16 Septiembre 2002 Seguir en 
Entre los tantos peligros que presenta la calle en una ciudad cada vez más desordenada como la que habitamos hay uno al que no suele prestarse la suficiente atención. Nos referimos a los cables eléctricos que emergen, en manojo, de muchos medidores destapados; o los que aparecen, cortados, bordeando las molduras de algunos viejos frentes; o los otros, muy gruesos, que salen del suelo pegados a las fachadas, con una envoltura exterior que no parece lo suficientemente segura.
Sin duda, en muchos casos los referidos hilos no tienen corriente eléctrica, pero en otros es seguro que sí la tienen, y que por lo tanto existe el riesgo de que una travesura de niño o cualquier acto accidental suscite graves consecuencias.
Pensamos que el organismo encargado debiera evitar esos riesgos por medio de una detenida inspección, por el centro y los barrios, procediendo a retirar esos cables o cubrirlos como corresponde. Lo decimos porque cada vez se los advierte en mayor cantidad. Ello, además de los que quedan al descubierto a causa de los vándalos que se dedican a violentar tapas de los medidores.
Sin duda, en muchos casos los referidos hilos no tienen corriente eléctrica, pero en otros es seguro que sí la tienen, y que por lo tanto existe el riesgo de que una travesura de niño o cualquier acto accidental suscite graves consecuencias.
Pensamos que el organismo encargado debiera evitar esos riesgos por medio de una detenida inspección, por el centro y los barrios, procediendo a retirar esos cables o cubrirlos como corresponde. Lo decimos porque cada vez se los advierte en mayor cantidad. Ello, además de los que quedan al descubierto a causa de los vándalos que se dedican a violentar tapas de los medidores.





