La clase media tucumana vuelve a tomar el ómnibus

No crece la venta de boletos.Las empresas de transporte de pasajeros notan un cambio en el segmento de usuarios. La población de menos recursos ahora se mueve a pie o en bicicleta.

09 Septiembre 2002
La profunda crisis económica ha cambiado definitivamente todos los hábitos de consumo del tucumano. Así como modificó la manera de comprar, la grave disminución del poder adquisitivo también alteró la manera en que el ciudadano se traslada de un lugar a otro, sin distinción de clases sociales. Con el fuerte aumento de los combustibles -más del 80%, las naftas y 110%, el gasoil-, las llamadas clase media y media alta lentamente comenzaron a retornar al uso del transporte público de pasajeros y a dejar sus vehículos en casa. Otra propuesta que surgió entre vecinos de distintos barrios, sobre todo de Yerba Buena, es utilizar un solo vehículo para el traslado de varios niños al colegio, como una especie de pool colectivo, que se van rotando día a día. Así abaratan los costos.
Otra iniciativa que surgió es la de remises que van por las paradas de colectivos en busca de pasajeros por el valor del cospel -es decir, $0,80-, y realizan el mismo recorrido del ómnibus.
En tanto, las personas de menos recursos volvieron a la bicicleta o a caminar para cuidar en extremo el bolsillo. Además, la semana pasada surgió la noticia de que se estaría por implementar la "moto-taxi" por la cual una persona puede contratar el servicio de una moto para el traslado de un lugar a otro. Este sistema, en la práctica, ya lo estaban realizando varias mensajerías. Los taxistas, en cambio, sintieron fuertemente el impacto. Cada día tienen menos pasajeros y mantener el auto (repuestos, seguros, combustibles y chofer) les resulta cada vez más cuesta arriba.
Es decir que hay un movimiento social en materia de pasajeros.

Corte de boletos
Paradójicamente, la misma crisis que por un lado condiciona la sustentabilidad del transporte urbano de Tucumán al aumentar el costo de los insumos básicos, por el otro parece estar aportándole, en cierto sector y lentamente, los pasajeros necesarios para recuperar el corte de boletos, pero sin llegar a los niveles históricos.
Según registros oficiales, las empresas de transporte urbano retiraron en junio de este año apenas 2,9 millones de cortes de boletos, frente a los 4,5 millones del mismo mes del año pasado. Sin embargo, la cifra de julio trepó a 3,6 millones de cortes y en agosto subió a 4,4 millones. Aunque la recuperación fue muy leve, el número es inferior a agosto de 2001, cuando se cortaron 4,9 millones de boletos.
Un importante empresario de transporte admitió que la cantidad de pasajeros por unidad no aumentó prácticamente nada, pero asegura que sí se observó, desde la devaluación, un cambio del segmento de pasajeros. "Ahora se ve más gente de clase media y hasta profesionales de traje y señoras de tapados de piel que viajan en ómnibus", admitió.
Un ingeniero que vive en el barrio Marti Coll reconoció que ahora viaja en micro para trasladarse a su lugar de trabajo en la capital. La explicación es que prefiere dejar su vehículo en casa, ya que es más barato el precio del boleto que ponerle tres o cuatro litros de nafta al auto o pagar un remise.
Las empresas de transporte no logran recuperar a la clase trabajadora, que ahora viaja en moto, bicicleta o camina; o lo que es peor, perdió su empleo y ya no necesita del transporte. Otro empresario dijo que los constantes paros de los estatales, municipales y docentes van en contra del transporte de pasajeros. "Cada vez que hay medidas de fuerza de los docentes, disminuye notablemente la cantidad de pasajeros", remarcó. Pero admitió que los abonos, tanto estudiantiles como solidarios, continúan siendo un factor importante de ventas El gran inconveniente que tiene el sector es que la tarifa está pesificada y los insumos, dolarizados. "Mantener la flota de colectivos resulta carísimo. Una cubierta que costaba $350 ahora vale $1.400; los repuestos también están por las nubes y el gasoil nos cuesta $0,90. Con los bonos perdemos $20.000 mensuales en desagio. Con este panorama el precio del cospel debería rondar entre $2,80 y $2,90, pero es imposible implementar ese aumento", agregó.
El gerente de una línea de colectivos urbanos admitió que durante la convertibilidad se perdió la cultura del colectivo. "El gran desafío que tenemos es que vuelva esa cultura brindando un buen servicio, seguro y económico", rescató. No obstante, resaltó que para ello también es necesario que vuelva la financiación, que la situación del país mejore rápidamente y que el Estado controle a los transportes ilegales.

Las promociones
Hay empresas interurbanas que, promocionando su recorrido (como por ejemplo las líneas que llegan hasta el Mercofrut), incrementaron la venta de pasajes, según las autoridades provinciales del sector. "Las líneas arrancaron con un servicio; ahora, tienen dos y la demanda va creciendo", admitió un funcionario.
Las quejas habituales de los pasajeros siguen generándose en el mal estado de algunas unidades, la falta de higiene y la demora en las frecuencias. Las autoridades de Transporte de la Municipalidad capitalina com- parten que la crisis aumentó la cantidad de pasajeros de clase media y alta y que provocó la fuga de los pasajeros de clase baja. "Los empresarios deben agudizar su ingenio, seducir al pasajero, retener a los que hoy viajan, captar a las capas más altas brindando un mejor servicio", sugirieron.

Tamaño texto
Comentarios