19 Julio 2006 Seguir en 
JERUSALEN.- La guerra entre Israel y la milicia chiíta del Hezbollah entró ayer en su séptimo día, sin que ninguna de las partes haya mostrado que esté dispuesta a considerar una tregua para poner fin a la violencia, que ya dejó más de 250 muertos en el Líbano y en el Estado hebreo. El primer ministro israelí, Ehud Olmert, dijo ayer que su gobierno no descarta ninguna opción, ni militar ni diplomática, para solucionar la crisis con Beirut. No obstante, condicionó el cese de la ofensiva militar a la liberación de los dos soldados que mantiene como rehenes el Hezbollah y al desarme de la milicia.
El primer ministro libanés, Fouad Siniora, advirtió que Israel está “abriendo las puertas del infierno y de la locura”, y reiteró su pedido a la comunidad internacional para que ponga freno a la guerra abierta que se desarrolla en el sur de su país. Medio millón de libaneses han huido de sus casas, sobre todo en esa zona, y se han refugiado en las montañas. Allí esperan una ayuda internacional que no llega, ya que el país se encuentra aislado por tierra, mar y aire. Paralelamente, miles de extranjeros, con la ayuda de sus respectivos gobiernos, han comenzado a retirarse de la zona de conflicto.
La ofensiva en el Líbano, que revive los momentos más oscuros de guerras pasadas, comenzó hace una semana, cuando la milicia chiíta del Hezbollah secuestró a dos soldados israelíes en la frontera entre ambos países, y pidió a cambio la liberación de presos encarcelados en el Estado hebreo. En estos siete días, la operación militar, la más importante desde la invasión israelí a sus vecinos del norte, en 1982, causó 240 muertos en el Líbano, de los cuales 210 son civiles.
El séptimo día
Israel atacó ayer blancos militares libaneses, acción durante la cual murieron 11 soldados. Además, volvió a bombardear el aeropuerto de Beirut, carreteras de acceso a Siria y caravanas de camiones que circulaban por ellas. Según voceros israelíes, cuatro camiones procedían de Siria y transportaban armas y municiones destinadas al Hezbollah.
Por su parte, el los milicianos libaneses lanzaron cohetes Al Qassam contra ciudades como Haifa, Safed y Tiberíades. Un hombre falleció en uno de estos ataques en Nahariya, lo que elevó a 13 la cifra de civiles israelíes muertos desde que se inició la contienda. Un sondeo difundido en Tel Aviv muestra que un 85% de los israelíes considera justa la ofensiva contra el Líbano, y que un 58% desea que el líder del Hezbollah, Hassan Nasrallah, sea eliminado. (AFP-NA-Reuter-DPA)
LA LECCION DE SARMIENTO
Siempre buscamos un espejo donde mirarnos. Tratamos de reflejarnos en las grandes figuras. Pero los ejemplos dan miedo. El ranking de inmoralidad lo encabeza George W. Bush, el presidente de este gran país. La inescrupulosidad se ha asentado en el gobierno, aunque otros no le fueron a la saga. Nos inmiscuimos en la primera gran guerra (contra Alemania), cuando mandamos al muere al Lusitania (el transatlántico hundido en mayo de 1915 por un torpedo alemán. En este hecho murieron 1.924 personas).
En la segunda guerra sabíamos lo de Pearl Harbour y miramos para otro lado. También lo hicimos en 1950 en Corea. Cuando necesitamos movilizar los voluntarios de la Fuerza Aérea para Vietnam, enviamos el barco espía Pueblo a aguas enemigas.
Los servicios secretos sabían lo del 11-S, pero se callaron porque fue la excusa para invadir Irak. Ahora mandamos a nuestros socios a meterse con el Líbano, buscando una razón para atacar a Irán y/o Siria. Así se cierra el círculo: Siria, Irak, Irán y Afganistán. Con eso ya estamos en las fronteras de la India y todo el Lejano Oriente. ¡Cuántos quisieron hacerlo!
Pero por suerte o no, nos cortamos las manos.
Lo dijo Sarmiento: “Las ideas no se matan” y le agregamos: las creencias tampoco. Es el judaísmo contra el islamismo, y si vemos el mapa, estos son muchos más.
ATENCION A LAS VICTIMAS
Suena muy lejano: esa parece ser la posición de nuestro gobierno ante este conflicto. A mi entender, la mayoría del pueblo argentino rechaza la invasión y la matanza que está generando Israel. Aunque en el Líbano se encuentren focos terroristas, no es un justificativo para tal agresión. Nuestro gobierno debería reclamar a Israel el cese de las hostilidades, y si desoye el pedido -lo que seguramente ocurrirá-, embargar todos las propiedades del Estado israelí en el país y rematarlas para crear un fondo para las víctimas del conflicto, tanto del lado libanés como del israelí. Una acción así no detendría el conflicto, pero podría ser un primer paso. Si otros países hicieran lo propio, existiría la posibilidad de que la comunidad internacional dé una señal concreta de que quiere vivir en un mundo en paz.
El primer ministro libanés, Fouad Siniora, advirtió que Israel está “abriendo las puertas del infierno y de la locura”, y reiteró su pedido a la comunidad internacional para que ponga freno a la guerra abierta que se desarrolla en el sur de su país. Medio millón de libaneses han huido de sus casas, sobre todo en esa zona, y se han refugiado en las montañas. Allí esperan una ayuda internacional que no llega, ya que el país se encuentra aislado por tierra, mar y aire. Paralelamente, miles de extranjeros, con la ayuda de sus respectivos gobiernos, han comenzado a retirarse de la zona de conflicto.
La ofensiva en el Líbano, que revive los momentos más oscuros de guerras pasadas, comenzó hace una semana, cuando la milicia chiíta del Hezbollah secuestró a dos soldados israelíes en la frontera entre ambos países, y pidió a cambio la liberación de presos encarcelados en el Estado hebreo. En estos siete días, la operación militar, la más importante desde la invasión israelí a sus vecinos del norte, en 1982, causó 240 muertos en el Líbano, de los cuales 210 son civiles.
El séptimo día
Israel atacó ayer blancos militares libaneses, acción durante la cual murieron 11 soldados. Además, volvió a bombardear el aeropuerto de Beirut, carreteras de acceso a Siria y caravanas de camiones que circulaban por ellas. Según voceros israelíes, cuatro camiones procedían de Siria y transportaban armas y municiones destinadas al Hezbollah.
Por su parte, el los milicianos libaneses lanzaron cohetes Al Qassam contra ciudades como Haifa, Safed y Tiberíades. Un hombre falleció en uno de estos ataques en Nahariya, lo que elevó a 13 la cifra de civiles israelíes muertos desde que se inició la contienda. Un sondeo difundido en Tel Aviv muestra que un 85% de los israelíes considera justa la ofensiva contra el Líbano, y que un 58% desea que el líder del Hezbollah, Hassan Nasrallah, sea eliminado. (AFP-NA-Reuter-DPA)
APORTES DEL LECTOR
LA LECCION DE SARMIENTO
Siempre buscamos un espejo donde mirarnos. Tratamos de reflejarnos en las grandes figuras. Pero los ejemplos dan miedo. El ranking de inmoralidad lo encabeza George W. Bush, el presidente de este gran país. La inescrupulosidad se ha asentado en el gobierno, aunque otros no le fueron a la saga. Nos inmiscuimos en la primera gran guerra (contra Alemania), cuando mandamos al muere al Lusitania (el transatlántico hundido en mayo de 1915 por un torpedo alemán. En este hecho murieron 1.924 personas).
En la segunda guerra sabíamos lo de Pearl Harbour y miramos para otro lado. También lo hicimos en 1950 en Corea. Cuando necesitamos movilizar los voluntarios de la Fuerza Aérea para Vietnam, enviamos el barco espía Pueblo a aguas enemigas.
Los servicios secretos sabían lo del 11-S, pero se callaron porque fue la excusa para invadir Irak. Ahora mandamos a nuestros socios a meterse con el Líbano, buscando una razón para atacar a Irán y/o Siria. Así se cierra el círculo: Siria, Irak, Irán y Afganistán. Con eso ya estamos en las fronteras de la India y todo el Lejano Oriente. ¡Cuántos quisieron hacerlo!
Pero por suerte o no, nos cortamos las manos.
Lo dijo Sarmiento: “Las ideas no se matan” y le agregamos: las creencias tampoco. Es el judaísmo contra el islamismo, y si vemos el mapa, estos son muchos más.
ATENCION A LAS VICTIMAS
Suena muy lejano: esa parece ser la posición de nuestro gobierno ante este conflicto. A mi entender, la mayoría del pueblo argentino rechaza la invasión y la matanza que está generando Israel. Aunque en el Líbano se encuentren focos terroristas, no es un justificativo para tal agresión. Nuestro gobierno debería reclamar a Israel el cese de las hostilidades, y si desoye el pedido -lo que seguramente ocurrirá-, embargar todos las propiedades del Estado israelí en el país y rematarlas para crear un fondo para las víctimas del conflicto, tanto del lado libanés como del israelí. Una acción así no detendría el conflicto, pero podría ser un primer paso. Si otros países hicieran lo propio, existiría la posibilidad de que la comunidad internacional dé una señal concreta de que quiere vivir en un mundo en paz.
En esta columna se reflejan las reflexiones, críticas, opiniones de nuestros lectores sobre el presente conflicto. Los interesados pueden enviar sus aportes, con nombre y dirección, a cartasaldirector@lagaceta.com.ar







