Las denuncias enrarecen el clima electoral en Brasil
Un escándalo de corrupción durante la campaña volvió a instalar a los comicios en un debate respecto de la entereza de los principales candidatos a la presidencia, Lula da Silva y Geraldo Alckmin. Esta polémica influirá en el resultado de las elecciones.
01 Octubre 2006 Seguir en 
SAN PABLO.- Los brasileños acuden hoy a las elecciones marcadas por el favoritismo del presidente Luiz Lula da Silva y una guerra sin cuartel entre su Partido de los Trabajadores (PT) y la oposición socialdemócrata, a pocas horas de abrirse las urnas.
El PT anunció ayer que pedirá a la justicia electoral la impugnación de la candidatura presidencial del socialdemócrata Geraldo Alckmin, por usar indebidamente los medios de comunicación para perjudicar a Lula, según anunció un portavoz de la campaña por la reelección. Días atrás la coalición que apoya a Alckmin, que incluye al PSDB (Partido de la SocialDemocracia Brasileña) al PFL (Partido del Frente Liberal, derecha) y al PPS (Partido Popular socialista, izquierda), pidió por su lado a la justicia electoral que impugne la candidatura de Lula por presunto abuso económico.
El actual presidente encabeza las últimas encuestas de intenciones de voto de Ibope y Datafolha que coinciden en otorgarle 53% de los votos válidos -lo que aseguraría su reelección- contra el 35% asignado a Alckmin.
El PT resolvió pedir la impugnación de Alckmin después de que una fuente policial divulgó a la prensa fotos del dinero (un equivalente a U$S 800.000) que iban a usar militantes del PT para comprar documentos que presuntamente comprometerían en un esquema de fraude al Estado a los socialdemócratas José Serra, candidato a gobernador del estado de San Pablo, y Alckmin.
"Con certeza (la divulgación de las fotos) es consecuencia de la coordinación entre alguien del PSDB y alguien de la Policía federal", comentó el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro. "Es una tentativa de las elites de patear la mesa y un acto ilegal de desesperación", dijo Genro. La Policía Federal comunicó que las fotografías son parte de una investigación secreta por determinación judicial.
El escándalo desatado por el intento de compra de los documentos le costó el puesto a un asesor de Lula y al coordinador de su campaña, Ricardo Berzoini, y puso al mandatario a la defensiva. Lula dijo que nada sabía del asunto. El pedido del PSDB contra Lula se basó en el mismo incidente, para que se investigue si el presidente podía estar involucrado en el intento de compra de los documentos contra los socialdemócratas.
El mandatario esperaba una reelección fácil, por la fuerte recuperación de su popularidad tras las graves acusaciones que el año pasado provocaron la caída de sus principales ministros y de la cúpula del PT, por presunto pago de sobornos a diputados. Pero en las últimas dos semanas este nuevo escándalo agitó la campaña y desató la guerra entre el PSDB y el PT, con los pedidos de impugnación de las candidaturas de los principales candidatos.
En ese clima, 126 millones de brasileños acudirán a votar para elegir al presidente, congresistas y gobernadores de la mayor democracia latinoamericana. Lula llega en un ambiente diferente al de su triunfo de 2002. El ex sindicalista no enfrenta ahora la hostilidad de los mercados, pero está a la defensiva por las denuncias que golpearon a su entorno. Alckmin apuesta a que el presidente caiga por debajo del 50%, lo cual exigiría una segunda vuelta electoral el 29 de octubre. (AFP-NA)
Lula es el máximo favorito y tiene grandes chances de ser reelecto. Esto fue así desde el comienzo de la campaña y era tarea difícil para los opositores buscar bajar su popularidad. Por eso, durante toda la campaña, sus adversarios utilizaron los escándalos y las denuncias de corrupción contra miembros del gobierno y contra su partido, el de los Trabajadores. El presidente, sin embargo, pasó prácticamente inmune a los ataques de los adversarios y mantuvo siempre el índice más alto de popularidad y de intención de voto. Lula mantiene su ventaja, a pesar de las múltiples denuncias de corrupción, porque sus asesores de marketing político montaron una estrategia que lo mantuvo aislado de esos escándalos: cayeron algunos de sus ministros y algunos de los popes de su partido, pero él quedó al margen.
La mayoría de los brasileños todavía apuesta a que hoy Lula logrará la victoria en la primera vuelta. Pero la expectativa está en cómo saldrá parado el Partido de los Trabajadores en los diferentes estados. Se espera que pierda en distritos clave, por lo que su segundo mandato presidencial estará cercado por los gobernadores de la oposición. También habrá que ver si en el Parlamento obtiene un número suficiente de bancas, tanto en la Cámara de Representantes como el Senado, para fortificar la gobernabilidad.
Lo que se espera de él
Si accede a su segundo mandato, Lula tendrá el desafío de desarrollar acciones en el área social, para demostrar que satisface sus promesas de la campaña. Pero al mismo tiempo tendrá que mantener el equilibrio de la economía, lo que hace más difícil las acciones en el área social. Todo un dilema.
Otro desafío será guardar una buena relación con el Congreso Nacional, puesto que no tendrá mayoría absoluta como hasta ahora y se verá obligado a negociar con la oposición.
Respecto de su política exterior, algo está claro: Lula es un conciliador y buscará diferenciarse de Hugo Chávez y de Evo Morales, que hacen gala de las confrontaciones. De todas formas, intentará ubicarse como el líder de América latina, lo que seguramente chocará en alguna medida con la Argentina. También buscará interceder ante EEUU y ante los países europeos, que temen las posiciones extremas que toman Chávez y Morales, y seguirá bregando por lograr un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU y fortalecer su presencia en el Grupo de los Ocho. (Especial para LA GACETA)
Hoy, 126 millones de brasileños tendrán en sus manos la responsabilidad de elegir al nuevo presidente, 11 millones más de votantes de los que fueron convocados para la última elección general, número que perfila a Brasil como la tercera democracia del mundo, detrás de Estados Unidos y de la India.
Las últimas encuestas indican que el actual presidente, Lula da Silva, logrará su reelección en la primera vuelta, con un total del 53% de los votos válidos, a pesar de las recientes denuncias sobre corrupción que afectan a personas de su entorno político. Tampoco la fuerte sospecha de que se ha usado dinero público para comprar documentos que contenían informaciones políticas que pretendía usarse contra la oposición parece afectar la imagen del presidente. Muchos analistas se han abocado a la tarea de intentar entender cómo sobrevive Lula políticamente a tantos y reiterados escándalos de corrupción en los que se ven involucrados su gobierno y su partido, que en el pasado fueron los paladines de la defensa de la ética y de la moral en la política brasileña. En parte, la trayectoria política de Lula y del PT explica, todavía, los buenos números que ostenta el presidente en las encuestas de opinión. A sectores de la población brasileña, y sobre todo a los militantes del PT, les cuesta creer que su líder máximo pueda tener las manos sucias; porque implicaría reconocer que ya no hay en quién confiar en el escenario político nacional. Pero también es cierto que Lula da Silva utiliza su megaplan social, llamado "Bolsa de Familia", por medio del cual repartió, solamente en julio pasado, más de 900 millones de reales en las regiones más pobres de Brasil; de modo que no es por casualidad que en estas zonas Lula tenga el 70% de adhesión. Y muestra la paradoja de la vieja manera de hacer política - repartir dinero público a cambio de apoyo electoral- de la mano, justamente, de alguien que pasó toda su vida proponiendo una nueva manera de hacer política, una manera más limpia y más ética.
Los desafíos futuros
Pero la condición de favorito de Lula corre el riesgo de no cumplirse en la práctica. El hecho de que en la zona con mayor cantidad de votantes suele registrarse un gran número de abstenciones y la ausencia de Lula al último debate televisivo pueden llevarlo a tener que disputar una segunda vuelta con su contrincante de la socialdemocracia y ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alkmin, que lo sigue en los sondeos.
Quien ocupe el " Palácio do Planalto" a partir de enero de 2007 deberá enfrentarse con muchos problemas internos: la conciliación entre crecimiento económico y el mantenimiento de las metas de inflación; la reducción de la tasa de interés -Brasil tiene una de las más altas del mundo-, la disminución de la carga tributaria -duplica la argentina: el gobierno brasileño se apropia del 38% de PBI nacional- y los crónicos problemas de infraestructura del país, que dificultan las exportaciones. Por otro lado, en lo externo, deberá abocarse a sacar adelante las negociaciones con el gobierno de Evo Morales sobre el gas, un insumo clave para el parque industrial de San Pablo. Además, los intereses de Brasil en la región sudamericana son cada vez mayores y dispersos, lo que va a obligar al nuevo presidente a seguir consolidando el Mercosur y la alianza estratégica con la Argentina, además de encontrar una forma de conciliar los intereses nacionales con las políticas de fortalecimiento del proceso de integración, lo que a menudo fuerza al presidente de Brasil a tomar decisiones que son mal vistas por parte del electorado. (Especial para LA GACETA)
Si nada extraño ocurre hoy en Brasil y dentro de un año en la Argentina, Luiz Inácio Da Silva y Néstor Kirchner coexistirán casi otro lustro al frente de las mayores economías de Sudamérica, con el desafío de que su luna de miel actual pase al rango de matrimonio estable. Lula, el primer presidente obrero de Brasil, seguramente conseguirá su reelección e inaugurará un proceso de renovación regional de mandatos que incluirá a Hugo Chávez, en Venezuela, y posiblemente también a Kirchner.
En 2002, con su triunfo electoral, el brasileño inició iniciado el giro a la centroizquierda de la región, seguido por el argentino; luego se sumaron Tabaré Vázquez, Chávez -que superó un plebiscito para mantenerse en el poder- y, recientemente Evo Morales. La semana pasada, durante un encuentro en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, Kirchner aseguró que quería un triunfo de Lula porque serviría para "consolidar el Mercosur" y los asesores de ambos se encargaron de resaltar el buen momento que atraviesa la relación bilateral.
De hecho, en momentos en que la Argentina tiene un conflicto por una medianera con Uruguay y otro, también por un límite y por la provisión energética, con Chile, el vínculo con su vecino más grande parece afianzado. Esa relación es vital para el Mercosur: primero, porque son los socios más importantes; luego, para conciliar posiciones ante los caminos comerciales alternativos explorados por Uruguay -que pueden desembocar en su salida del bloque-, y tercero, para contener el afán de protagonismo de Chávez. Todo, dentro del objetivo de máxima, que consiste en que el Mercado Común del Sur sea un vehículo de desarrollo -y no de postergación- de todos sus miembros.
El matrimonio Kirchner-Lula tuvo altibajos. Desde que el patagónico asumió en mayo de 2003 surgieron problemas; por los desequilibrios industriales y también porque Lula procuró constituirse en el máximo referente de la región. Inicialmente, la Argentina pareció aceptar el liderazgo regional de su vecino, pero luego se generaron conflictos a raíz de la discusión sobre la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y en torno de la banca que Brasil pretende como representante permanente de América latina.
¿Qué resta para los próximos años? El brasileño es una de las dínamos de un gran bloque regional sudamericano, pero ese entrelazado no es sencillo en un subcontinente que tiene otro gran bloque (la Comunidad Andina de Naciones) y está dividido entre gobiernos que buscan abroquelarse y otros que prefieren comerciar libremente, por ejemplo, a través de los TLC, con Estados Unidos. (NA)
El PT anunció ayer que pedirá a la justicia electoral la impugnación de la candidatura presidencial del socialdemócrata Geraldo Alckmin, por usar indebidamente los medios de comunicación para perjudicar a Lula, según anunció un portavoz de la campaña por la reelección. Días atrás la coalición que apoya a Alckmin, que incluye al PSDB (Partido de la SocialDemocracia Brasileña) al PFL (Partido del Frente Liberal, derecha) y al PPS (Partido Popular socialista, izquierda), pidió por su lado a la justicia electoral que impugne la candidatura de Lula por presunto abuso económico.
El actual presidente encabeza las últimas encuestas de intenciones de voto de Ibope y Datafolha que coinciden en otorgarle 53% de los votos válidos -lo que aseguraría su reelección- contra el 35% asignado a Alckmin.
El PT resolvió pedir la impugnación de Alckmin después de que una fuente policial divulgó a la prensa fotos del dinero (un equivalente a U$S 800.000) que iban a usar militantes del PT para comprar documentos que presuntamente comprometerían en un esquema de fraude al Estado a los socialdemócratas José Serra, candidato a gobernador del estado de San Pablo, y Alckmin.
"Con certeza (la divulgación de las fotos) es consecuencia de la coordinación entre alguien del PSDB y alguien de la Policía federal", comentó el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro. "Es una tentativa de las elites de patear la mesa y un acto ilegal de desesperación", dijo Genro. La Policía Federal comunicó que las fotografías son parte de una investigación secreta por determinación judicial.
El escándalo desatado por el intento de compra de los documentos le costó el puesto a un asesor de Lula y al coordinador de su campaña, Ricardo Berzoini, y puso al mandatario a la defensiva. Lula dijo que nada sabía del asunto. El pedido del PSDB contra Lula se basó en el mismo incidente, para que se investigue si el presidente podía estar involucrado en el intento de compra de los documentos contra los socialdemócratas.
El mandatario esperaba una reelección fácil, por la fuerte recuperación de su popularidad tras las graves acusaciones que el año pasado provocaron la caída de sus principales ministros y de la cúpula del PT, por presunto pago de sobornos a diputados. Pero en las últimas dos semanas este nuevo escándalo agitó la campaña y desató la guerra entre el PSDB y el PT, con los pedidos de impugnación de las candidaturas de los principales candidatos.
En ese clima, 126 millones de brasileños acudirán a votar para elegir al presidente, congresistas y gobernadores de la mayor democracia latinoamericana. Lula llega en un ambiente diferente al de su triunfo de 2002. El ex sindicalista no enfrenta ahora la hostilidad de los mercados, pero está a la defensiva por las denuncias que golpearon a su entorno. Alckmin apuesta a que el presidente caiga por debajo del 50%, lo cual exigiría una segunda vuelta electoral el 29 de octubre. (AFP-NA)
Punto de vista I - Una estrategia política
Por Sérgio Montenegro Filho - Editor del "Jornal de Commercio" (Recife)
Por Sérgio Montenegro Filho - Editor del "Jornal de Commercio" (Recife)
Lula es el máximo favorito y tiene grandes chances de ser reelecto. Esto fue así desde el comienzo de la campaña y era tarea difícil para los opositores buscar bajar su popularidad. Por eso, durante toda la campaña, sus adversarios utilizaron los escándalos y las denuncias de corrupción contra miembros del gobierno y contra su partido, el de los Trabajadores. El presidente, sin embargo, pasó prácticamente inmune a los ataques de los adversarios y mantuvo siempre el índice más alto de popularidad y de intención de voto. Lula mantiene su ventaja, a pesar de las múltiples denuncias de corrupción, porque sus asesores de marketing político montaron una estrategia que lo mantuvo aislado de esos escándalos: cayeron algunos de sus ministros y algunos de los popes de su partido, pero él quedó al margen.
La mayoría de los brasileños todavía apuesta a que hoy Lula logrará la victoria en la primera vuelta. Pero la expectativa está en cómo saldrá parado el Partido de los Trabajadores en los diferentes estados. Se espera que pierda en distritos clave, por lo que su segundo mandato presidencial estará cercado por los gobernadores de la oposición. También habrá que ver si en el Parlamento obtiene un número suficiente de bancas, tanto en la Cámara de Representantes como el Senado, para fortificar la gobernabilidad.
Lo que se espera de él
Si accede a su segundo mandato, Lula tendrá el desafío de desarrollar acciones en el área social, para demostrar que satisface sus promesas de la campaña. Pero al mismo tiempo tendrá que mantener el equilibrio de la economía, lo que hace más difícil las acciones en el área social. Todo un dilema.
Otro desafío será guardar una buena relación con el Congreso Nacional, puesto que no tendrá mayoría absoluta como hasta ahora y se verá obligado a negociar con la oposición.
Respecto de su política exterior, algo está claro: Lula es un conciliador y buscará diferenciarse de Hugo Chávez y de Evo Morales, que hacen gala de las confrontaciones. De todas formas, intentará ubicarse como el líder de América latina, lo que seguramente chocará en alguna medida con la Argentina. También buscará interceder ante EEUU y ante los países europeos, que temen las posiciones extremas que toman Chávez y Morales, y seguirá bregando por lograr un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU y fortalecer su presencia en el Grupo de los Ocho. (Especial para LA GACETA)
Punto de vista II - Tiene la adhesión de los sectores más pobres de la población, pero le esperan grandes desafíos
Por Luiz Cristiano Naclerio Torres - Magistrado en Relaciones Internacionales (IDELA/UNT)
Por Luiz Cristiano Naclerio Torres - Magistrado en Relaciones Internacionales (IDELA/UNT)
Hoy, 126 millones de brasileños tendrán en sus manos la responsabilidad de elegir al nuevo presidente, 11 millones más de votantes de los que fueron convocados para la última elección general, número que perfila a Brasil como la tercera democracia del mundo, detrás de Estados Unidos y de la India.
Las últimas encuestas indican que el actual presidente, Lula da Silva, logrará su reelección en la primera vuelta, con un total del 53% de los votos válidos, a pesar de las recientes denuncias sobre corrupción que afectan a personas de su entorno político. Tampoco la fuerte sospecha de que se ha usado dinero público para comprar documentos que contenían informaciones políticas que pretendía usarse contra la oposición parece afectar la imagen del presidente. Muchos analistas se han abocado a la tarea de intentar entender cómo sobrevive Lula políticamente a tantos y reiterados escándalos de corrupción en los que se ven involucrados su gobierno y su partido, que en el pasado fueron los paladines de la defensa de la ética y de la moral en la política brasileña. En parte, la trayectoria política de Lula y del PT explica, todavía, los buenos números que ostenta el presidente en las encuestas de opinión. A sectores de la población brasileña, y sobre todo a los militantes del PT, les cuesta creer que su líder máximo pueda tener las manos sucias; porque implicaría reconocer que ya no hay en quién confiar en el escenario político nacional. Pero también es cierto que Lula da Silva utiliza su megaplan social, llamado "Bolsa de Familia", por medio del cual repartió, solamente en julio pasado, más de 900 millones de reales en las regiones más pobres de Brasil; de modo que no es por casualidad que en estas zonas Lula tenga el 70% de adhesión. Y muestra la paradoja de la vieja manera de hacer política - repartir dinero público a cambio de apoyo electoral- de la mano, justamente, de alguien que pasó toda su vida proponiendo una nueva manera de hacer política, una manera más limpia y más ética.
Los desafíos futuros
Pero la condición de favorito de Lula corre el riesgo de no cumplirse en la práctica. El hecho de que en la zona con mayor cantidad de votantes suele registrarse un gran número de abstenciones y la ausencia de Lula al último debate televisivo pueden llevarlo a tener que disputar una segunda vuelta con su contrincante de la socialdemocracia y ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alkmin, que lo sigue en los sondeos.
Quien ocupe el " Palácio do Planalto" a partir de enero de 2007 deberá enfrentarse con muchos problemas internos: la conciliación entre crecimiento económico y el mantenimiento de las metas de inflación; la reducción de la tasa de interés -Brasil tiene una de las más altas del mundo-, la disminución de la carga tributaria -duplica la argentina: el gobierno brasileño se apropia del 38% de PBI nacional- y los crónicos problemas de infraestructura del país, que dificultan las exportaciones. Por otro lado, en lo externo, deberá abocarse a sacar adelante las negociaciones con el gobierno de Evo Morales sobre el gas, un insumo clave para el parque industrial de San Pablo. Además, los intereses de Brasil en la región sudamericana son cada vez mayores y dispersos, lo que va a obligar al nuevo presidente a seguir consolidando el Mercosur y la alianza estratégica con la Argentina, además de encontrar una forma de conciliar los intereses nacionales con las políticas de fortalecimiento del proceso de integración, lo que a menudo fuerza al presidente de Brasil a tomar decisiones que son mal vistas por parte del electorado. (Especial para LA GACETA)
Análisis - Segundas nupcias
Por Gabriel Profiti - Periodista de la agencia NA
Por Gabriel Profiti - Periodista de la agencia NA
Si nada extraño ocurre hoy en Brasil y dentro de un año en la Argentina, Luiz Inácio Da Silva y Néstor Kirchner coexistirán casi otro lustro al frente de las mayores economías de Sudamérica, con el desafío de que su luna de miel actual pase al rango de matrimonio estable. Lula, el primer presidente obrero de Brasil, seguramente conseguirá su reelección e inaugurará un proceso de renovación regional de mandatos que incluirá a Hugo Chávez, en Venezuela, y posiblemente también a Kirchner.
En 2002, con su triunfo electoral, el brasileño inició iniciado el giro a la centroizquierda de la región, seguido por el argentino; luego se sumaron Tabaré Vázquez, Chávez -que superó un plebiscito para mantenerse en el poder- y, recientemente Evo Morales. La semana pasada, durante un encuentro en la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, Kirchner aseguró que quería un triunfo de Lula porque serviría para "consolidar el Mercosur" y los asesores de ambos se encargaron de resaltar el buen momento que atraviesa la relación bilateral.
De hecho, en momentos en que la Argentina tiene un conflicto por una medianera con Uruguay y otro, también por un límite y por la provisión energética, con Chile, el vínculo con su vecino más grande parece afianzado. Esa relación es vital para el Mercosur: primero, porque son los socios más importantes; luego, para conciliar posiciones ante los caminos comerciales alternativos explorados por Uruguay -que pueden desembocar en su salida del bloque-, y tercero, para contener el afán de protagonismo de Chávez. Todo, dentro del objetivo de máxima, que consiste en que el Mercado Común del Sur sea un vehículo de desarrollo -y no de postergación- de todos sus miembros.
El matrimonio Kirchner-Lula tuvo altibajos. Desde que el patagónico asumió en mayo de 2003 surgieron problemas; por los desequilibrios industriales y también porque Lula procuró constituirse en el máximo referente de la región. Inicialmente, la Argentina pareció aceptar el liderazgo regional de su vecino, pero luego se generaron conflictos a raíz de la discusión sobre la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU y en torno de la banca que Brasil pretende como representante permanente de América latina.
¿Qué resta para los próximos años? El brasileño es una de las dínamos de un gran bloque regional sudamericano, pero ese entrelazado no es sencillo en un subcontinente que tiene otro gran bloque (la Comunidad Andina de Naciones) y está dividido entre gobiernos que buscan abroquelarse y otros que prefieren comerciar libremente, por ejemplo, a través de los TLC, con Estados Unidos. (NA)







