10 Septiembre 2002 Seguir en 
Por beneficios derivados de la imposición del corralito, el default, la devaluación y la pesificación, y por su temor a que el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER) actúe en su contra, muchos tucumanos tratan, en lo posible, de cancelar sus créditos bancarios o todo tipo de deuda que pueda estar sujeta a los vaivenes de la inestabilidad económica.
Desde mayo, especialmente, la mayor parte de los pequeños, medianos o grandes clientes de bancos han acelerado el pago de sus compromisos. Según un relevamiento efectuado por LA GACETA en los bancos de primera línea, esa cancelación anticipada o mejoramiento de la cartera morosa fluctúa entre el 25% y el 40% del total de créditos. Este hecho duplica y hasta triplica las expectativas que tenían algunas entidades crediticias. El porcentaje de pagos anticipados es similar al promedio registrado en otras provincias.
En el orden nacional, según estadísticas de mayo del Banco Central, la inestabilidad económica movilizó a los argentinos a tratar de cortar sus vínculos con los bancos. En febrero la cancelación sumó $ 1.440 millones; en marzo, $ 1.000 millones; en abril, $ 1.930 millones, y en mayo, $ 2.430 millones. De esa forma, la cartera de préstamos bancarios cayó entre enero y agosto -a nivel nacional- un 26,1%. Esto significa una merma de $ 13.267 millones en el sector privado no financiero (ahorristas y empresas).
Siempre, de enero a agosto de este año, los préstamos hipotecarios bajaron un 18,47%, por un volumen de $ 2.955 millones; los personales, un 29,55%, por $ 1.420 millones, y los prendarios, un 25,7%, por $ 944 millones.
El primer factor que incidió en favor de los deudores fue la pesificación de sus compromisos contraídos en dólares.
En Tucumán, al igual que en otras provincias, los más favorecidos en ese sentido fueron los grandes clientes dedicados a la actividad agroindustrial exportadora puesto que, además de ver disminuidas sus deudas, se benefician notablemente por la dolarización de sus ingresos.
No les fue nada bien a los importadores ni a los comerciantes, en general. En el caso de los primeros, la casi totalidad de ellos pasó a situación irregular con los bancos locales. Ello se debe a que no pudieron afrontar sus deudas en dólares, en el exterior, y porque la contracción del mercado local le impidió trasladar el precio-dólar a la mercadería importada.
A los comerciantes, el cóctel generado por la inflación, la retracción del consumo, y el desagio de los bonos les resultó fatal.
Desde mayo, especialmente, la mayor parte de los pequeños, medianos o grandes clientes de bancos han acelerado el pago de sus compromisos. Según un relevamiento efectuado por LA GACETA en los bancos de primera línea, esa cancelación anticipada o mejoramiento de la cartera morosa fluctúa entre el 25% y el 40% del total de créditos. Este hecho duplica y hasta triplica las expectativas que tenían algunas entidades crediticias. El porcentaje de pagos anticipados es similar al promedio registrado en otras provincias.
En el orden nacional, según estadísticas de mayo del Banco Central, la inestabilidad económica movilizó a los argentinos a tratar de cortar sus vínculos con los bancos. En febrero la cancelación sumó $ 1.440 millones; en marzo, $ 1.000 millones; en abril, $ 1.930 millones, y en mayo, $ 2.430 millones. De esa forma, la cartera de préstamos bancarios cayó entre enero y agosto -a nivel nacional- un 26,1%. Esto significa una merma de $ 13.267 millones en el sector privado no financiero (ahorristas y empresas).
Siempre, de enero a agosto de este año, los préstamos hipotecarios bajaron un 18,47%, por un volumen de $ 2.955 millones; los personales, un 29,55%, por $ 1.420 millones, y los prendarios, un 25,7%, por $ 944 millones.
El primer factor que incidió en favor de los deudores fue la pesificación de sus compromisos contraídos en dólares.
En Tucumán, al igual que en otras provincias, los más favorecidos en ese sentido fueron los grandes clientes dedicados a la actividad agroindustrial exportadora puesto que, además de ver disminuidas sus deudas, se benefician notablemente por la dolarización de sus ingresos.
No les fue nada bien a los importadores ni a los comerciantes, en general. En el caso de los primeros, la casi totalidad de ellos pasó a situación irregular con los bancos locales. Ello se debe a que no pudieron afrontar sus deudas en dólares, en el exterior, y porque la contracción del mercado local le impidió trasladar el precio-dólar a la mercadería importada.
A los comerciantes, el cóctel generado por la inflación, la retracción del consumo, y el desagio de los bonos les resultó fatal.







