31 Agosto 2006 Seguir en 
Tom trabaja en bienes raíces en París. En realidad, se ocupa del trabajo sucio relacionado con el negocio inmobiliario: desalojar okupas, inquilinos, inmigrantes, mujeres y niños en medio de la noche; sembrar edificios de ratas; irrumpir, golpear, extorsionar, lo que fuera necesario. Lo suyo es una suerte de herencia familiar que viene de la rama paterna: su padre, ahora viejo y algo decadente (y siempre dispuesto a hacer uso de esa debilidad para manipularlo), se dedica a asuntos similares y reclama de él ayuda y opiniones que no escucha. Con él, Tom será cruel y protector a la vez.
Por el lado de la madre muerta, en tanto, la influencia es musical: un día, Tom encuentra por casualidad al ex representante de ella, concertista de piano. El hombre recuerda que el chico sabía tocar y le pregunta si querría hacer una prueba para él. Tom pide una fecha para la audición, consigue un tutor (una virtuosa pianista china que no sabe una palabra de francés) y empieza a entrenar con la constancia de Sylvester Stallone en "Rocky", con la chica de sparring y con la fecha de la audición como deadline.
En la alternancia de estos dos universos (el submundo inmobiliario-mafioso y el de la música clásica) que se revelan cada vez más incompatibles entre sí, descansa toda la película. Su protagonista es un tipo contradictorio, capaz de conmoverse con una nota y de moler a palos a alguien con la misma intensidad, lo que es replicado desde los elementos formales: por momentos la cámara en mano se mueve nerviosa, en otros reposa sobre los personajes; la banda de sonido alterna Bach con lo último de la música electrónica. De manera algo esquemática, violencia y arte se exhiben como polaridades representadas por la figura del padre presente y de la madre ausente.
Por el lado de la madre muerta, en tanto, la influencia es musical: un día, Tom encuentra por casualidad al ex representante de ella, concertista de piano. El hombre recuerda que el chico sabía tocar y le pregunta si querría hacer una prueba para él. Tom pide una fecha para la audición, consigue un tutor (una virtuosa pianista china que no sabe una palabra de francés) y empieza a entrenar con la constancia de Sylvester Stallone en "Rocky", con la chica de sparring y con la fecha de la audición como deadline.
En la alternancia de estos dos universos (el submundo inmobiliario-mafioso y el de la música clásica) que se revelan cada vez más incompatibles entre sí, descansa toda la película. Su protagonista es un tipo contradictorio, capaz de conmoverse con una nota y de moler a palos a alguien con la misma intensidad, lo que es replicado desde los elementos formales: por momentos la cámara en mano se mueve nerviosa, en otros reposa sobre los personajes; la banda de sonido alterna Bach con lo último de la música electrónica. De manera algo esquemática, violencia y arte se exhiben como polaridades representadas por la figura del padre presente y de la madre ausente.







