15 Septiembre 2002 Seguir en 
El mirandismo compró algo de tiempo para seguir al frente del Estado. Pero la situación tuvo virajes: el poder se atomizó y la crisis se agrava, con un debilitamiento institucional que salpica a la figura del gobernador.
"Es tarde, se cometieron demasiados errores y Miranda no tiene fuerza para bajar el gasto público", fue la respuesta negativa más descarnada que recibieron los negociadores que ofrecían el Ministerio de Economía. Nadie lo aceptaba, en medio de una soledad espantosa.
En un gobierno en el que cuesta tomar decisiones urticantes, la solución que pasa por la fuerte jugada del tranqueño Osvaldo Jaldo depende de lo que esté dispuesto a hacer el gobernador.
Los ajustes y las medidas antipáticas que siempre fueron olvidados deberían ser aplicados ahora o los déficit quedarán como un cáncer incurable para el futuro.
En estos momentos está en debate quién será el sucesor de Miranda, en medio de un desbande. A veces parece que en Tucumán el reloj atrasa y que los dirigentes hablan un idioma que ya no se usa en el mundo. "Por las dudas, lo mejor es no salir en ninguna foto al lado de Miranda", le aconsejaron sin delicadeza a un político, en Buenos Aires.
Los empresarios miran esto con entendible desconfianza. Dicen que el mirandismo jamás se ocupó de encarrilar la economía privada mediante planes estratéticos e incentivos que apunten al bien común; que tuvo siempre un diálogo indiferente con las empresas; que no les devuelve los $ 80 millones de Bocade que depositaron en las Operatorias FET, y que ahora pretende cobrarles más impuestos.
Por la devaluación, Tucumán vive un insólito buen año para los exportadores, en medio de la recesión, la muerte del crédito y la huida de las inversiones. La soja y el azúcar andan muy bien, y el limón apenas zafó. Sin embargo, una enorme mayoría de la economía está debajo de la lona.
"Si no se soluciona el escándalo de los Bocade y los bonos entran en default, el desagio por la falta de canje será monstruoso. La gente perderá gran parte del valor de sus billetes y se fundirá la mitad de las empresas", sostienen en los bancos. Sería una tétrica implosión de la economía, que el ministro Jaldo debe evitar, con una brutal caída en los ingresos de la gente.
El Estado, mientras tanto, no baja sus gastos ni les da un mejor uso, pero hace sufrir a los estatales y le pide más sacrificios a una sociedad que está harta y agotada. Con los fondos sociales despilfarrados hacia fundaciones fantasmas o amigos, se podrían haber construido varios puentes Lucas Córdoba o dado vida a decenas de ONG que realmente ayudan a muchos miles de hambrientos y necesitados.
Miranda no logrará con magia y sin el apoyo de Duhalde la multiplicación de los peces y los panes. En cambio, tendrá que decidir, en el peor momento de gestión, si se pone al frente de la transformación, para que Jaldo sobreviva, o si mira para otro lado y deja que su ministro sea vapuleado por la realidad. Para colmo, en Buenos Aires no miran al gobernador con simpatía y eso demora el envío de fondos.
Con un enorme endeudamiento y un Estado inmanejable, se necesita una firme voluntad política para completar el mandato.En cambio, se prepara una retirada organizada, que podría incluir una reforma constitucional, para ejecutar una reforma política y cambiar jueces.
Después de tantos errores, es posible rectificar el rumbo, pero sin olvidar que Tucumán perdió autonomía y depende más de la menguada generosidad financiera de Duhalde. Sin auxilio externo no hay salida.
Todo es penoso para un gobierno en retirada, que abandona el poder y quiere anticipar las elecciones para marzo, porque está confundido y sin planes.
"Es tarde, se cometieron demasiados errores y Miranda no tiene fuerza para bajar el gasto público", fue la respuesta negativa más descarnada que recibieron los negociadores que ofrecían el Ministerio de Economía. Nadie lo aceptaba, en medio de una soledad espantosa.
En un gobierno en el que cuesta tomar decisiones urticantes, la solución que pasa por la fuerte jugada del tranqueño Osvaldo Jaldo depende de lo que esté dispuesto a hacer el gobernador.
Los ajustes y las medidas antipáticas que siempre fueron olvidados deberían ser aplicados ahora o los déficit quedarán como un cáncer incurable para el futuro.
En estos momentos está en debate quién será el sucesor de Miranda, en medio de un desbande. A veces parece que en Tucumán el reloj atrasa y que los dirigentes hablan un idioma que ya no se usa en el mundo. "Por las dudas, lo mejor es no salir en ninguna foto al lado de Miranda", le aconsejaron sin delicadeza a un político, en Buenos Aires.
Los empresarios miran esto con entendible desconfianza. Dicen que el mirandismo jamás se ocupó de encarrilar la economía privada mediante planes estratéticos e incentivos que apunten al bien común; que tuvo siempre un diálogo indiferente con las empresas; que no les devuelve los $ 80 millones de Bocade que depositaron en las Operatorias FET, y que ahora pretende cobrarles más impuestos.
Por la devaluación, Tucumán vive un insólito buen año para los exportadores, en medio de la recesión, la muerte del crédito y la huida de las inversiones. La soja y el azúcar andan muy bien, y el limón apenas zafó. Sin embargo, una enorme mayoría de la economía está debajo de la lona.
"Si no se soluciona el escándalo de los Bocade y los bonos entran en default, el desagio por la falta de canje será monstruoso. La gente perderá gran parte del valor de sus billetes y se fundirá la mitad de las empresas", sostienen en los bancos. Sería una tétrica implosión de la economía, que el ministro Jaldo debe evitar, con una brutal caída en los ingresos de la gente.
El Estado, mientras tanto, no baja sus gastos ni les da un mejor uso, pero hace sufrir a los estatales y le pide más sacrificios a una sociedad que está harta y agotada. Con los fondos sociales despilfarrados hacia fundaciones fantasmas o amigos, se podrían haber construido varios puentes Lucas Córdoba o dado vida a decenas de ONG que realmente ayudan a muchos miles de hambrientos y necesitados.
Miranda no logrará con magia y sin el apoyo de Duhalde la multiplicación de los peces y los panes. En cambio, tendrá que decidir, en el peor momento de gestión, si se pone al frente de la transformación, para que Jaldo sobreviva, o si mira para otro lado y deja que su ministro sea vapuleado por la realidad. Para colmo, en Buenos Aires no miran al gobernador con simpatía y eso demora el envío de fondos.
Con un enorme endeudamiento y un Estado inmanejable, se necesita una firme voluntad política para completar el mandato.En cambio, se prepara una retirada organizada, que podría incluir una reforma constitucional, para ejecutar una reforma política y cambiar jueces.
Después de tantos errores, es posible rectificar el rumbo, pero sin olvidar que Tucumán perdió autonomía y depende más de la menguada generosidad financiera de Duhalde. Sin auxilio externo no hay salida.
Todo es penoso para un gobierno en retirada, que abandona el poder y quiere anticipar las elecciones para marzo, porque está confundido y sin planes.







