Se puede combatir el hambre

Miles de familias del campo tucumano se autoabastecen y producen alimentos para la venta.

08 Septiembre 2002
Más de 400.000 tucumanos necesitan una respuesta inmediata a su hambre, porque se enmarcan en los niveles de indigencia, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Sin embargo, paliar el hambre es posible según lo viene demostrando desde hace una década el Programa Social Agropecuario (PSA) puesto en marcha por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación. El programa fue pensado -y así se aplica- para la población rural que, en el caso de Tucumán, alcanza al 30% del total de habitantes de la provincia. Por otra parte, más de un 90% de esa gente está por debajo de la línea de pobreza. "Es programa surgió como una respuesta a los problemas que tenían los minifundistas, la mayoría de los cuales eran pequeños cañeros o pequeños tabacaleros. Con la desregulación de estas actividades y la apertura económica que se dio a partir de 1991 en el país, sus problemas económicos se vieron agravados", explicó a LA GACETA el coordinador del programa en Tucumán, Héctor Sosa. Fue así que surgieron grupos constituidos por familiares o vecinos que comenzaron a diversificar su actividad: criaderos de pollos o de cerdos, para los cuales se elaboraba en el mismo lugar el alimento balanceado; cultivos de hortalizas, de alfalfa, viveros, producción de dulces regionales en forma artesanal y otras actividades que permitieron a estas familias autosustentarse. Todo fue posible gracias a pequeños créditos que el Gobierno les otorgó a los grupos y a la asistencia técnica gratuita. "Lo que producían era para el abastecimiento de ellos mismos o para vender en las ferias del campo", indicó Sosa.
A partir de enero, con la devaluación mediante, volvió a cambiar la realidad económica de la provincia y los beneficiarios se vieron obligados, una vez más, a reconvertir su actividad productiva para poder seguir alimentando a sus familias. "Cambiaron las cosas pero se encontraron alternativas", comentó Sosa. Una de ellas fue iniciar, a partir de la cría de cerdos, la producción de chacinados. "Un cerdo de 200 kilos se vende a 200 pesos. Pero al elaborar los productos (morcillas, chorizos, jamones, etc.), los 100 kilos se venden a unos 600 pesos. Este precio final sí les permite a los productores afrontar el gasto del alimento balanceado que aumentó igual que el dólar. Ese alimento se hace sobre la base de maíz y de soja, dos productos que al ser exportables aumentaron de precio. En el caso de la producción hortícola, se ha hecho más difícil seguir produciendo tomates y pimientos, por el alto valor de las semillas. Debido a eso, se optó por el cultivo de zapallos y de choclos. La desventaja es que el precio de venta de estos últimos es menor.
La alternativa más interesante que se ha puesto en marcha es el cultivo del arroz con métodos orgánicos. Se emplea semilla propia, se prepara la tierra con tracción animal y tanto la siembra como la trilla se hacen en forma manual. Se producen arroces de secano, que se hacen sin riego y sin inundación. Ya hay unas 30 familias, en la zona de Bella Vista, que están trabajando con este producto. Sosa explicó que se obtiene el arroz con cáscara. Se hace el proceso de descascarado y se logra el arroz integral. Luego se realiza el pulido, y se consigue el arroz común. Este arroz se puede vender, en las ferias, a un peso el kilogramo. Si se tiene en cuenta que de cada hectárea de terreno se obtienen 2.000 kilos de arroz, la rentabilidad es importante. En tanto, en Trancas, dos grupos se han dedicado a la producción de fardos de alfalfa, también recurriendo a técnicas manuales, como cortar con la guadaña, trasladar la alfalfa en carros tirados por caballo y hacer el enfardado en el malacate o noria traccionada por un caballa. Se obtienen 100 fardos por cada hectárea de terreno en cada corte. Como se hacen siete cortes al año, son 700 fardos en total. Cada fardo cuesta unos 4 pesos, de manera que se obtienen $2.800 pesos por año por cada hectárea. Sosa destacó que para que este programa se haya sostenido a lo largo de una década fue fundamental apoyarse en algo que ya existía en la comunidad rural: la red de reciprocidad. "Esta es una cuestión cultural en el campo; allí se respetan los lazos de parentesco, de vecindad o de amistad y el intercambio de productos es algo habitual", explicó.

La única salida es la unión
"Es tan dispar la situación de cada uno. Unos tienen más grupo familiar que los ayude, otros menos, otros necesariamente tienen que tomar gente de afuera. Entonces se van tomando distintas alternativas. Y la única salida que veo es la unión y la organización, no solo grupal sino además en cooperativas, a pesar de que hoy, por todo lo que pasa, las cooperativas están muy golpeadas y es poco lo que pueden hacer. Encaramos otras producciones que nos ayuden. Ahora se viene la temporada de las sandías, de los zapallos, de los choclos y aparte siempre criamos algunos chanchos. Pero cuando salimos a vender estas cosas, salen tan baratas que apenas se hace dinero para el día. Además comparadas con la caña, todas estas producciones son de muy alto riesgo. Pero nosotros nunca vamos a bajar los brazos". Este es el testimonio de Enrique Córdoba, pequeño productor cañero integrante del grupo Balderrama, en Simoca, que con apoyo del crédito y de la asistencia técnica del Programa Social Agropecuario pudieron renovar y ampliar sus plantaciones, incorporar nuevos cultivos y comprar maquinaria en forma grupal. Córdoba explicó que que antes de la década del 90 podían sobrevivir con la producción de caña. "Pero desde la desregulación de la actividad azucarera nos hemos venido en picada", comentó el pequeño productor.

Crear de nuevo vida en el campo
"Estamos creando trabajo, creando de nuevo vida en el campo. Pero no tiene que ser como con la caña, tenemos que hacer nuestro propio mercado, muy directo, del productor al consumidor", reflexiona Mario Antonio Córdoba, del grupo La Merced, de la zona de El Bracho. "Hemos empezado con pollos camperos y huevos, que son de venta segura porque son un producto natural que producimos con alimento casero, y el que los consume se da cuenta y viene a buscarlos porque se nota mucho la diferencia", explicó. En los grupos suelen surgir conflictos internos, sin embargo se aplican técnicas grupales de resolución de conflictos para seguir adelante. Al respecto, Córdoba señaló: "nosotros decimos que tenemos que evitar que las dificultades que vivimos sean para mal, para echarnos culpas unos a otros en el grupo o en las mismas familias. Es mejor que sea al contrario, que conversemos todos los problemas desde que aparecen; y también todo lo que queremos hacer, así cuando a cada uno le toca su tarea, va con gusto porque va sabiendo por qué la hace". Luis Villagra, de el grupo Los Alamos, de la misma zona, añadió: "para llegar a esto hemos pasado por muchas reuniones, al principio con mucho miedo. Tanto los que teníamos unos surcos de caña como los que no tenían y eran zafreros estábamos desocupados y sin saber hacer otra cosa".

Programa Social Agropecuario
En qué consiste: es una propuesta de promoción, impulsada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Nación en el año 1992.
Objetivos: contribuir al mejoramiento de las actividades productivas y de los niveles de ingreso de los productores minifundistas.
Destinatarios: los productores de minifundios
Beneficiarios: 8.000 familias, organizadas en grupos de 6 a 8 grupos familiares.
Distribución: en las zonas cañeras, tabacaleras y frutihortícolas.
Beneficios: - créditos de $1.000 a $1.500 por familia y asistencia técnica gratuita. - Capacitación y apoyo para la comercialización.

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