03 Octubre 2006 Seguir en 
Es un auténtico golpe a la rentabilidad del comercio formal y una muestra evidente de que los altos niveles de informalidad en la economía no inquietan a las autoridades. Sólo en el microcentro la venta de discos compactos (CD) de música y de películas grabadas ilegalmente registra un movimiento de dinero de al menos $ 330.000 por mes, casi $ 4 millones por año (sin contar la comercialización por delibery y por otros medios, como internet).
Este es el cálculo que hicieron dueños de videoclubes y distribuidores de filmes. LA GACETA los consultó acerca del perjuicio que les genera esta actividad informal, que, al menos en Tucumán, no es atacada por el Estado Federal, ni el provincial, ni el municipal, según afirman.
La venta ilegal de películas en formatos DVD y VCD afecta directamente a las salas de cine y a los videoclubes, no sólo porque hoy se puede conseguir y ver en la casa un filme que ni siquiera se estrenó en los cines (y que ya está en las calles gracias a internet), sino también porque los discos truchos tienen un precio promedio de $ 5, casi el mismo valor de una entrada al cine y de un alquiler por 24 horas. Y un DVD original no cuesta menos de $ 20.
“El tema es alarmante. Yo cubro las seis provincias del NOA, y puedo decir que Tucumán es lo peor, por la cantidad de vendedores callejeros que hay. La impunidad es total. Además, detrás de la venta ilegal se nota que hay verdaderas organizaciones”, denunció Julio Saltos, distribuidor del sello AVH.
Acerca de la competencia con respecto a los controles, Saltos dijo que, por más que la piratería sea un delito federal, también deberían intervenir las administraciones provincial y municipal.
“Esto tiene que ver mucho con Comercio Interior y con Rentas de la provincia. Pero uno pasa por el centro y ve parados a policías sin hacer nada. Y en la puerta de la Aduana se vieron mesones con discos truchos”, remarcó Saltos.
Los dueños de videoclubes y los distribuidores consultados coincidieron en afirmar que la demanda (tanto de los comercios formales como de los propios consumidores) de películas originales en DVD bajó entre un 30% y un 40% sólo en los últimos tres meses, durante los cuales se llegó a quintuplicar la cantidad de puestos callejeros con discos truchos (calculan que hoy hay 55 en el microcentro).
“A 20 metros de mi negocio tengo tablones con 5.000 películas a la venta. Caminando por el centro veo a socios míos parados, comprando discos truchos. Es increíble”, se lamentó Raquel Tefaha, del videoclub Zelig.
La comerciante afirmó que cada vez alquilan menos películas y que prácticamente no venden ninguna. “Los papás compran un DVD barato en la calle y sus hijos no saben si se ve bien o mal. No les importa la calidad. El año pasado tuve buenas ventas de películas para chicos, pero este año nada de nada. No se venden”, manifestó Tefaha.
A los videoclubes la compra de una película para su posterior alquiler les cuesta entre $ 75 y $ 95 (incluido el IVA). Esto significa que, para recuperar la inversión, tienen que alquilarla al menos 20 veces en el mes. “Además, tenemos que pagar el sueldo de los empleados; las facturas de la luz, del agua y del teléfono; las tasas municipales, los impuestos provinciales y los federales; el alquiler del negocio; y un 10% sobre la facturación para el Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). ¿Y quién nos protege de los ilegales?”, se quejó Tefaha.
Pablo Cavallo, de Video Visión, remarcó que el problema de fondo no es la mera deslealtad comercial que practican los puestos callejeros, sino que su actividad constituye un delito penal.
“La ley 11.723 establece prisión para quien duplique un libro o un disco. No es una cosa graciosa. Hay un grave perjuicio a la industria cultural. En Tucumán es inadmisible que haya la piratería que hay en la calle y que el Estado destine fondos para que la gente se forme y se eduque en la UNT, con la carrera de Cine (creada en 2004)”, remarcó Cavallo. Y afirmó que, ya a mediados de año, el Incaa y la Cámara Argentina de Videoclubes le enviaron, cada uno, una carta al intendente Domingo Amaya, pidiéndole explicaciones sobre la venta ilegal.
“Esto comenzó a sentirse con más fuerza en los últimos meses. Antes, por una película taquillera los videoclubes pedían entre 10 y 15 ejemplares. Hoy no piden más de cinco. El panorama es negro”, afirmó Diego Zamudio, distribuidor regional de Gativideo.
Zamudio ponderó la distancia que hay entre Tucumán y Mendoza, que fue declarada una provincia libre de piratería. “Instalarse con una mesa en la calle y vender marihuana es exactamente lo mismo”, aseveró.
Saltos, por su parte, afirmó que hace cinco años en Tucumán había unas 150 cuentas de dueños de videoclubes y que actualmente sólo hay 30. “La piratería VHS (cinta) complicó mucho la actividad, que después se recuperó. Pero ahora volvió a decaer con el DVD. De unos 200 videoclubes que había antes, hoy hay sólo 40”, comentó el representante regional de AVH.
Este es el cálculo que hicieron dueños de videoclubes y distribuidores de filmes. LA GACETA los consultó acerca del perjuicio que les genera esta actividad informal, que, al menos en Tucumán, no es atacada por el Estado Federal, ni el provincial, ni el municipal, según afirman.
La venta ilegal de películas en formatos DVD y VCD afecta directamente a las salas de cine y a los videoclubes, no sólo porque hoy se puede conseguir y ver en la casa un filme que ni siquiera se estrenó en los cines (y que ya está en las calles gracias a internet), sino también porque los discos truchos tienen un precio promedio de $ 5, casi el mismo valor de una entrada al cine y de un alquiler por 24 horas. Y un DVD original no cuesta menos de $ 20.
“El tema es alarmante. Yo cubro las seis provincias del NOA, y puedo decir que Tucumán es lo peor, por la cantidad de vendedores callejeros que hay. La impunidad es total. Además, detrás de la venta ilegal se nota que hay verdaderas organizaciones”, denunció Julio Saltos, distribuidor del sello AVH.
Acerca de la competencia con respecto a los controles, Saltos dijo que, por más que la piratería sea un delito federal, también deberían intervenir las administraciones provincial y municipal.
“Esto tiene que ver mucho con Comercio Interior y con Rentas de la provincia. Pero uno pasa por el centro y ve parados a policías sin hacer nada. Y en la puerta de la Aduana se vieron mesones con discos truchos”, remarcó Saltos.
Los dueños de videoclubes y los distribuidores consultados coincidieron en afirmar que la demanda (tanto de los comercios formales como de los propios consumidores) de películas originales en DVD bajó entre un 30% y un 40% sólo en los últimos tres meses, durante los cuales se llegó a quintuplicar la cantidad de puestos callejeros con discos truchos (calculan que hoy hay 55 en el microcentro).
“A 20 metros de mi negocio tengo tablones con 5.000 películas a la venta. Caminando por el centro veo a socios míos parados, comprando discos truchos. Es increíble”, se lamentó Raquel Tefaha, del videoclub Zelig.
La comerciante afirmó que cada vez alquilan menos películas y que prácticamente no venden ninguna. “Los papás compran un DVD barato en la calle y sus hijos no saben si se ve bien o mal. No les importa la calidad. El año pasado tuve buenas ventas de películas para chicos, pero este año nada de nada. No se venden”, manifestó Tefaha.
A los videoclubes la compra de una película para su posterior alquiler les cuesta entre $ 75 y $ 95 (incluido el IVA). Esto significa que, para recuperar la inversión, tienen que alquilarla al menos 20 veces en el mes. “Además, tenemos que pagar el sueldo de los empleados; las facturas de la luz, del agua y del teléfono; las tasas municipales, los impuestos provinciales y los federales; el alquiler del negocio; y un 10% sobre la facturación para el Incaa (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales). ¿Y quién nos protege de los ilegales?”, se quejó Tefaha.
Pablo Cavallo, de Video Visión, remarcó que el problema de fondo no es la mera deslealtad comercial que practican los puestos callejeros, sino que su actividad constituye un delito penal.
“La ley 11.723 establece prisión para quien duplique un libro o un disco. No es una cosa graciosa. Hay un grave perjuicio a la industria cultural. En Tucumán es inadmisible que haya la piratería que hay en la calle y que el Estado destine fondos para que la gente se forme y se eduque en la UNT, con la carrera de Cine (creada en 2004)”, remarcó Cavallo. Y afirmó que, ya a mediados de año, el Incaa y la Cámara Argentina de Videoclubes le enviaron, cada uno, una carta al intendente Domingo Amaya, pidiéndole explicaciones sobre la venta ilegal.
“Esto comenzó a sentirse con más fuerza en los últimos meses. Antes, por una película taquillera los videoclubes pedían entre 10 y 15 ejemplares. Hoy no piden más de cinco. El panorama es negro”, afirmó Diego Zamudio, distribuidor regional de Gativideo.
Zamudio ponderó la distancia que hay entre Tucumán y Mendoza, que fue declarada una provincia libre de piratería. “Instalarse con una mesa en la calle y vender marihuana es exactamente lo mismo”, aseveró.
Saltos, por su parte, afirmó que hace cinco años en Tucumán había unas 150 cuentas de dueños de videoclubes y que actualmente sólo hay 30. “La piratería VHS (cinta) complicó mucho la actividad, que después se recuperó. Pero ahora volvió a decaer con el DVD. De unos 200 videoclubes que había antes, hoy hay sólo 40”, comentó el representante regional de AVH.







