06 Septiembre 2002 Seguir en 
Cuando el 21 de julio pasado los policías de Villa Quinteros encontraron durmiendo en un descampado a Angel Eduardo Díaz no soñaron con que tenían en su poder a un hombre que en poco más de un mes se había convertido en una pesadilla para el sur de la provincia. Pero una serie de hechos fortuitos, además de los elementos que se le secuestraron y los retratos hablados que realizaron las víctimas de los intentos de violación, ayudaron para que el caso se resuelva. Después, el propio Díaz terminó confesando y todo se simplificó para los investigadores.
El primer paso
El terrible homicidio de Carolina del Valle Barraza, ocurrido el 20 de agosto pasado, en Iltico, Concepción, puso en alerta a la Policía, pero al principio no se sabía que podía estar relacionado con los intentos de violación anteriores. El primer punto que involucró a Díaz fueron la campera y el reloj que se le secuestró cuando se lo detuvo en Villa Quinteros. Por la descripción que habían hecho Nélida Bravo y Francisco Barraza de la ropa que llevaba su hija el día en que la mataron, salió a luz que Díaz tenía esos elementos en su poder, pero eso sólo lo comprometía con el homicidio.
El próximo paso fue comparar los distintos retratos hablados que habían realizado las víctimas a las que el acusado había intentado violar. Y los rasgos eran muy similares (ver infograma). Inclusive el retrato que hizo Claudia del Pilar Díaz de Alcaraz, a quien Díaz le robó una bicicleta el mismo día que lo detuvieron, coincidía con los restantes.
Una comisión de la Brigada Oeste, al mando del subcomisario Ramón Quinteros y supervisada por el comisario mayor Miguel Angel Chuchuy Linares, comenzó a unir todos los casos, chocando inclusive con una cuestión de jurisdicción, ya que algunos ataques habían ocurrido en la zona de la Regional Sur. Así se conocieron otras coincidencias.
En todos los casos, el agresor se movilizaba en una bicicleta y, cada vez que veía a su víctima, se le interponía en el camino, y luego, por la fuerza, intentaba violarla. También se conoció que en todos los ataques, el ahora imputado utilizaba un cuchillo, tipo facón, para amedrentar a sus víctimas. La mayoría de ellas había sido lastimada con esta arma.
Un diámetro similar
Ese facón también lo tenía Díaz cuando lo detuvieron. Al ordenarse las pericias se comprobó que la herida mortal que había sufrido Carolina Barraza había sido realizada con ese puñal, ya que tenía el mismo diámetro.
Díaz protagonizó un raid tan impresionante que debió responder ante los cuatro fiscales del centro judicial de Concepción. Sin embargo, ahora, aparentemente las causas serían unidas y podrían recaer sobre la fiscal Eva Frías de Ruiz, quien tiene en sus manos el esclarecimiento del homicidio. Ella sólo debe esperar el resultado de una pericia más, ya que hay contradicciones con respecto a informes médicos realizados para saber si Barraza fue violada o no antes de su muerte. En caso de que los análisis den positivo, la figura penal contra Díaz se agravaría aún más. Ya lo dijo la fiscal: "por el tipo de delitos, podría merecer la prisión perpetua".
En uno de los casos más resonantes de los últimos tiempos, la valentía de las víctimas en denunciar y aportar datos del agresor, sumados a la labor de la Policía y de la Justicia, permitieron detener al psicópata.
El primer paso
El terrible homicidio de Carolina del Valle Barraza, ocurrido el 20 de agosto pasado, en Iltico, Concepción, puso en alerta a la Policía, pero al principio no se sabía que podía estar relacionado con los intentos de violación anteriores. El primer punto que involucró a Díaz fueron la campera y el reloj que se le secuestró cuando se lo detuvo en Villa Quinteros. Por la descripción que habían hecho Nélida Bravo y Francisco Barraza de la ropa que llevaba su hija el día en que la mataron, salió a luz que Díaz tenía esos elementos en su poder, pero eso sólo lo comprometía con el homicidio.
El próximo paso fue comparar los distintos retratos hablados que habían realizado las víctimas a las que el acusado había intentado violar. Y los rasgos eran muy similares (ver infograma). Inclusive el retrato que hizo Claudia del Pilar Díaz de Alcaraz, a quien Díaz le robó una bicicleta el mismo día que lo detuvieron, coincidía con los restantes.
Una comisión de la Brigada Oeste, al mando del subcomisario Ramón Quinteros y supervisada por el comisario mayor Miguel Angel Chuchuy Linares, comenzó a unir todos los casos, chocando inclusive con una cuestión de jurisdicción, ya que algunos ataques habían ocurrido en la zona de la Regional Sur. Así se conocieron otras coincidencias.
En todos los casos, el agresor se movilizaba en una bicicleta y, cada vez que veía a su víctima, se le interponía en el camino, y luego, por la fuerza, intentaba violarla. También se conoció que en todos los ataques, el ahora imputado utilizaba un cuchillo, tipo facón, para amedrentar a sus víctimas. La mayoría de ellas había sido lastimada con esta arma.
Un diámetro similar
Ese facón también lo tenía Díaz cuando lo detuvieron. Al ordenarse las pericias se comprobó que la herida mortal que había sufrido Carolina Barraza había sido realizada con ese puñal, ya que tenía el mismo diámetro.
Díaz protagonizó un raid tan impresionante que debió responder ante los cuatro fiscales del centro judicial de Concepción. Sin embargo, ahora, aparentemente las causas serían unidas y podrían recaer sobre la fiscal Eva Frías de Ruiz, quien tiene en sus manos el esclarecimiento del homicidio. Ella sólo debe esperar el resultado de una pericia más, ya que hay contradicciones con respecto a informes médicos realizados para saber si Barraza fue violada o no antes de su muerte. En caso de que los análisis den positivo, la figura penal contra Díaz se agravaría aún más. Ya lo dijo la fiscal: "por el tipo de delitos, podría merecer la prisión perpetua".
En uno de los casos más resonantes de los últimos tiempos, la valentía de las víctimas en denunciar y aportar datos del agresor, sumados a la labor de la Policía y de la Justicia, permitieron detener al psicópata.







