19 Septiembre 2006 Seguir en 
Bangkok.- El Ejército de Tailandia dio hoy un golpe de Estado para derrocar al primer ministro, Thaksin Shinawatra, e impuso una autoridad provisional leal al rey Bhumibol Adulyadej.
Los rebeldes disolvieron de inmediato el Senado y el gabinete y nombraron como nuevo primer ministro a Surayudh Chulanont, hombre de confianza del monarca.
Shinawatra, un ex policía que hizo una fortuna multimillonaria con un emporio de las telecomunicaciones, asistía en Nueva York a la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando se produjo el golpe y, desde allí, declaró a su país bajo estado de emergencia.
El primer ministro se mostró confiado en que la intentona fracasará y dijo que seguía los episodios que se suceden en su país con tranquilidad.
"El golpe no tendrá éxito", dijo Shinawatra a través de un portavoz, quien precisó que las fuerzas armadas fieles al premier restablecerán la legalidad.
Desde la abolición de la monarquía absolutista, en 1932, Tailandia (en el sudeste asiático) ha soportado 32 golpes de estado, al punto de que los cinco años que Shinawatra lleva en el poder constituyen un récord para la historia moderna del país.
Los militares rebeldes emitieron un anuncio por un canal de televisión regido por el Ejército y señalaron que tomaron el control en Bangkok con el alegado propósito de mantener la ley y el orden.
Los militares golpistas acusan al gobierno de haber dividido al país y de estar involucrado en varios casos de corrupción.
Varios carros blindados y vehículos de uso militar rodearon la sede del gobierno en Bangkok y otros fueron enviados con tropas para ocupar el principal canal de televisión.
En tanto, tropas aparentemente leales al primer ministro destituido tomaron posiciones en diversas sedes del Poder Ejecutivo, en un intento para combatir la asonada.
El principal canal estatal quedó bajo el poder de los rebeldes y el resto de las cadenas televisivas públicas en Bangkok suspendió sus transmisiones. También fueron interrumpidas las señales de varias estaciones occidentales de información.
Desde 1932 rige en Tailandia una monarquía constitucional y un sistema en el que las provincias dependen del poder central. (Télam)
Los rebeldes disolvieron de inmediato el Senado y el gabinete y nombraron como nuevo primer ministro a Surayudh Chulanont, hombre de confianza del monarca.
Shinawatra, un ex policía que hizo una fortuna multimillonaria con un emporio de las telecomunicaciones, asistía en Nueva York a la Asamblea General de las Naciones Unidas cuando se produjo el golpe y, desde allí, declaró a su país bajo estado de emergencia.
El primer ministro se mostró confiado en que la intentona fracasará y dijo que seguía los episodios que se suceden en su país con tranquilidad.
"El golpe no tendrá éxito", dijo Shinawatra a través de un portavoz, quien precisó que las fuerzas armadas fieles al premier restablecerán la legalidad.
Desde la abolición de la monarquía absolutista, en 1932, Tailandia (en el sudeste asiático) ha soportado 32 golpes de estado, al punto de que los cinco años que Shinawatra lleva en el poder constituyen un récord para la historia moderna del país.
Los militares rebeldes emitieron un anuncio por un canal de televisión regido por el Ejército y señalaron que tomaron el control en Bangkok con el alegado propósito de mantener la ley y el orden.
Los militares golpistas acusan al gobierno de haber dividido al país y de estar involucrado en varios casos de corrupción.
Varios carros blindados y vehículos de uso militar rodearon la sede del gobierno en Bangkok y otros fueron enviados con tropas para ocupar el principal canal de televisión.
En tanto, tropas aparentemente leales al primer ministro destituido tomaron posiciones en diversas sedes del Poder Ejecutivo, en un intento para combatir la asonada.
El principal canal estatal quedó bajo el poder de los rebeldes y el resto de las cadenas televisivas públicas en Bangkok suspendió sus transmisiones. También fueron interrumpidas las señales de varias estaciones occidentales de información.
Desde 1932 rige en Tailandia una monarquía constitucional y un sistema en el que las provincias dependen del poder central. (Télam)
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