Varios siglos de frivolidad y diversión

La fiesta alcanzó su apogeo en el llamado Jueves Graso, cuando se recuerda la victoria obtenida en 1162 por el duque Vitale Michiel II sobre Ulrico, patriarca de Aquileia.

10 Julio 2006
Hay una frase en latín que captura la esencia del Carnaval de Venecia a la perfección: “Semel in anno licet insanire. Libremente se traduce “está bien enloquecerse una vez al año”, y resume el espíritu de frivolidad y diversión que persiste en esta tradición de muchos siglos.
Uno de los carnavales más antiguos y famosos de Europa fue oficialmente reconocido por la República Veneciana en 1296 y se volvió popular por sus extrañas y maravillosas máscaras, los sombreros tricornes, los “bauti” (capuchas y capas) y los “tabarri” (mantos). Estos atavíos permitieron que el pueblo y los estratos más pobres se mezclaran de manera anónima con las clases altas, lo que generó un sentimiento de solidaridad entre la gente.
La fiesta alcanzó su apogeo en el llamado Jueves Graso, cuando se recuerda la victoria obtenida en 1162 por el duque Vitale Michiel II sobre Ulrico, patriarca de Aquileia. Este último se había rebelado a la Serenissima, autoridad de Venecia. La ciudad envió su flota, y lo hizo prisionero junto con sus 12 canónigos. Para recuperar su libertad, debían realizar un sacrificio anual: un toro, 12 cerdos y 12 panes. El sacrificio se realizaba en la misma Piazza San Marcos.



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