Hacer algo extraordinario
El experto en comunicación Toni Puig, cogestor de ese fenómeno de urbanidad que es Barcelona, pasó por Tucumán. Está por verse si el mensaje tuvo eco en la provincia. Por Nora Lía Jabif - Redacción de LA GACETA
18 Julio 2006 Seguir en 
La semana pasada estuvo en Tucumán Toni Puig, un catalán experto en comunicación a quien alguien le puso el rótulo de “gurú de las ciudades”. Un rótulo marketinero, pero ajustado a los hechos, si se atiende al impacto que dejó su paso por nuestra capital. Al margen de su capacidad de comunicación, el visitante planteó un reto a las autoridades municipales, que fueron sus anfitrionas. Ahora habrá que ver si las acciones en marcha -o las futuras- se harán eco de las sugerencias que dejó su invitado, y que fueron escuchadas por los funcionarios con unción casi religiosa. Una noche antes, apenas bajado del avión, había sido el visitante -que frecuenta Buenos Aires desde hace dos décadas y que trabajó el “posicionamiento” comunicacional de Mar del Plata para la cumbre de Presidentes, en 2005- el encargado de oír en silencio a los integrantes del gabinete municipal, con el intendente, Domingo Amaya, a la cabeza. ¿Qué dejó de valioso el paso de Puig por Tucumán? Mensajes que parecen consignas ya oídas antes, pero que son señales a seguir, teniendo en mente “el caso” tucumano. Veamos qué dijo el asesor del Ayuntamiento de Barcelona. Dijo, por ejemplo, que las ideas preceden a los planes estratégicos. En Tucumán el proceso fue el inverso, a lo que se suman las excepciones caprichosas a las ordenanzas vigentes, como parece haber ocurrido con el club Independiente, o la ejecución de obras más por presiones políticas que por imperativo de la realidad. También dijo que las ciudades “orgullosas” son aquellas que tienen resueltas las prioridades en servicios urbanos, en salud y en educación; que las ciudades más habitables son aquellas que tienen sus servicios descentralizados; que la competencia entre ciudades es saludable, y que cada ciudad debe encontrar su marca. Si se coteja cada una de esas consignas con la realidad, la autoestima de Tucumán, hoy, no está muy alta. Vale, para contrastarlo, caminar por una ciudad invadida por malos olores (consecuencia del déficit de las redes cloacales; por falta de planificación), por vendedores ambulantes que siguen avanzando sobre las veredas; por un flujo vehicular endemoniado, con taxis y remises que levantan pasajeros en la propia cara de los “varitas”, y por una “cultura” de la suciedad que ya es un hábito “asocial”.El visitante también apeló a la planificación con la mira puesta en “algo extraordinario”, e instó a emular al líder Martin Luther King, aquél que en los años 60 enunció “Yo tuve un sueño” para estimular a la comunidad negra en su lucha por la igualdad racial en los Estados Unidos. En otras palabras, lo que transmitió Puig fue que detrás de las ciudades exitosas no sólo hay gestión. Hay, sobre todo, mística. En la propuesta política y urbanística del comunicador catalán quedó marcada la diferencia entre el administrador y el estadista, entre el gestor y el gobernante, entre el planificador burocrático y el visionario.
¿Qué sueño pueden proponerse los tucumanos? ¿Qué hecho extraordinario vale intentar? El diagnóstico unánime indica que urge descentralizar las distintas funciones de la ciudad (un diagnóstico que lleva décadas, y hay decenas de ordenanzas incumplidas en ese sentido). Y que la dirección indicada para el desarrollo es el Este. Llegados a ese punto, todos miran en dirección del río Salí, la gran cloaca. En un alto en la charla de Puig, alguien deslizó al oído del secretario de gobierno de la Municipalidad, Germán Alfaro, “¿por qué no soñar con un Salí de aguas cristalinas, en el que puedan bañarse nuestros hijos?”. Es cierto que el Riachuelo sigue contaminado, pese a las promesas de María Julia. Pero hay experiencias más felices, como la recuperación del Támesis, en Inglaterra, por ejemplo.
Es probable que, ante el éxito de Puig como comunicador, el intendente Domingo Amaya y su equipo estén tentados de contratar los servicios del experto catalán. Suena seductor contar con un experto de ese fuste. Sólo hay que tener en cuenta que ni el mejor comunicador servirá, si no hay hechos -extraordinarios, o no tanto- que merezcan ser comunicados.







