Falta hondura dramática

Por Jorge Figueroa - Redacción de LA GACETA

14 Agosto 2006
La tragedia de Sófocles gira alrededor de un personaje central. En Edipo se pueden advertir todos los conflictos de los que quiso hablar el poeta griego; por eso es que, en cualquier puesta que respete la versión tradicional de la historia, todos los ojos están puestos sobre él. ¿Qué decir, entonces, de la interpretación de Ricardo Salim? Excepto en una de las escenas finales, cuando relata su tragedia ante el pueblo, el actor no ahonda en la carga dramática del personaje, y aparece como no concentrado. Se sabe que cualquier actor, aun entre los más notables, puede tener una mala noche (el sábado, Salim tuvo vacilaciones en el inicio de un monólogo e ingresó a destiempo en otro, cuando el coro aún no había concluido su parte), pero lo cierto es que su representación no alcanza la altura expresiva del personaje, ni la transmite. En el resto del elenco se destaca Jorge García (como el mensajero de Corinto).
En la puesta existe el propósito (logrado) de que, de entrada, el espectador se sitúe en el espacio histórico en el que se plantea el relato, objetivo para el que la escenografía, la música y la iluminación colaboran bastante.







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