La inestabilidad política atenta contra la inversión

La falta de reglas impide que se tomen decisiones o que se encaren proyectos de largo plazo. Una pérdida de tiempo.

08 Septiembre 2002
Sobresalen tres aspectos en el actual momento económico: estabilidad cambiaria, agudos problemas de financiamiento y falta absoluta de un horizonte previsible.
El primer aspecto responde a una cuestión estacional por mayores liquidaciones de exportaciones y al fuerte control de cambio vigente, pero nada tiene que ver con una mejora de la confianza en el peso. Porque, aunque se han incrementado los depósitos en pesos, esto se debe a las elevadas tasas que ofrecen los bancos y a cuestiones de seguridad.
El problema del financiamiento refleja el colapso del sistema financiero y la ruptura del ordenamiento contractual. A estos factores se agrega la enorme incertidumbre que genera el largo y ruidoso proceso electoral en el que esta embarcado el país, que hace que las perspectivas no sean claras. Este punto tiene gran importancia porque la raíz de esta prolongada situación de desorden económico es de carácter político. No hubo ni hay un esquema de gobierno que avance en la solución de los problemas más acuciantes: desocupación, renegociación de la deuda, sistema impositivo, normalización del sistema bancario, entre otros. Pero se optó por la dilación de los problemas, que no desaparecen por el sólo hecho de ignorarlos.
La consecuencia inmediata de la política dilatoria es el agravamiento del cuadro social que lleva a la debilidad institucional y a un desfavorable clima para los negocios. La fragilidad político-institucional deriva en un ambiente de fragilidad financiera, al deteriorarse la calidad informativa, que es indispensable para las decisiones de ahorro, inversión, consumo y crédito.
A mayor variabilidad de reglas básicas, mayor riesgo-país. Es así como termina inhibiéndose la concreción de proyectos de largo plazo, lo que disminuye el proceso de formación de capital, cae la productividad del trabajo y el salario, y se reducen los ingresos empresarios y fiscales.
El centro del problema sigue siendo cómo reconstruir la confianza. Desde que asumió el gobierno busca hacerlo mediante un acuerdo con el FMI, aunque la dilación de este pacto, del cual no se esperan fondos frescos, dejó de ser relevante en el corto plazo. De hecho, se están refinanciando los vencimientos de capital. Asimismo, el organismo crediticio pide una política económica consistente, que implica una política monetaria creíble, pero su real éxito radica en que los argentinos demanden pesos. Se exige también disciplina fiscal, pero sin financiamiento y sin tocar el gasto público no hay garantías de que no se termine desbordando, lo que hace difícil la planificación presupuestaria. Estos elementos dinamizan el círculo vicioso constituido por la desconfianza, la retracción del consumo y la inversión, la caída del empleo y el empeoramiento de las condiciones sociales.
Por su parte, bancos y empresas endeudadas en dólares no pudieron evitar el efecto mortal de la hoja de balance, provocado por el fuerte descalce por la forma en que se implementó la pesificación. Tal efecto agravó las condiciones financieras de la economía. Si bien el Estado compensará este desbalance con bonos, ello quiere decir mayor carga tributaria. En este contexto se complica la formulación de estrategias empresarias de mediano plazo, al no haber instrumentos que permitan acotar la variabilidad de la política económica.(Por Eduardo Robinson, economista - especialista financiero)

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