18 Septiembre 2002 Seguir en 
Una familia fue asaltada por dos delincuentes que esperaron a que llegara uno de sus miembros para abordarlo cuando iba a cerrar el portón, luego de haber guardado el auto. Se llevaron más de $ 2.500 y ropa.
Ayer a las 4, Christian Mangini, de 24 años, llegó a su casa de Félix de Olazábal al 200 en su auto, y tras guardarlo fue encañonado por dos hombres encapuchados. Sorprendido, se movió para atrás y se cayó, golpeándose un poco. "Entró gritando ?abuela, abuela?, y yo pensé que le había pasado algo a ella", comentó Graciela Rodríguez, la madre de Mangini. En la casa dormían Rodríguez, su esposo Genaro Mangini, sus hijos Adrián y Alejandro, y la abuela de estos, María Isabel Jara.
Sin violencia
"No nos golpearon, estaban bastante tranquilos y mi marido les dijo que les iba a dar todo; y se los dio", agregó la mujer.
Christian había cobrado el lunes su sueldo y su padre y su madre tenían algo de dinero en la casa, lo que hizo que el botín sea suculento para los asaltantes. Los ladrones encerraron a todos, menos a Alejandro, en una habitación, donde maniataron a los hombres. A Alejandro, que lo llevaron a otro cuarto, lo amordazaron.
"No sabemos qué edad tenían y no tenemos ningún indicio para identificarlos, porque estaban encapuchados y apenas entraron nos dijeron que nos tiremos boca abajo", explicó la víctima.
Con el tiempo a favor
Durante cerca de 45 minutos los dos encapuchados revisaron los roperos y eligieron la mejor ropa, las zapatillas y los zapatos. "No tenían con qué salir a trabajar", agregó Rodríguez. Los maleantes, finalmente, se fueron sin hacer ruido, aparentemente en un auto que estaba estacionado en la esquina.
Según se supo, la semana pasada se produjeron dos asaltos con las mismas características, pero no habrían sido denunciados por temor a las posibles represalias de los delincuentes. Por el modus operandi, la Policía sospecha que se trata de los mismos asaltantes.
Ayer a las 4, Christian Mangini, de 24 años, llegó a su casa de Félix de Olazábal al 200 en su auto, y tras guardarlo fue encañonado por dos hombres encapuchados. Sorprendido, se movió para atrás y se cayó, golpeándose un poco. "Entró gritando ?abuela, abuela?, y yo pensé que le había pasado algo a ella", comentó Graciela Rodríguez, la madre de Mangini. En la casa dormían Rodríguez, su esposo Genaro Mangini, sus hijos Adrián y Alejandro, y la abuela de estos, María Isabel Jara.
Sin violencia
"No nos golpearon, estaban bastante tranquilos y mi marido les dijo que les iba a dar todo; y se los dio", agregó la mujer.
Christian había cobrado el lunes su sueldo y su padre y su madre tenían algo de dinero en la casa, lo que hizo que el botín sea suculento para los asaltantes. Los ladrones encerraron a todos, menos a Alejandro, en una habitación, donde maniataron a los hombres. A Alejandro, que lo llevaron a otro cuarto, lo amordazaron.
"No sabemos qué edad tenían y no tenemos ningún indicio para identificarlos, porque estaban encapuchados y apenas entraron nos dijeron que nos tiremos boca abajo", explicó la víctima.
Con el tiempo a favor
Durante cerca de 45 minutos los dos encapuchados revisaron los roperos y eligieron la mejor ropa, las zapatillas y los zapatos. "No tenían con qué salir a trabajar", agregó Rodríguez. Los maleantes, finalmente, se fueron sin hacer ruido, aparentemente en un auto que estaba estacionado en la esquina.
Según se supo, la semana pasada se produjeron dos asaltos con las mismas características, pero no habrían sido denunciados por temor a las posibles represalias de los delincuentes. Por el modus operandi, la Policía sospecha que se trata de los mismos asaltantes.







