24 Septiembre 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- De las exposiciones del presidente Néstor Kirchner y sus pares de América Latina en la Asamblea de las Naciones Unidas, se desprende cierto trabajo conjunto en pos de focalizar los reclamos económicos de la región por la eliminación de las barreras proteccionistas y una mayor cooperación de los países centrales en el desarrollo económico de las naciones periféricas.
La dirección común de los discursos implicó un cambio en el libreto respecto de la asamblea anterior por parte de la delegación argentina. Es que en esa oportunidad, el discurso de Kirchner tuvo como eje exclusivo la crítica a la política del Fondo Monetario Internacional, absolutamente fuera de sintonía en relación con las palabras de sus colegas. Ahora el jefe de Estado volvió a criticar al organismo conducido por Rodrigo de Rato (y nuevamente fue el único en hacerlo), aunque su posición no quedó descolocada en relación con el resto de la región. Esta vez su discurso, en lo que a cuestiones económicas se refiere, estuvo más en concordancia con los de Michelle Bachelet, Lula da Silva o Nicanor Duarte Frutos, en cuanto a remarcar la necesidad de la apertura de los mercados de los países desarrollados, más allá de aspectos específicos en los reclamos de cada país. En el discurso del mexicano Vicente Fox, con casi 13 años de NAFTA a cuestas y a pocos días de concluir su mandato, los reclamos económicos estuvieron comprensiblemente ausentes.
Pero la cuestión comercial es imposible de obviar al repasar los otros discursos. Así quedó expuesto en el reclamo de Bachelet a "nuestros amigos desarrollados": "abrir sus mercados a los productos del sur es un imperativo de justicia. Con ello estaremos dando un paso gigantesco hacia la eliminación de la pobreza. Redoblemos, pues, nuestros esfuerzos para llevar a buen puerto la Ronda de Doha y avanzar en los procesos de integración a nivel regional". En el mismo sentido, se expresó Lula, destacando la importancia de la apertura comercial de los países centrales: "eliminar las barreras que traban el desarrollo de los países pobres es un deber ético para la comunidad internacional".
Por último, Duarte Frutos advirtió que "se deben derribar las barreras arancelarias y para-arancelarias, que aplican no sólo los países desarrollados sino también nuestros socios regionales".
Los tres en sintonía con Kirchner: "vemos con preocupación la falta de avance en la ronda de Doha para el desarrollo de la OMC. Es necesario alcanzar un resultado satisfactorio en agricultura que contemple la reducción sustancial de los subsidios", señaló Kirchner.
Pero las coincidencias de criterio en materia discursiva no se extendieron al plano de los contactos con inversores, en el que la campaña oficial insiste en presentar como grandes logros la reiteración de anuncios, sin poder disimular el escaso éxito en las convocatorias.
Que después de más de tres años de gestión, un presidente deba trasladarse a Estados Unidos para atraer inversiones es en sí mismo una señal de que algo se vino haciendo mal. Y que, una vez anunciado ese propósito, la respuesta de los empresarios en Nueva York y en Singapur haya sido tan decepcionante, pone en evidencia el paupérrimo trabajo de servicio exterior. Mucho más si se traza una comparación con el trato dispensado a los otros mandatarios de la región. La trascendencia que quiso dársele desde círculos oficiales a la presencia de Kirchner en la apertura de la rueda en Wall Street, dejó pasar por alto que la tarea de accionar la tradicional campanilla no está ciertamente reservada a los grandes líderes del planeta.
Como muestra, baste señalar que el encargado de hacerlo antes de Kirchner fue el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y quien lo siguió en la responsabilidad fue el georgiano Mikheil Saakashvili. Quizás algún operador neoyorquino lo recuerde... (DyN)
La dirección común de los discursos implicó un cambio en el libreto respecto de la asamblea anterior por parte de la delegación argentina. Es que en esa oportunidad, el discurso de Kirchner tuvo como eje exclusivo la crítica a la política del Fondo Monetario Internacional, absolutamente fuera de sintonía en relación con las palabras de sus colegas. Ahora el jefe de Estado volvió a criticar al organismo conducido por Rodrigo de Rato (y nuevamente fue el único en hacerlo), aunque su posición no quedó descolocada en relación con el resto de la región. Esta vez su discurso, en lo que a cuestiones económicas se refiere, estuvo más en concordancia con los de Michelle Bachelet, Lula da Silva o Nicanor Duarte Frutos, en cuanto a remarcar la necesidad de la apertura de los mercados de los países desarrollados, más allá de aspectos específicos en los reclamos de cada país. En el discurso del mexicano Vicente Fox, con casi 13 años de NAFTA a cuestas y a pocos días de concluir su mandato, los reclamos económicos estuvieron comprensiblemente ausentes.
Pero la cuestión comercial es imposible de obviar al repasar los otros discursos. Así quedó expuesto en el reclamo de Bachelet a "nuestros amigos desarrollados": "abrir sus mercados a los productos del sur es un imperativo de justicia. Con ello estaremos dando un paso gigantesco hacia la eliminación de la pobreza. Redoblemos, pues, nuestros esfuerzos para llevar a buen puerto la Ronda de Doha y avanzar en los procesos de integración a nivel regional". En el mismo sentido, se expresó Lula, destacando la importancia de la apertura comercial de los países centrales: "eliminar las barreras que traban el desarrollo de los países pobres es un deber ético para la comunidad internacional".
Por último, Duarte Frutos advirtió que "se deben derribar las barreras arancelarias y para-arancelarias, que aplican no sólo los países desarrollados sino también nuestros socios regionales".
Los tres en sintonía con Kirchner: "vemos con preocupación la falta de avance en la ronda de Doha para el desarrollo de la OMC. Es necesario alcanzar un resultado satisfactorio en agricultura que contemple la reducción sustancial de los subsidios", señaló Kirchner.
Pero las coincidencias de criterio en materia discursiva no se extendieron al plano de los contactos con inversores, en el que la campaña oficial insiste en presentar como grandes logros la reiteración de anuncios, sin poder disimular el escaso éxito en las convocatorias.
Que después de más de tres años de gestión, un presidente deba trasladarse a Estados Unidos para atraer inversiones es en sí mismo una señal de que algo se vino haciendo mal. Y que, una vez anunciado ese propósito, la respuesta de los empresarios en Nueva York y en Singapur haya sido tan decepcionante, pone en evidencia el paupérrimo trabajo de servicio exterior. Mucho más si se traza una comparación con el trato dispensado a los otros mandatarios de la región. La trascendencia que quiso dársele desde círculos oficiales a la presencia de Kirchner en la apertura de la rueda en Wall Street, dejó pasar por alto que la tarea de accionar la tradicional campanilla no está ciertamente reservada a los grandes líderes del planeta.
Como muestra, baste señalar que el encargado de hacerlo antes de Kirchner fue el presidente de Afganistán, Hamid Karzai, y quien lo siguió en la responsabilidad fue el georgiano Mikheil Saakashvili. Quizás algún operador neoyorquino lo recuerde... (DyN)
Por Marcelo Batiz, agencia DYN. Si bien el discurso de Kirchner coincidió en parte con el de otros presidentes de América Latina, se diferenció nuevamente en las críticas a las políticas que aplica el FMI.







