- ¿Por qué se produjo semejante crisis en la Argentina?
Como todo fenómeno complejo, hubo elementos exógenos, prácticamente inevitables, junto con otros que pudieron evitarse si hubiera existido una conducción políticamente responsable. Los elementos más importantes que se combinaron fueron la falta de competitividad y el alto déficit público.
-¿Y a qué se debió la falta de competitividad?
Durante los 90, el peso estuvo pegado, en una relación 1 a 1 con el dólar que, durante ese período, se mantuvo fuerte en el mercado internacional. Esto no fue mayor problema para la Argentina sino hasta 1998. En ese año, se desencadena la crisis rusa que contagia a todos los mercados emergentes, en particular a Brasil y a la Argentina. Brasil devalúa. Esto hace que la Argentina pierda competitividad respecto de uno de los socios comerciales más importantes y de un serio competidor en los mercados europeo y americano.
- ¿Brasil fue la única causa?
No. Las cosas se complican aún más a finales de los 90 con la gran apreciación del dólar respecto del euro, por ejemplo. Esto hace que el costo de los productos argentinos sea alto, en especial comparado con los brasileños. Paralelamente, el precio de los productos agropecuarios cae en el mercado internacional (el peso del sector agropecuario en las exportaciones del país es muy fuerte). La pérdida de competitividad fue una de las causas de la recesión, que se caracterizó por un aumento en el desempleo, caída en las inversiones y cierre de empresas. A medida que la recesión se acentuó, más y más gente empezó a creer que la relación 1 a 1 con el dólar no podía sostenerse y comenzó a hablarse de la sobrevaluación del peso. El riesgo de la devaluación creció y se vio reflejado en los altos spreads de las tasas de interés y en la caída de las reservas de Banco Central, a medida que la gente empezó a convertir los pesos en dólares. Todo concluyó con una masiva corrida bancaria a mediados de 2001, que llevó a Domingo Cavallo a implementa el corralito financiero, que fue aún más recesivo. Todo colapsó durante el gobierno de Fernando de la Rúa.
- ¿Y con respecto al segundo elemento: el déficit público?
No es necesariamente independiente o separable del fenómeno anterior. Durante los 90, antes de la crisis, la deuda pública pasó de representar el 29% al 40% del PBI, aun cuando esté crecía a un promedio superior al 4%. En una economía medianamente bien administrada es de esperar que, en los momentos de boom, el gobierno genere un superávit primario; en otras palabras, que ahorre. Pero la Argentina, aun en los momentos de mayor afluencia económica (alta recaudación impositiva y privatizaciones), fue incapaz de ahorrar. El gasto público aumentó, en una fiesta fiscal. Esto le quitó margen de acción al gobierno durante la recesión cuando uno espera una disminución de impuestos y un aumento del gasto social.
- ¿Nadie se dio cuenta de esto?
A medida que el gasto crecía y la recesión se acentuaba, los inversores externos comenzaron a preocuparse y a dudar de la capacidad argentina para pagar la deuda. Y esto se reflejó en los spreads de las tasas de interés, lo que se adicionó a los spreads generados por el riesgo de la devaluación. Y todo esto generó un circulo vicioso. Mayores tasas de interés hicieron caer aún más la inversión, acentuando la recesión y generando un mayor riesgo de devaluación y default que, a su vez, llevaron a una mayor tasa de interés. Si el gobierno hubiera ahorrados durante el momento de auge podría, por ejemplo, haber reducido impuestos durante la recesión, en lugar de aumentarlos, como ocurrió. Esto hubiera inyectado competividad a la economía y hubiera atenuado los efectos causados por la devaluación brasileña. En otras palabras, hubiera podido frenar la recesión, evitar el default y, tal vez, la devaluación. Y hasta podría haber incrementado el gasto social durante la recesión.
- Ahora se discuten las ventajas y desventajas de la convertibilidad...
La principal ventaja es que permitía asegurar la estabilidad de precios y esto era particularmente necesario luego de las hiperinflaciones de los 80 y principio de los 90. El costo es que puede dar lugar a la sobrevaluación de la moneda y quitar competitividad a la economía. En ese momento, sin embargo, la convertibilidad era una buena idea. Argentina necesitaba un ancla nominal para reducir la inflación. No se podía continuar con el desbarajuste causado por la hiperinflación y había que parar la máquina de hacer dinero que los políticos implementaron para financiar el déficit.
- ¿Fue correcto anclar el peso al dólar o había otras opciones?
Al examinar los ciclos económicos argentinos, se encuentra que ellos tienen poca correlación con los de EE.UU. Para ejemplificar, en 1998, cuando una depreciación del peso le hubiera provisto aire y competitividad a la economía, el dólar, en cambio, se apreciaba por el boom del país del norte. Tal vez hubiera sido mejor fijar el peso con un índice internacional de precios agropecuarios o con una canasta de monedas que incluya a la de los principales socios comerciales. De esto se sigue que dolarizar tampoco era una buena idea.
- ¿Qué debió hacerse cuando Brasil devaluó en 1998?
En ese momento, el BCRA tenía reservas suficientes como para devolver el pasivo monetario con una devaluación moderada. Otra opción era bajar salarios para aumentar la competitividad del sistema. Esta medida fue muy resistida. La gran irracionalidad de la economía argentina es que los mismos sectores que se opusieron a la rebaja nominal apoyaron después la devaluación, generando una caída del salario real.
- ¿Qué se puede esperar?
La depreciación del tipo de cambio eventualmente llevará a una recuperación a través de la ganancia de competitividad. La gran incertidumbre es si el sistema político podrá reformarse de manera de asegurar una mayor responsabilidad en la conducción de la política fiscal y monetaria.







