Los gobiernos pasan, pero "Sisto" queda

El legislador parece haber olvidado algunos capítulos de su pasado. Ahora dice que durante el gobierno de Ortega, su ex colega de gabinete, Falú, designaba jueces a dedo. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

05 Julio 2006
Ucedeísta-peronista-menemista-orteguista-mirandista-alperovichista (y, por ende, tardo-kirchnerista)? Todas estas cosas fue -o es- el legislador Sisto Terán, como tantos otros. Por eso no debería sorprender que, en el futuro, mientras siga teniendo cabida en la política, continúe mutando. Eso sí: a los cambios -propios o para sí- siempre los genera desde el cobijo del poder, porque, desde 1991, los gobiernos justicialistas pasan, pero Sisto queda. Esto, obviamente, a veces, lo obliga a trenzar nuevas alianzas o a desamarrar otras. Pero es el costo de mantenerse siempre funcionalmente oficialista.
Difícilmente haya habido alguien más iconográficamente orteguista que él. Despeinado, con campera de gamuza y nerviosamente sonriente, cuando era secretario de Turismo hasta tarareaba "La felicidad, ja, ja" cada vez que su entonces jefe, el ex gobernador Ramón Ortega, consideraba que la política le salía mejor cantando. Pero esto, ahora que Ortega está lejos, no le impide confesar, con indignación -asegura-, que él vio cómo en la casa del ex mandatario su ex compañero de gabinete, el ex ministro de Gobierno, Ricardo Falú, designó al 95% de los actuales jueces.
Y ahora que, al parecer, flota en el alperovichismo y que está en tren de sacarse toda costra orteguista, tampoco dudó en embestir contra su otrora también colega de gobierno -y ex amigo-, Alfredo Dato, ex ministro de Bienestar Social de Ortega, hoy presidente de la Corte Suprema. Conjeturó que este piensa dedicarse activamente a la política cuando obtenga una suculenta jubilación, pero, mientras tanto, la hace desde Tribunales.
Tan interesantes reflexiones merecen algunas glosas. En primer lugar parecen los dichos de alguien que, quizás por su buen pasar, no tiene preocupaciones previsionales. En segundo lugar, si él sabía lo de Falú, ¿por qué no lo reveló antes? Además, en su afán por demostrar que la Justicia no deja gobernar a Alperovich -su neo-aliado-, olvidó que el secretario de Gobierno -o segundo- de Falú durante aquellos años de Ortega, en que supuestamente ponían jueces a dedo en la casa del cantautor, era el ahora ministro de Alperovich en el área: Edmundo "Pirincho" Jiménez. ¿Este último podría haber sido ajeno a aquellos manipuleos que recuerdan a la servilleta menemista de Carlos Corach? Siguiendo el silogismo de Terán, la Justicia dependiente de Falú, por carácter transitivo, también lo es de "Pirincho". Por último, cuán valiente habría sido Terán si hubiera aprovechado aquel asado de abril de 2005, que convocó su también ex jefe, Julio Miranda, a fin de homenajear a Ortega -y al que asistió Dato-, para hacer un mea culpa, porque aquella administración erigió una Justicia satélite del poder político, según sugiere ahora.

¿Hay un ventrílocuo?
Terán siempre demostró independencia retórica, porque sería muy grave que Alperovich hiciera como los ventrílocuos y que hablara por medio de otros, o que anduviera azuzando intervenciones al Poder Judicial. Sea quien fuere el guionista, estas declaraciones marcan exactamente el estado de nuestras instituciones. Ya ni se respeta el lenguaje institucional. Un legislador trata a miembros de otro poder -porque también se refirió al camarista Carlos Giovanniello- como a opositores y como a responsables de causar una crisis institucional, simplemente por haber ordenado al Ejecutivo que se abstenga de integrar el Consejo Asesor de la Magistratura diseñado por el alperovichismo hasta que resuelva un planteo judicial.
Claro que Dato, otro ejemplar del ala dialectizante del orteguismo, como Terán y como Falú, se suma al juego peligroso cuando, por ejemplo, después de la resolución de Giovanniello, chicanea a Alperovich con que, seguramente, debe estar de acuerdo con el fallo para haber ordenado que no lo recurran. Es el momento en que Dato debe parecer más juez que nunca, como sugiere el recientemente aprobado Modelo de Código Iberoamericano de Etica Judicial, y apaciguar al aristotélico animal político que, seguro, lleva dentro.
En cuanto a Alperovich, corre el riesgo de que Terán termine contando algunas cositas suyas, como acaba de hacer con Ortega. Claro, pasarán unos años antes de ello.