo cierto es que marcó un hito en el grado de adhesión del público.
En cuanto a La Rendija, que representó la obra "Como la que se extravió", vivió una noche contradictoria. La puesta que dirige Marcela González Cortés e interpretan Iván Balsa, Alejandro Elías, Ana Andole y Walter Ferreyra, hizo gala de una alta performance (casi impecable el trabajo de los actores bailarines, que llenaron de energía la sala). Pero pareció no ser comprendida por los espectadores, quienes saludaron el final con tibios y escasos aplausos.
Masiva convocatoria de las obras
SALTA.- Cuando esta noche se cierre el Festival Internacional de Teatro en esta ciudad, los funcionarios y los organizadores podrán mantener seguramente la sonrisa en los labios, por la masiva convocatoria de las presentaciones.
Hasta ayer, habían circulado más de 4.500 espectadores por las distintas salas, un público que evidentemente trasciende el propio de la actividad: niños, jóvenes y adultos colman las salas; no pasa inadvertida una bullanguera delegación de la Facultad de Artes de Tucumán, que vino en dos colectivos, y que anima todas las noches el llamado pub teatral, donde proliferan las performances y el baile.Y no es poco si se tiene en cuenta que se trata de una apuesta que no persigue un rédito económico, sino instalar el teatro en la región y conquistar nuevos espectadores. Un detalle no menor es que, salvo excepciones, la gente ríe y se emociona ante las obras, y en algunas de ellas tiene una gran participación activa.
En Salta, el costo del encuentro rondó los $ 200.000 (la mitad fue inversión de la provincia, y el resto, del Instituto Nacional del Teatro); como en otras oportunidades, la organización estuvo a la altura del desafío y no hubo problemas de organización, ni de infraestructura. Pero esa cifra se eleva mucho más si se recuerda que, casi simultáneamente, se realizan otros festivales similares en Córdoba, en Corrientes, en Mendoza, en Rosario, en Río Gallegos y en Ushuaia. (Especial)







