Las rutas no sufren cambios desde hace más de 30 años

Punto de vista por Pedro Mauricio Katz, especialista en Ordenación del Territorio y Medio Ambiente. Un camino habilitado al tránsito nunca debe ser reconstruido.

01 Octubre 2006
Tucumán ofrece una visión pujante y alentadora del escenario futuro. El proceso económico permite vislumbrar un crecimiento del PBI, y si lo miramos desde el punto de vista de la economía, podemos sentir optimismo por los tiempos que vendrán. Una de las causas de la bonanza en la economía es que millones de personas en el mundo entero participan de nuevos modos de intercambio y de comunicación a cada vez mayor velocidad (internet, GPS, satélites, telefonía celular, informática, trenes, aviones y barcos grandes y veloces, camiones bitrenes, etcétera).
Con nuevas tecnologías incorporadas y la ampliación de la frontera agrícola, en nuestra provincia se incrementó el tonelaje de productos del agro en forma significativa, siendo casi todo ello transportado principalmente sobre las carreteras, que casi no han sufrido cambios desde hace más de 30 años (siguen en alrededor de 2.100 kilómetros). La volúmenes de carga crecen en los diversos modos en que se mueven: vía aérea, poliductos, mineraloductos, ferrocarril (soja, minerales, citrus, carga contenerizada, gas, petróleo, etcétera, tanto en el Belgrano como en NCA), pero el camión lidera con más del 85% de la carga.
La logística es una novedosa actividad incorporada en las empresas de transporte de la provincia, útil en la consolidación y desconsolidación de las cargas contenerizadas y su distribución y transporte en los menores tiempos posibles.
Sin embargo, una creciente cantidad de vehículos de tracción animal o humana circulan por vías no diseñadas para ello. Los ciclomotores, las bicicletas y vehículos obsoletos -sin mantenimiento o, directamente, chatarra-, circulan a la par de vehículos de gran porte y velocidad. Esto produce riesgos cada vez mayores, tanto para las personas como para las cargas transportadas; incrementa los accidentes de tránsito y, con ello, el colapso o la saturación del sistema sanitario de emergencias médicas.
La congestión que se produce en las rutas provinciales en los meses pico de cosecha reduce la velocidad promedio, lo que ocasiona mayor tiempo de permanencia de la carga en viaje con el consecuente deterioro de los productos perecederos. La lentitud produce mayor gasto de combustible, mayor deterioro de la superficie de rodamiento y de las partes mecánicas de la unidad de transporte. Esto genera perdidas económicas individuales y a toda la sociedad en su conjunto, por el encarecimiento de los precios de los productos, y la provincia pierde competitividad.
La nuestra es una sociedad que debe dejar atrás la idea central que alberga todo el que asume la conducción de la cosa pública, de "cortar la cinta" para "pasar a la historia" y conseguir votos. Tucumán en particular no puede darse más el lujo de reconstruir lo que no mantiene adecuadamente en forma cotidiana.
Un camino habilitado al tránsito nunca debe ser reconstruido; año a año se le debe asignar presupuesto para mantenerlo siempre en buen estado, con su señalización en condiciones y sus puentes y alcantarillas expeditos para evitar su deterioro prematuro.
Generar un nuevo paradigma es fundamental: hay que conservar lo que tenemos. Y, además, hay que asignar una porción de los recursos a las obras nuevas, que permitan construir ciclovías para el transito liviano, iluminar cruces urbanos, curvas de riesgo y puentes, ampliar la capacidad de las rutas existentes e incrementar la longitud de la red vial provincial en no menos de un 5% anual y así mejorar la accesibilidad a cualquier punto de todo el territorio de la provincia. Sería importante construir una estación multimodal de cargas que permita la transferencia entre los diversos modos de transporte (originalmente estaba prevista en Los Vázquez, al sur del Mercofrut, pero desde la Nación se paralizaron las obras).
Nuestro dilema como sociedad es si conviviremos con la pobreza, la indigencia, la inseguridad vial, los muertos y accidentes por causas evitables, o buscaremos espacios comunes de reflexión para que el tránsito sea cada vez más ordenado, seguro, eficiente, apuntando a que la conservación se transforme en política de Estado.
Se debe capacitar a los responsables de las políticas de obras públicas para conservar el patrimonio buscando que el balance, año a año, incremente el capital social (caminos, diques, infraestructura), de manera que no estemos siempre en el mismo punto de partida para reconstruir lo que no sabemos conservar.

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