No escucharon golpes, pero sí discusiones

En el edificio en el que viven las imputadas, los vecinos no salen de su asombro por lo sucedido. "Nos cuesta pensar que pudo haber pasado algo así aquí adentro".

06 Septiembre 2006
Las paredes están pintadas de un fino color champagne. Los pisos tienen cerámicos rosas. El edificio de siete pisos, ubicado en Catamarca 30, fue construido en 1998. Las grandes puertas de chapa que aíslan la escalera de los palieres (por seguridad) dificultan escuchar las conversaciones de un piso a otro; pero los ladrillos huecos con los que se levantó la construcción permiten oír algo. Cuestiones, por ejemplo, a las que los vecinos no les dieron mucha importancia hasta que se enteraron de que las dos mujeres que habitaban el departamento A del séptimo piso habían sido vinculadas por la Justicia a un caso de desaparición.
“Durante la primera semana de agosto, escuché en varias oportunidades que estas dos mujeres, que se presentaban como hermanas, discutían. Ese lunes recuerdo que sentí algunos gritos, pero me pareció una pelea normal, que pueden tener dos personas. No escuché golpes, ni nada de eso”, recalcó un habitante del edificio, que no quiso identificarse. El hombre vive en un departamento con orientación hacia el oeste. Estos tienen un solo dormitorio, a diferencia de los que tienen su balcón hacia el frente (este), como el que habitaban las sospechosas Nélida Fernández y Susana Acosta. En este caso, los domicilios tienen dos piezas.

Sorprendidos
“Los departamentos son muy cómodos y hay sólo dos por piso. Tienen un comedor de unos 25 metros cuadrados, una cocina chica, un pasillo, un baño y uno o dos dormitorios amplios”, explicó el vecino, quien se mostró asombrado con el relato de dos testigos que aseguraron a la Justicia que las detenidas habrían golpeado a la maestra Angela Beatriz Argañaraz dentro del edificio, el lunes 31 de julio.
“Esa mañana me crucé con Susana en la puerta. Parecía ansiosa, pero no fue nada raro. A la rubia (Nélida) no la vi. Esa tarde hubo mucho silencio; no se escuchó la tele prendida, ni a la nena, que a veces se la oía cantando”, relató.

Un misterio
Casi nadie sube a la azotea del edificio. Mucho menos van al subsuelo. Allí, la Policía encontró una baulera con una mancha de sangre. “Esa baulera es de un contador que tiene una oficina en la planta baja. El hombre ni siquiera tiene la llave. Está en desuso desde hace años”, dijo una vecina.
Otro vecino, que se identificó como Jorge, comentó que, a su parecer, si las mujeres bajaron un cuerpo -tal como suponen los investigadores- fueron primero hasta el subsuelo. “Hasta el lunes a la mañana las puertas del ascensor eran de tipo tijera. Las acaban de cambiar, porque estaban prohibidas. Las tijeras permiten que se vea todo. Pienso que bajando hasta el subsuelo, donde está todo oscuro, es más fácil revisar que nadie vea nada desde afuera”, opinó el hombre. “Nos cuesta pensar que pudo haber pasado algo así aquí adentro. Pero esto demuestra la mancha de sangre que halló la Policía en la baulera”, añadió. En el subsuelo del edificio también funciona la bomba de agua. El lugar está a oscuras y unos 20 escalones lo separan de la planta baja.