El sexo femenino constituye el 42% de la población ocupada en la Argentina, pero aporta menos del 30% del ingreso en las familias. Y esto obedece a que hay una mayor incidencia de la informalidad en el empleo privado, dice un informe de SEL Consultores, dirigido por el experto Ernesto Kritz. Por ejemplo, una de cada seis mujeres que trabajan lo hace como empleada doméstica. De ellas, ocho de cada 10 son informales y el salario es menos de la mitad de lo que en promedio ganan las mujeres.
Pero además de la calidad de la inserción laboral, el otro factor que explica por qué ganan menos que los hombres -y que puede llevar a conclusiones bien distintas de las habituales- es que las mujeres trabajan jornadas mucho más cortas. "Excluidos los planes sociales, el promedio es de 121 horas mensuales; para los varones, en cambio, es 171 horas", señala el diagnóstico privado.
Según la experta en Recursos Humanos Graciela Chamut, esto tiene que ver con que la legislación laboral sobreprotege a las mujeres. "Además de la licencia por embarazo y lactancia, la mujer tiene otros privilegios como el día femenino y esto puede retraer el mercado laboral para ellas", señala la especialista. Chamut cree que la mujer se acomoda entonces a las propuestas de empleo y, frente a la poca oferta , "acepta sueldos más bajos que los que pueden percibir los hombres, tal vez con la misma ocupación". Esta visión completa el informe de Kritz: "en algunos casos la jornada laboral más corta de las mujeres tiene que ver con menores oportunidades, pero en la mayoría está seguramente asociada a que continúan ocupándose de la mayor parte de las tareas domésticas -sobre todo si son jefes o cónyuges- con lo que su carga horaria total es más extensa que la de los varones". "Esto sugiere que, después de un cierto límite, el costo de oportunidad (económico y no económico) del trabajo no remunerado en el hogar es más alto que el ingreso adicional que podrían obtener trabajando más horas en el mercado", acota. Según Chamut, es un error pensar que las mujeres no pueden mantener un casa con sus ingresos. "Muchos hogares son unipersonales", advierte. Pero la desigualdad entre géneros en el mercado laboral no sólo se evidencia en el salario. "En la Argentina siguen habiendo prejuicios para incorporar a mujeres a cargos ejecutivos o de alto nivel, una tendencia que se está observando en el resto del mundo", dice Chamut.
Tienen sintonía fina
Con el crecimiento de la economía argentina, la industria abrió, de par en par, las puertas para la incorporación de mujeres. Esas mayores oportunidades de acceder a un puesto en la planta industrial tiene que ver con las exigencias que impone el mercado de la exportación. Y, en ese proceso, se afianza la idea de que la mujer "tiene sintonía fina de movimiento" para la selección de la producción que se comercializará en otros países, dice Graciela Chamut. En particular, esa situación se observa en actividades como la soja, el citrus, la frutilla y el arándano. "Son más ágiles y tienen delicadeza en la selección de los productos", indica.
Según la Encuesta Permanente de Hogares, en el Gran San Miguel de Tucumán se registran 275.453 personas con empleo, que representan el 48,4% de la población del aglomerado urbano (777.000 habitantes). Del total del plantel con ocupación, 165.693 son hombres, mientras que los 109.760 puestos restantes corresponden al sexo femenino.







