Faltan créditos y sobran Bocade

Como no les queda alternativa, los tucumanos sobrevivientes se van acostumbrando a la amarga realidad social y económica. (Por Luis Alberto Peña)

08 Septiembre 2002
Las empresas tucumanas que todavía sobreviven y sus consumidores son seres sorprendentes. Vivieron ocho meses sin bancos, con la seguridad jurídica y los derechos de propiedad hechos añicos, en medio de un fenomenal caos político y económico, y los agobia un gobierno que sigue vomitando millones de Bocade. A pesar de todo esto y del hambre, Tucumán sigue funcionando.
En cualquier parte del mundo, esos obstáculos hubiesen sido suficientes para tumbarlos. Pero el sector privado y los ciudadanos todavía resisten, aunque muchos bajaron los brazos.
Como no les queda alternativa, los sobrevivientes se van acostumbrando a la amarga realidad social y económica.
"Se puede vivir sin sistema financiero, pero no con un abarrotamiento espeluznante de bonos", aseguran los hombres de negocios, que tienen que usar toda su imaginación para conseguir financiación sin pasar por los bancos.
Los que lo lograron eluden el pago de tasas bancarias estrafalarias. No hay nada más agradable para una empresa que no tener costo financiero. Después del descalabro bancario y de la pesificación, a los bancos no les sobran fondos para prestar.

El espanto une
Los temores son mutuos. Los mismos espasmos de desconfianza que tienen los bancos con sus potenciales clientes, demuestran los tomadores de créditos hacia un sistema que fue armado para intermediar, pero hoy sólo sirve para cobrar facturas.
Para las empresas, el principal enemigo son los Bocade, que las ahoga. Como el mirandismo está quebrado y lo abruman la crisis financiera de Eduardo Duhalde, se trabaron las operaciones de canje y, además, el efectivo está cada día más escaso. El dinero de verdad se fuga a los plazos fijos, al dólar o se esconde, pero no se destina a comprar bonos.
El fisco adeuda $ 61 millones a las empresas que le entregaron Bocade y jamás recibieron el efectivo que les corresponde. Como se paró el canje de cuasimonedas, las empresas no depositan, y por eso el gobierno no tiene bonos para liquidarles los sueldos a los empleados públicos.
El mirandismo embistió contra las reglas y los límites del sistema económico. Ahora tiene que pagar las consecuencias. En realidad, las pagan los tucumanos.

Inyección peronista
La fragmentación del poder y la incertidumbre aceleran la anarquía y anulan los intentos de reflotar los negocios, en una economía que está destruida. Las empresas no venden, los salarios están por el piso y el Estado provincial se paralizó.
El gobierno de Miranda trata de reciclarse con una inyección de peronismo, para superar el deterioro político, el descalabro financiero y las amenazas judiciales por los casos de corrupción.
El sector privado, que mueve la mayor parte de la economía tucumana, mira estas internas desde la tribuna y sólo pide un poco de orden y de racionalidad. El gobierno ya no puede pagar ni los sueldos y aumentó su dependencia financiera con la Nación.
En términos sencillos: está en terapia intensiva y se acaba el oxígeno.
Cambiar unas cuantas caras, aunque sea en la cúpula, no soluciona nada, si no se revierten las políticas y no se administra bien.
Como se perdió el liderazgo y el gerenciamiento es deficiente, Tucumán puede entrar en erupción.(Por Luis Alberto Peña, Jefe de Redacción LA GACETA)

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