El FMI cambia para no perder liderazgo

El organismo internacional siente la necesidad de contener a las naciones en desarrollo para evitar que abandonen la institución.

Rodrigo De Rato, Shailendra Anjaria (presidente y secretario del FMI, respectivamente), Bharrat Jagdeo (el anfitrión en Singapur), Paatii Ofosu-Amaah y Paul Wolfowitz (secretario y titular del Banco Mundial), en la apertura del plenario del Fondo que se realizó la semana pasada en Singapur.
Rodrigo De Rato, Shailendra Anjaria (presidente y secretario del FMI, respectivamente), Bharrat Jagdeo (el anfitrión en Singapur), Paatii Ofosu-Amaah y Paul Wolfowitz (secretario y titular del Banco Mundial), en la apertura del plenario del Fondo que se realizó la semana pasada en Singapur.
24 Septiembre 2006
Es un juego de acciones, de representantes, de intereses y de presencia en el mundo. En ese concierto, las grandes potencias mundiales que son miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI) quieren continuar teniendo la batuta, a pesar de que mucho pasó en los últimos 62 años y que aquellas naciones que en aquel julio de 1944 decidieron formar un organismo supranacional que evite sucesos como el de la "Gran Depresión" de los años 30 ya no ocupan el mismo lugar -ni tienen el mismo peso- en el mundo del siglo XXI.
En la asamblea número 44 del FMI que se realizó en Singapur, el 90% de los 184 países que integran el Fondo aprobaron una reforma en su organismo y decidieron otorgar una cuota mayor -pero ínfima- de poder de decisión a cuatro naciones: China, Corea del Sur, Turquía y México. Los únicos que se opusieron a esa medida fueron los países de América Latina e India, que sienten que pierden espacio en el organismo que muchos de ellos -como Argentina- fundaron sin la presencia de algunos de los que ahora piden mayor participación.
Pero más allá de estos hechos concretos que se produjeron en la asamblea de Singapur, ¿qué cambia realmente en el organismo crediticio de mayor importancia a nivel mundial?, ¿qué poder obtienen las cuatro naciones congraciadas?, ¿cambia el escenario internacional respecto a las decisiones que toma el organismo?, ¿cómo queda la Argentina?
Según los especialistas consultados por LA GACETA (ver aparte), en realidad los cambios son más simbólicos que reales; el poder seguirá estando en manos de Estados Unidos y de las potencias mundiales "tradicionales", y México, Turquía China y Corea del Sur ganaron más en difusión de su imagen a nivel mundial que peso real en el organismo. ¿Por qué, entonces, los cambios? Porque, explican los expertos en política económica internacional, las potencias mundiales temen que los países en desarrollo -como los cuatro mencionados-, que vienen creciendo a tasas anuales importantes y que ganan en participación en la economía mundial, opten por armar un organismo crediticio supranacional propio. Si eso sucede, el FMI perdería poder, protagonismo y respeto.
"Es un cambio que refleja, en buena medida, las modificaciones que están operando entre los países emergentes y el mundo. Por un lado, los emergentes como grupo crecen más que el resto, y hoy sus economías son muy grandes: China es un país de más de U$S 2,6 billones PBI, y Brasil y Rusia están cerca de U$S 1 billón. Las perspectivas son que los grandes de la región (Brasil y Méjico) tendrán progresivamente más peso dentro del FMI. Argentina sigue siendo un jugador más chico, con un PBI hoy de poco más de U$S 0.2 billones", explicó Juan Luis Bour, economista jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).
"De hecho, Chile se está acercando y de ser la cuarta parte nuestra, es hoy la mitad. No veo que estos cambios perjudiquen a Argentina o los latinoamericanos, sino más bien que de ahora en más habrá que negociar con otros países, aparte de los que integran el Grupo de los Siete (EEUU, Alemania, Francia, Italia, Canadá, Gran Bretaña y Japón)", agregó Bour.
En igual sentido, el director de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral, Eduardo Fracchia, consideró que los cambios que se dieron en el seno del FMI no son significativos, y responden más a un reacomodamiento y a un sinceramiento de lo que sucede con los principales actores de la economía internacional. "Fue un reacomodamiento accionario lógico. A nivel internacional, por ejemplo, Argentina no significa ni siquiera un punto del PBI mundial y Estados Unidos representa casi el 30%", resaltó.
Los especialistas no pasaron por alto, además, que el Fondo encaró las modificaciones en el sistema de manejo de poder en momentos en que el organismo es fuertemente cuestionado por sus yeros en los asesoramientos que dio a naciones -como la nuestra- que terminaron sumidas en crisis profundas.
Lo que decidió la asamblea de la institución internacional puede resumirse en tres palabras, idénticas a las siglas que la identifican: fuerza, modificación e intransigencia. Aplicó la primera para no perder el liderazgo y la segunda y la tercera para mantenerlo. Aunque el juego de palabras parezca una contradicción.

PUNTOS DE VISTA
El manejo del poder relativo
Por Claudio Loser, ex director del FMI para el hemisferio occidental
En el FMI se está dando un proceso de reforma muy importante que apunta a cambiar la representación de los países en desarrollo en el manejo del poder dentro del Fondo. Esto se observa como un movimiento que se dará en dos etapas. La primera, que era absolutamente necesaria, fue la aprobación del aumento en la cuota de votos de cuatro países que estaban muy subrepresentados: China, Turquía, México y Corea del Sur. La otra se dará más adelante.
Ahora, los cambios son relativamente pequeños para el total de los que se producirán. Hay una propuesta de reformulación del FMI, que durará dos años, para ver cómo se produce el cambio en la representación. Según mi opinión, el grupo de países que va a perder con estas modificaciones son América Latina, salvo México, y algunos de Europa. Lo que se observa desde afuera es que América Latina no quiere soltar el poder relativo que tiene. Esta no es una visión constructiva, sino que más bien apunta a mantener los derechos adquiridos.
La decisión de otorgar más peso dentro del FMI a los cuatro países mueve el poder de decisión del Fondo en forma marginal, no es una modificación significativa, pero la que se dará dentro de dos años va a cambiar el poder de decisión en serio. Con todos estos movimientos, EEUU puede perder un poquito de poder, pero ellos tienen armas de sobra para justificar su supremacía en el organismo. Los que irán ganando presencia serán los países asiáticos y otros como China y Corea del Sur, que son naciones que vienen creciendo mucho. Los que perderían y cambiarían el poder relativo que hoy tienen, como dijimos antes, son los países europeos y latinoamericanos, que en los cálculos reales están sobrerrepresentados dentro del organismo. Argentina, por ejemplo, tiene una cuota alta de representación por lo que significaba el país en la década del 60, pero el peso que tiene ahora en el escenario internacional es ínfimo.
Estos cambios que se están dando responden a cuestiones que están bien claras. Por un lado, los países no quieren perder el poder que tienen en organismos como el FMI o el Banco Mundial. Pero saben que si no les dan el lugar que les corresponde a los países asiáticos, por ejemplo, estos tendrían la intención de dejar de prestarle atención al FMI y armarían su propio sistema, y eso sería hacerles perder a estas instituciones la relevancia que hoy tienen. Mantendrían el control de un organismo con menos representatividad. (Especial para LA GACETA)

Con una trascendencia menor
Por Carlos Zarazaga, director del departamento para América Latina de la Reserva Federal de Dallas
En su reunión anual, el pasado 18 de setiembre en Singapur, los países miembro del FMI aprobaron por mayoría cambiar la distribución de los derechos de voto en las principales decisiones del organismo, a fin de que se correspondan mejor con la participación de cada país en el PBI mundial. Por ejemplo, la economía de Corea del Sur es el doble de la de Bélgica, pero Bélgica tiene una participación accionaria (y por lo tanto, derechos a voto) tres veces mayor. La resolución adoptada por el plenario del directorio del Fondo Monetario Internacional en Singapur tiende a corregir esta situación, con pequeños pero simbólicos aumentos de las participaciones accionarias de China, México, Corea del Sur y Turquía, entre otros países.
La trascendencia de este cambio es más diplomática que real, ya que el FMI es una institución que ha perdido vigencia. Entre otras razones, porque la crisis de la deuda argentina ha dado más credibilidad a los argumentos, sólidamente fundados en la teoría económica, que sostienen que la ayuda financiera del FMI puede resultar un salvavidas de plomo, porque alienta comportamientos especulativos en bonos de la deuda que finalmente termina dañando a los países que se pretendió ayudar.

Sin rumbo
Por eso no está claro hoy en día la importancia de tener más o menos votos en una institución que parece haber perdido el rumbo. De todos modos, ciertamente la decisión no tiene mayor trascendencia para la Argentina. Primero, porque la economía argentina representa una fracción insignificante de la economía mundial y nuestro país, por lo tanto, no podría aspirar a aumentar su participación accionaria en el FMI y, segundo, porque la Argentina actualmente no tiene ningún activo o pasivo significativo con el FMI, por lo que las decisiones del organismo no pueden afectar a nuestra Nación más que de una manera meramente indirecta. (Especial para LA GACETA)

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