Ojalá que llueva gasoil

Por Marcelo Batiz (columnista agencia DYN). Las razones de la crisis del combustible radican en la avidez del Estado

15 Octubre 2006
BUENOS AIRES.- Por enésima vez, el Gobierno nacional incurre en el error de no asumir las consecuencias de sus actos: la decisión de reinstalar la ley de Abastecimiento para intentar remediar un problema que él mismo generó.
Un principio tan viejo como la economía misma indica que si el Estado fija el precio de un bien o un servicio no puede hacer lo mismo con la cantidad, o viceversa. Es la razón del fracaso de todos los intentos de lograr provisiones por decreto que hubo en la Argentina.
En el cortísimo plazo los aprendices de brujo podrán sentir la íntima satisfacción de "controlar" esa relación básica y de mostrarse como los "vivos" que consiguieron doblegar a la realidad. Pero el correr del tiempo siempre pone las cosas en su lugar y los supuestos burladores terminan siendo los burlados.
Con los combustibles en particular y los servicios públicos en general, desde hace cinco años se desarrolla una política que parte del desconocimiento del principio mencionado, con el agravante de una devaluación que redujo los precios a los valores reales más bajos de los últimos quince años.
El resultado estaba descontado desde un principio y hasta en las propias filas del Gobierno estaban alerta sobre las inevitables consecuencias. El vicepresidente Daniel Scioli lo advirtió a los pocos meses de asumir y se ganó la enemistad del Gobierno, incluyendo al propio presidente Néstor Kirchner.
Poco después, el entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, fracasó en el intento de decretar subas en los servicios públicos. Más allá de las antipatías que se granjeó en su momento, hoy, tres años después, puede valerse de su decisión como uno de los ejes de campaña electoral. Una forma de enrostrarle al gobierno su incapacidad.
La política de precios de los gobiernos de Eduardo Duhalde y de Kirchner no responde simplemente al convencimiento de un grupo de funcionarios de su supuesta omnipotencia para controlar infinitas operaciones económicas. Por el contrario, esta política de fijación de precios es la necesaria contracara de la base de los modelos económicos aplicados por años en la Argentina: los bajos salarios y la precarización laboral.
Lejos están los tiempos en los que el nivel de ingresos de los argentinos superaba holgadamente a los del resto de América Latina. La que sí persiste es la eterna receta para intentar solucionar ese problema. Como el lecho de Procusto de la mitología griega, los gobiernos argentinos no aplican una política salarial a la medida de los precios de la economía sino que adaptan éstos a los paupérrimos niveles del ingreso promedio de la población.
En otras palabras, si los salarios no alcanzan para el gasoil, la nafta, la carne o la luz, la telefonía y el gas, en vez de subir los sueldos a niveles razonables, se intenta mantener los precios a la altura de los ingresos de los trabajadores. Por desconocer que quien fija el precio no puede fijar la cantidad, el resultado es pan para hoy y hambre para mañana: la falta de alicientes a la inversión deriva en un estancamiento o baja de la producción. O directamente, en el cambio de ramo.
En ese sentido, el sector agropecuario es una muestra aleccionadora: por no saber encontrar un sustituto de la carne vacuna en la dieta de la población y aplastar su precio a los bajos niveles salariales, en las últimas tres décadas la producción ganadera no creció, pero la agrícola casi se cuadruplicó. Aunque con los administradores de la cosa pública, a veces las mejores lecciones pasan desapercibidas: si bien la resolución de la Secretaría de Comercio Interior alude exclusivamente a refinadoras y expendedoras de gasoil, la ley 20.680 abarca a casi todos los sectores de la economía y su aplicación podría extenderse más allá del área de los combustibles.
La posibilidad no es para nada remota si se tiene en cuenta el valor del trigo en los mercados internacionales, los más altos del último decenio. No será extraño que en las próximas semanas la mira puesta hoy en petroleros, refinadores y expendedores se centre en cerealeros, molineros y panaderos.
Por el momento, habrá que ilusionarse con el presagio de Moreno y esperar que llueva gasoil en el campo. Ya vendrán los tiempos en que a muchos le subirá la bilirrubina. (DyN)

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