El oficialismo local creía que dejaba atrás una semana ominosa, cuando fue sacudido rudamente por un suceso que se desarrolló en las últimas jornadas, en Buenos Aires.Una versión originada en el Senado ubicó imprevistamente en la cresta de la ola a una ex funcionaria de la administración mirandista.
Según aquella, la tucumana Malvina Seguí estaría vinculada con una maniobra enderezada a cobrar coimas a las corporaciones de los banqueros. De esa manera, frenaría la aprobación de una ley que arrima fondos al gremio bancario. Seguí, en forma tajante, negó ayer la veracidad de la especie, que había circulado desde el jueves a la noche. La senadora denunció una acción desestabilizadora de los banqueros por sus investigaciones. En realidad, el diario inglés "Financial Times" había dado la primera pista hace algunos días. Desde ese momento, la conmoción fue en aumento en los ambientes políticos.
El Senado, otra vez, apareció envuelto en una atmósfera de sospechas. La legitimidad con que se quiso rodear a la elección popular de los representantes de los Estados provinciales empieza a desmoronarse ante el nuevo escándalo. Carlos "Chacho" Alvarez renunció durante 2000 a la vicepresidencia de la Nación por la corrupción senatorial.
El oscuro episodio en el que Seguí aparecería implicada proyecta sus secuelas negativas en distintas direcciones.
Las ramificaciones
La estructura partidaria del peronismo acusa el primer impacto en forma genérica, en un año electoral.
Ante esa circunstancia, su par Cristina Fernández de Kirchner se despegó del asunto, conjeturando que la protagonista sería una senadora menemista de una provincia pobre. De paso, sumó una figura sospechosa al blanco predilecto de la ofensiva de su esposo, el precandidato Néstor Kirchner.
Seguí se preocupó por aclarar ayer que se adhiere al proyecto político de Adolfo Rodríguez Saá, aunque antes coqueteó con el riojano Carlos Menem. A este lo visitó en Anillaco, en los primeros días de julio pasado. La polvareda alcanza entonces al puntano Rodríguez Saá. El bloque de senadores oficialistas también quedó salpicado en una proporción que aún no puede mensurarse adecuadamente. La conducción -especialmente José Luis Gioja- mantiene relaciones conflictivas con la ex fiscal de Estado.
Al mirandismo le cayó pésimo el alboroto que suscitó el episodio. El mutismo se apoderó de los principales jerarcas del partido gobernante. La conexión con un caso de presuntas coimas en el Senado es lo que menos esperaba el oficialismo que gobierna en Tucumán.
No obstante, existe un principio de definición política. Si es culpable, la dejarían sola. En el Senado ocurriría algo idéntico.
La investigación judicial está en pañales, pero una política polémica como Seguí está en el corazón de la borrasca, en un momento asaz complicado para los Gobiernos de Duhalde y de Miranda.
Sin un libreto común
Los problemas políticos enredan a los colaboradores de Miranda.
Las distintas posiciones en torno de la fecha de elección de gobernador, vicegobernador, legisladores, intendentes, concejales y comisionados comunales revelan la ausencia de un libreto compartido en torno del futuro.
Mientras José Alberto Cúneo Vergés predica la conveniencia de hacer coincidir la elección provincial con la presidencial el 30 de marzo de 2003, en el gabinete se insiste en persistir en el despegue de los dos turnos. Según esa ala del mirandismo, habría que llamar a elecciones en junio del año próximo.
En realidad, parece que Miranda emite señales en una y otra dirección. Las oscilaciones crean confusión y enfrentamientos entre ambos equipos políticos. Sin embargo, resulta difícil de ignorar que Cúneo Vergés es un hombre muy próximo al gobernador.
La marcha del proceso socioeconómico condiciona la opción por una u otra hipótesis. El cálculo de las conveniencias políticas pesará también.
La nacionalización de la elección provincial tienta poderosamente a la primera línea de los hipotéticos candidatos. Estos intuyen que se verían arrastrados por el efecto positivo de la fórmula presidencial del peronismo, partido al que ven ganador el 30 de marzo.De todos modos, el prolongado lapso que mediará entre la elección y la transferencia del poder, el 29 de octubre, genera más de un interrogante sobre la gobernabilidad de la provincia.
En el corto plazo, la alianza de Miranda con Olijela Rivas no parece haber rendido los frutos soñados. Algunos seguidores del gobernador sugieren que habría llegado el momento de congelarla.
Esa reflexión madura como consecuencia del rechazo de Duhalde a la presencia de la diputada en la audiencia que concedió a Miranda. Rivas es una incondicional de Menem y eso desagrada al sucesor de Rodríguez Saá.
La experiencia indica que lo que se diseñó como una fórmula para fortificar al poder del gobernador produjo el efecto contrario. Los vínculos con el Gobierno federal se debilitaron justo cuando se necesitaba asegurar el flujo de recursos para pagar sueldos y pacificar la provincia.
En forma paralela, Miranda tampoco transmitió claridad en el orden de las opciones que están en juego en la puja de los precandidatos presidenciales. Ante esa indecisión de la cima, en los escalones inferiores se siguieron caminos diferentes. La toma de posición obedeció a diferentes convicciones y conveniencias.La aceleración del pulso político se intensificó con el dato concreto de que el 15 de diciembre los partidos políticos deberán elegir, por el sistema de las primarias abiertas, los postulantes a senadores y a diputados nacionales. Ese mismo día disputarán los aspirantes a sustituir a Duhalde en la Casa Rosada.
Planteadas así las cosas, emergió la oferta de precandidatos para las bancas nacionales. Si hay algo que el PJ da por descontado, es que Miranda y Rivas buscarán retornar al Senado.
Frente a ellos, Seguí intentará un segundo mandato, aunque el escándalo que estremece al Senado conspira en contra de su chance. Según algunos, José Alperovich tampoco descartaría luchar por un segundo período en el Senado. La mayoría de los pronósticos, empero, lo ubica en la línea de los competidores por la gobernación.Alberto Herrera está firme en su vocación de volver otra vez a Diputados, mientras que la banca que dejará vacante Rivas tienta a más de uno. En el PJ ven que el pacto sólo beneficia a dos.





