14 Septiembre 2002 Seguir en 
La audacia de los delincuentes no tiene límite. La Policía descubrió una banda de hombres, presuntamente liderados por el dueño de un corralón, que desarmaban casas que se utilizaban sólo los fines de semana, y luego se llevaban las partes para venderlas.
Efectivos de Investigaciones, al mando de los comisarios Marcial Escobar y Carlos Vega, habían recibido información acerca de las actividades de los sospechosos. Por eso, una comisión integrada por los oficiales Ramón Vizcarra, Américo Salas, Miguel Suárez y Jesús Roldán fueron hasta el corralón, ubicado en la zona del Mercofrut, y esperaron en la parte de afuera. Poco después vieron salir un camión, con muchos hombres, y lo siguieron. Los sospechosos fueron hasta la zona conocida como San Miguel, en Cruz Alta, donde se detuvieron frente a una casa y rápidamente empezaron a desarmarla. Así, según la información oficial, le sacaron las tejas, las puertas, las ventanas y los tirantes. Los policías, entonces, comenzaron a preguntarles a los vecinos de quién era la casa, y les respondieron que el propietario era Héctor Raúl Amado, quien se domicilia en Banda del Río Salí, y dijeron que ellos no sabían que se hubiera ordenado desarmar la vivienda.
Entonces los investigadores entraron a la propiedad y les preguntaron a los obreros qué estaban haciendo. Uno de ellos respondió que el dueño del corralón les había ordenado llevarse todo de la casa. Ante esto, los policías detuvieron a toda la cuadrilla, doce personas incluido un menor, y los pusieron a disposición de la Justicia. Anoche prestaban declaración ante la fiscal Joaquina Vermal y ante el secretario Ernesto Baaclini. Mientras tanto, se había pedido orden de detención para el propietario del corralón.
Los investigadores, además, supieron que, obrando de manera similar, otras casas, ubicadas en San Andrés, habían sido totalmente desarmadas. Según averiguaron, cuando los dueños fueron a ver sus propiedades, se encontraron solamente con el contrapiso, donde antes se levantaba una casa.
Aparentemente los materiales obtenidos con el robo, eran luego revendidos en el corralón. Los sospechosos, además, contarían con informantes en distintas localidades, que "marcaban" las casas que debían ser desarmadas.
Efectivos de Investigaciones, al mando de los comisarios Marcial Escobar y Carlos Vega, habían recibido información acerca de las actividades de los sospechosos. Por eso, una comisión integrada por los oficiales Ramón Vizcarra, Américo Salas, Miguel Suárez y Jesús Roldán fueron hasta el corralón, ubicado en la zona del Mercofrut, y esperaron en la parte de afuera. Poco después vieron salir un camión, con muchos hombres, y lo siguieron. Los sospechosos fueron hasta la zona conocida como San Miguel, en Cruz Alta, donde se detuvieron frente a una casa y rápidamente empezaron a desarmarla. Así, según la información oficial, le sacaron las tejas, las puertas, las ventanas y los tirantes. Los policías, entonces, comenzaron a preguntarles a los vecinos de quién era la casa, y les respondieron que el propietario era Héctor Raúl Amado, quien se domicilia en Banda del Río Salí, y dijeron que ellos no sabían que se hubiera ordenado desarmar la vivienda.
Entonces los investigadores entraron a la propiedad y les preguntaron a los obreros qué estaban haciendo. Uno de ellos respondió que el dueño del corralón les había ordenado llevarse todo de la casa. Ante esto, los policías detuvieron a toda la cuadrilla, doce personas incluido un menor, y los pusieron a disposición de la Justicia. Anoche prestaban declaración ante la fiscal Joaquina Vermal y ante el secretario Ernesto Baaclini. Mientras tanto, se había pedido orden de detención para el propietario del corralón.
Los investigadores, además, supieron que, obrando de manera similar, otras casas, ubicadas en San Andrés, habían sido totalmente desarmadas. Según averiguaron, cuando los dueños fueron a ver sus propiedades, se encontraron solamente con el contrapiso, donde antes se levantaba una casa.
Aparentemente los materiales obtenidos con el robo, eran luego revendidos en el corralón. Los sospechosos, además, contarían con informantes en distintas localidades, que "marcaban" las casas que debían ser desarmadas.







