Empezaré una dieta estricta", asegura Miguel Angel Argüello (48 años, casado, tres hijos). Es extraño, "Mortero" (por su pegada) o "Bruce Lee" (por sus ojos rasgados) de pronto parece preocupado, como jamás lo estuvo entre las cuerdas. El hombre pasó una infancia dura, a los bandazos. Se fue curtiendo en las zonas rurales y volvió a la ciudad para ver qué pasaba. Le mostró sus swings y sus cross al ex púgil Antonio Comaschi, que lo recomendó a su manager Castillo. Entre ellos dos, "Chichí" Rivadeneira (luego su apoderado y consejero), Antonio Madozzo y Américo Godoy le enseñaron los secretos de este oficio. A los 16 años empezó a competir en el campo amateur y tuvo una seguidilla favorable de diez nocauts. "A la gente les gusta los boxeadores que pegan. Ramón Rotella (que fue el alma mater del club Villa Luján) me dijo que yo estaba entre los que metían las manos más pesadas", cuenta.
Argüello comenzó como medio mediano, pero luego se acomodó mejor entre los medianos livianos, categoría esta donde se consagró campeón tucumano, en 1981, derrotando a Catalino Sosa. Su récord indica 60 peleas como aficionado (ganó 36 por fuera de combate y perdió 3) y 26 profesionales: 12 triunfos por K.O., 8 por puntos (en la mayoría de los casos tiró a sus rivales) y 5 empates. Tiene una sola derrota, ante Omar Ochoa. Nunca fue noqueado y Orlando Zavala fue el único que pudo voltearlo. Combatió en Buenos Aires, en Córdoba, en Santa Fe y en Santiago. Llegó a ocupar el tercer lugar en el ranking nacional. Entre sus adversarios de fuste figuran Comolli, a quien noqueó, y Abeldaño (empate). En su última pelea doblegó al salteño Martín Durán. Para sorpresa de todos decidió retirarse con solo 23 años. "Era el momento para poder a hacer plata, pero no me daban seguridad. Yo sufrí mucho de pequeño, ya tenía un hijo y decidí cambiar de rumbo, aunque, si volviera a nacer, seguramente me calzaría los guantes otra vez", confiesa. "Me tomaba de la mano de Luis Federico Thompson para entrar a Villa Luján. Este es un mundo rudo, pero que puede sacar a la juventud de la droga, del alcohol y de cualquier vicio", remarca.
Argüello nunca le huyó a las paradas bravas para sobrevivir. Fue pelador de caña, carrero, mulero, sembrador, arador...Trabajó en una agencia de seguridad y es policía retirado. Canta folclore y se le enciende el rostro cuando imita a Guarany. Podría resumir su camino con un tema de Palito: "no hay que aflojarle a la vida/todo es cuestión de luchar/y no dejar que te pisen/jamás, jamás...".
La noche en que no pudo hacer valer sus "visteos"
Entre sus recuerdos, Argüello trae a la memoria aquella noche en Defensores de Villa Luján cuando no pudo hacer visteos ni movimientos de cintura ante los monedazos y los sillazos que lanzaban los espectadores. "Ocurrió que a último momento se enfermó Barboza y hubo que suspender la pelea con Uby Sacco. Esto enardeció a la gente. Cuando se dio el anuncio, yo ya estaba en el ring para pelear con Ochoa y recibí algunas descargas. Después se serenaron las aguas", relata. Argüello, que jugó al fútbol en las inferiores de San Martín y practicó judo, tuvo como ídolos a su "tocayo" Alexis Argüello y a Víctor Galíndez. "Yo amo al boxeo. Es una actividad a la que hay que dedicarle todo el tiempo si se quiere llegar lejos. Hay que cuidarse siempre, si no es mejor dejarla", apunta. Este hombre de palabras cortas y secas conoció a su esposa (Graciela Díaz) en una baile en Leales. "La mujer es la columna vertebral de la casa. La que lo sujeta a uno cuando quiere ?bandearse?. Hay que tener suerte en esto de la pareja o del matrimonio", enfatiza.







