Un sueño con alas: Oscar, el tucumano que construye su propio avión

EN EL TALLER. Oscar Mambrini con el Jabituc detrás, el avión experimental de casi nueve metros de envergadura.

Piloto e inventor, el hombre de 80 años dedica sus días a terminar una aeronave junto a su hijo.

Por Belén Castellano 21 Junio 2026

Resumen para apurados

  • Oscar, un piloto tucumano de 80 años, construye su propio avión junto a su hijo en Tucumán para cumplir su sueño de volar una aeronave de fabricación propia.
  • Como piloto e inventor, Oscar dedica sus días de vejez a este minucioso proyecto artesanal, compartiendo el trabajo técnico y familiar de ensamblaje junto a su hijo.
  • Esta hazaña resalta el valor de la perseverancia en la vejez y la pasión por la aviación, proyectando un emotivo vuelo inaugural que consolidará este legado familiar.
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Oscar Mambrini tiene 80 años y un avión casi listo en su taller. Mecánico de profesión, inventor por vocación y piloto por pasión, comparte con su hijo Carlos la construcción del “Jabituc”, una aeronave experimental que comenzó a diseñarse en 2021 y ya despertó la curiosidad de miles de personas en redes sociales.

El galpón es enorme y guarda una vida entera entre hierros, motores y herramientas. Allí hay tornos, máquinas, piezas, planos, recuerdos y un perro grande al que llaman “Negro” parece formar parte del paisaje. Cuando el motor del avión arranca, no se asusta. Se pasea entre los fierros, mira la escena con calma y después se tira al sol, como si ese ruido también fuera parte de la rutina familiar.

En ese taller, Oscar pasa buena parte de sus días. Tiene 80 años, tres hijos y nietos. Durante décadas, ese espacio fue un lugar de trabajo mecánico. Hoy es también un laboratorio, un refugio y el punto de partida de un sueño que está cerca de tomar altura.

“Este galpón debe tener 60 años. Acá se hacían máquinas viales, máquinas agrícolas, tractores, grúas y toda máquina pesada”, contó Oscar.

Antes del avión real, hubo aviones pequeños. Oscar empezó de joven con el aeromodelismo. Primero armó modelos planeadores. Después llegaron los equipos con motor y más tarde los de radio control. Esa pasión duró cerca de 30 años y también alcanzó a Carlos, su hijo, ingeniero en sistemas y apasionado por la aeronáutica. “Uno empieza con modelitos planeadores, después va con motor y después con radio control. Volé muchos años con eso”, recuerda Oscar.

Después apareció el ala delta. Según cuenta Carlos, su padre empezó a volar en esa disciplina en 1982. Participó en campeonatos y aprendió a leer el clima, las corrientes y las térmicas. Para Oscar, volar sin motor exige una sensibilidad especial. “Uno se vuelve como un pájaro. Ve dónde están las térmicas, toma altura y viaja”, describe Oscar.

Con el tiempo, la inquietud fue más lejos. Oscar experimentó con alas delta motorizadas cuando ese tipo de equipos no era común. Quería despegar desde el piso, sin depender de la montaña. “Fui el primero en Argentina que voló con motor y despegó desde una pista”, afirma.

El Jabituc y sus controles

El avión que hoy ocupa el centro del galpón tiene casi nueve metros de envergadura. Sigue el modelo de la aeronave australiana Jabiru, aunque Oscar y Carlos hicieron modificaciones, rediseños y adaptaciones propias según los materiales disponibles en Tucumán y las características que buscaban.

“Entre los dos hicimos algunos arreglos y rediseños por las características que queríamos que tenga y por los materiales que se pueden conseguir acá”, señala Carlos. El proceso no fue simple. Hubo planos en otros idiomas, medidas que debieron pasar de pulgadas a centímetros, piezas fabricadas por ellos y técnicas que tuvieron que aprender desde cero, como el trabajo con fibra de vidrio. Las alas tendrán recubrimiento de dacrón, un material sintético resistente. El fuselaje también tendrá tela aeronáutica.

Para que la aeronave pueda avanzar dentro del marco legal, padre e hijo presentaron una carpeta ante la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), el organismo encargado de controlar, fiscalizar y otorgar la matrícula a este tipo de aviones en la Argentina. Allí incluyeron planos, croquis, materiales y detalles de construcción. “Se presenta una carpeta con todas las características, qué se va a hacer, cómo se va a hacer y con qué materiales”, explican.

El inspector de la ANAC ya visitó el taller en tres oportunidades. Revisó materiales, soldaduras, piezas y sistemas. Todavía falta una última etapa antes de gestionar la matrícula, llevarlo a pista y comenzar con las pruebas.

“No es algo hecho porque sí o porque se nos ocurrió hacerlo. Hay un trabajo de investigación y pruebas para ver si realmente funciona y si aguanta lo que tiene que aguantar”, sostiene el inventor.

HISTORIA COMPARTIDA. El inventor junto a sus hijos y su nieto, con el proyecto que une mecánica y vuelo. HISTORIA COMPARTIDA. El inventor junto a sus hijos y su nieto, con el proyecto que une mecánica y vuelo. FOTOS DIEGO ARÁOZ

El impulso de los suyos

La historia salió del galpón gracias a Fabiana, hija de Oscar. Ella subió a TikTok un video de su padre con el motor del avión en marcha. En la publicación, lo presentó con humor, dijo que su papá estaba loco y dejó planteada la gran incógnita que ahora todos repiten: “¿Cómo va a sacar el avión del galpón?”.

El video se viralizó. Llegaron mensajes de Tucumán, de otras provincias y también de otros países. Algunos ofrecen ayuda y hospedaje para cuando vuele por el cielo argentino. Otros piden ver el avión terminado. Para Fabiana, la repercusión fue también un impulso para su padre.

“Mi papá venía medio enfermo, sin ganas de levantarse ni de entrar al taller. Un día escuché que arrancó el motor del avión y me puse recontra feliz. Él estaba tan feliz con el motor andando”, recuerda Fabiana.

Sus hijos hablan de Oscar con emoción. Lo miran con admiración, con confianza y con los ojos aguados. Para ellos, el taller no es sólo un espacio de trabajo. Es el lugar que lo mantiene activo, lúcido y entusiasmado. “Esto lo mantiene vivo”, expresa Fabiana.

Carlos también se emociona al explicar lo que significa compartir este proyecto con su padre: “Es la satisfacción de poder compartir una pasión, de haber aprendido de primera mano los secretos de la aeronáutica con mi papá y de estar cerca de volar algo que nació de una idea de nuestra cabeza”.

Agustín, uno de los nietos de Oscar, sonríe todo el tiempo. En la escuela, sus amigos no terminan de creer lo que hace su abuelo: “Mis compañeros me preguntan si es verdad eso del video de mi abuelo que está creando un avión. Yo les digo que sí, pero no se lo toman muy en serio. Dicen que no lo pueden creer”. Para él, en cambio, la escena ya es parte de la familia. Se subió al avión, escuchó las explicaciones de su abuelo y lo vio moverse entre máquinas como quien conoce cada rincón de su mundo.

Oscar calcula que faltan unos seis meses de trabajo. Después vendrán las pruebas, los controles finales y la posibilidad de volver al aire. Mientras tanto, entra al galpón, revisa piezas, mira el avión como un cirujano antes de operar, se prende la campera, se abriga bien y lo enciende. Entonces la hélice empieza a girar con fuerza y el viento sacude el taller, levanta polvo, mueve cosas y le devuelve a Oscar una certeza íntima: ese sueño ya tiene pulso. “Antes hacía aeromodelismo como hobby. Ahora mi hobby es un avión real. Quiero salir a volar yo”, concluyó.

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