10 Octubre 2006 Seguir en 
Tuve la oportunidad de conocer a Edmund Phelps el año pasado en el 14to Congreso Mundial de Economía realizado en Marrakech, Reino de Marruecos.
En una de las sesiones plenarias, titulada “Entendiendo los grandes cambios en el Mundo”, Phelps habló sobre las bondades del mercado y sugería a los europeos probar un sistema menos regulado, al estilo del vigente en los Estados Unidos. Sus colegas europeos mostraron su disconformismo cuando llegó el turno de las preguntas, las que fueron contestadas por Phelps con energía y convicción.
Seguramente la misma convicción y energía que lo llevaron a destacarse a principios de los años 60 cuando participó en el debate sobre crecimiento económico que había tenido en Robert Solow (Premio Nobel 1987) a uno de sus principales animadores. En su trabajo “The Golden Rule of Accumulation” (La regla de oro de la acumulación) y en otros posteriores, estudió los efectos de la distribución intertemporal de los ahorros de la sociedad entre capital tangible, inversión en educación e inversión en tecnología.
El gran debate
Probablemente, tampoco le faltaron energía y entusiasmo cuando al comenzar la década del 70 tomó parte de otro gran debate sobre la denominada Curva de Phillips y junto a Milton Friedman (Premio Nobel, versión 1976) desafiaron la difundida creencia de que se podía lograr disminuciones en la tasa de desempleo apelando a la inflación.
Una lección que la Argentina de la década de los 80 aprendió de la peor manera y que nuestro país del siglo XXI debería tener presente para no cometer los errores del pasado.
Con energía y convicción, Phelps también contribuyó a la macroeconomía con modelos reputados como neokeynesianos que mostraban cómo se comportaban precios y salarios, ante shocks macroeconómicos.
Phelps concluía que precios y salarios no se ajustaban inmediatamente debido a rigideces contractuales o institucionales propias del mercado laboral.
En estas contribuciones también intervino de manera activa el economista argentino Guillermo Calvo.
Phelps es de esos economistas que tomó parte de debates académicos cruciales para el desarrollo de la ciencia en los 60, 70 y 80, aportando de manera significativa, aún cuando no fue el más famoso de los involucrados en esas discusiones y es por eso, que tal vez, su nombre en la lista de los laureados con el Premio Nobel sorprenda en algunos círculos. (Especial para LA GACETA).
En una de las sesiones plenarias, titulada “Entendiendo los grandes cambios en el Mundo”, Phelps habló sobre las bondades del mercado y sugería a los europeos probar un sistema menos regulado, al estilo del vigente en los Estados Unidos. Sus colegas europeos mostraron su disconformismo cuando llegó el turno de las preguntas, las que fueron contestadas por Phelps con energía y convicción.
Seguramente la misma convicción y energía que lo llevaron a destacarse a principios de los años 60 cuando participó en el debate sobre crecimiento económico que había tenido en Robert Solow (Premio Nobel 1987) a uno de sus principales animadores. En su trabajo “The Golden Rule of Accumulation” (La regla de oro de la acumulación) y en otros posteriores, estudió los efectos de la distribución intertemporal de los ahorros de la sociedad entre capital tangible, inversión en educación e inversión en tecnología.
El gran debate
Probablemente, tampoco le faltaron energía y entusiasmo cuando al comenzar la década del 70 tomó parte de otro gran debate sobre la denominada Curva de Phillips y junto a Milton Friedman (Premio Nobel, versión 1976) desafiaron la difundida creencia de que se podía lograr disminuciones en la tasa de desempleo apelando a la inflación.
Una lección que la Argentina de la década de los 80 aprendió de la peor manera y que nuestro país del siglo XXI debería tener presente para no cometer los errores del pasado.
Con energía y convicción, Phelps también contribuyó a la macroeconomía con modelos reputados como neokeynesianos que mostraban cómo se comportaban precios y salarios, ante shocks macroeconómicos.
Phelps concluía que precios y salarios no se ajustaban inmediatamente debido a rigideces contractuales o institucionales propias del mercado laboral.
En estas contribuciones también intervino de manera activa el economista argentino Guillermo Calvo.
Phelps es de esos economistas que tomó parte de debates académicos cruciales para el desarrollo de la ciencia en los 60, 70 y 80, aportando de manera significativa, aún cuando no fue el más famoso de los involucrados en esas discusiones y es por eso, que tal vez, su nombre en la lista de los laureados con el Premio Nobel sorprenda en algunos círculos. (Especial para LA GACETA).







