05 Octubre 2006 Seguir en 
Brasilia.- El presidente de Brasil, Luiz Inacio “Lula” da Silva, recibió ayer el apoyo de ocho de los 17 gobernadores elegidos el domingo pasado a su campaña a la reelección, y les aseguró que confía triunfar en la segunda vuelta, en la disputa contra el socialdemócrata Geraldo Alckmin. “Vamos a ganar porque el pueblo tiene que elegir al mejor candidato. El pueblo va a elegir en base a lo que logra ver y a las cosas que conquistó”, prometió el presidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT).
En su discurso, Lula afirmó que basará su campaña en una comparación “mortal” entre su gestión y la de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, correligionario de Alckmin en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). “Vamos a debatir sobre el tema de la ética, de la corrupción”, dijo Lula, que aseguró que la comparación entre sus logros con las realizaciones de Cardoso -1995 y 2002- son mortales para el PSDB.
La pelea por Río
Mientras, la presión que ejercen tanto el PT como el PSDB para lograr el apoyo del centrista Patido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB) provocó una división en Río de Janeiro, el tercer distrito electoral del país. La actual gobernadora de Río, Rosinha Mateus, y su antecesor y esposo, Anthony Garotinho, declararon el apoyo a Alckmin, mientras que el candidato a la gobernación apoyado por ambos, Sergio Cabral, prometió respaldo a Lula. Garotinho es un polémico caudillo envuelto en decenas de casos de corrupción. Lula irá hoy a Río, para hablar con el alcalde, César Maia, del Partido del Frente Liberal (PFL), y con la candidata al segundo turno en la gobernación, Denise Fossard, del ex Popular Socialista (PPS). (Reuter-AFP-NA-DPA)
NUEVA YORK.- La primera ronda electoral generó un Congreso fuertemente dividido, que podría reducir las perspectivas para las reformas económicas, independientemente de quién gane la carrera presidencial, consideró un experto de la agencia calificadora Fitch.
Los activos brasileños subieron el lunes ante la esperanza de que Brasil contaría con una agenda de reformas más agresiva si Alckmin vence a Lula en la segunda vuelta. Pero Fitch sostiene que el próximo presidente -Alckmin o Lula- tendrá grandes dificultades para formar una coalición para las reformas. “Las posibles presiones para aflojar las políticas macroeconómicas podrían desacelerar la mejora de la solvencia soberana de Brasil”, dijo Roger Scher, jefe de calificaciones soberanas de Latinoamérica en Fitch.
La agencia subió en junio la calificación del crédito de Brasil a “BB” desde “BB-”, con un panorama estable. De todas formas, esa decisión no estuvo basada solamente en la mejora de las finanzas externas, sino también en la suposición de que la política macroeconómica del país continuará durante la próxima administración. “Cualquier mayor relajamiento del compromiso en relación con las políticas macroeconómicas en los próximos años resultaría en un deterioro en el valor del crédito soberano”, dijo Scher en un comunicado. (Reuter)
En su discurso, Lula afirmó que basará su campaña en una comparación “mortal” entre su gestión y la de su antecesor, Fernando Henrique Cardoso, correligionario de Alckmin en el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). “Vamos a debatir sobre el tema de la ética, de la corrupción”, dijo Lula, que aseguró que la comparación entre sus logros con las realizaciones de Cardoso -1995 y 2002- son mortales para el PSDB.
La pelea por Río
Mientras, la presión que ejercen tanto el PT como el PSDB para lograr el apoyo del centrista Patido del Movimiento Democrático de Brasil (PMDB) provocó una división en Río de Janeiro, el tercer distrito electoral del país. La actual gobernadora de Río, Rosinha Mateus, y su antecesor y esposo, Anthony Garotinho, declararon el apoyo a Alckmin, mientras que el candidato a la gobernación apoyado por ambos, Sergio Cabral, prometió respaldo a Lula. Garotinho es un polémico caudillo envuelto en decenas de casos de corrupción. Lula irá hoy a Río, para hablar con el alcalde, César Maia, del Partido del Frente Liberal (PFL), y con la candidata al segundo turno en la gobernación, Denise Fossard, del ex Popular Socialista (PPS). (Reuter-AFP-NA-DPA)
El próximo gobierno deberá formar coalición
NUEVA YORK.- La primera ronda electoral generó un Congreso fuertemente dividido, que podría reducir las perspectivas para las reformas económicas, independientemente de quién gane la carrera presidencial, consideró un experto de la agencia calificadora Fitch.
Los activos brasileños subieron el lunes ante la esperanza de que Brasil contaría con una agenda de reformas más agresiva si Alckmin vence a Lula en la segunda vuelta. Pero Fitch sostiene que el próximo presidente -Alckmin o Lula- tendrá grandes dificultades para formar una coalición para las reformas. “Las posibles presiones para aflojar las políticas macroeconómicas podrían desacelerar la mejora de la solvencia soberana de Brasil”, dijo Roger Scher, jefe de calificaciones soberanas de Latinoamérica en Fitch.
La agencia subió en junio la calificación del crédito de Brasil a “BB” desde “BB-”, con un panorama estable. De todas formas, esa decisión no estuvo basada solamente en la mejora de las finanzas externas, sino también en la suposición de que la política macroeconómica del país continuará durante la próxima administración. “Cualquier mayor relajamiento del compromiso en relación con las políticas macroeconómicas en los próximos años resultaría en un deterioro en el valor del crédito soberano”, dijo Scher en un comunicado. (Reuter)
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