29 Junio 2006 Seguir en 
Tal vez en ese momento se dio cuenta a qué se enfrentaba. Tal vez, por eso, después de escuchar esas dos palabras, se tomó las manos, miró el piso y dejó de masticar el chicle que tenía en la boca. Carlos Roberto Conti puede llegar a ser condenado a reclusión perpetua si prospera el pedido que ayer, durante los alegatos, realizó la fiscal de Cámara Marta Jerez de Rivadeneira, que lo considera autor material y voluntario de los crímenes de los remiseros Marcelo Claudio Pereyra y Carlos Julio Salazar.
A ambos remiseros los mataron de la misma manera: de un disparo en la cabeza. Según la imputación, para robarles los autos, reducirlos y conseguir droga. Según la fiscal, no quedan dudas de que fue Conti, un muchacho de 24 años miembro de una familia de Yerba Buena, quien cometió los homicidios.
Uno por uno
La audiencia se inició a las 9.25 con el alegato de la fiscal, que comenzó desmenuzando el caso Salazar. Este tenía 55 años y lo mataron el 1 de enero de 2004, cuando trabajaba con un automóvil Ford Fiesta. Según la fiscal, Conti abordó a ese remisero, lo asesinó y luego llevó el vehículo a su finca, en Río Colorado, donde, utilizando amoladoras, lo desguazó. La fiscal afirmó también que los familiares de Salazar lo reconocieron por la ropa, ya que el cuerpo estaba en estado de descomposición, y se apoyó en una de las versiones que dio Martín Monteros, un amigo de Conti. Este dijo que vio al imputado desarmando un auto en la madrugada del 1 de enero, aunque durante el juicio se desdijo y afirmó que la Policía lo había presionado para que declarara en contra del acusado. La fiscal también sostuvo que en la finca de Conti se secuestraron tazas pertenecientes a un auto Ford, y que en la casa de Yerba Buena los investigadores se incautaron de un revólver Colt, calibre 32 largo que, según las pericias de la Policía, fue el arma con la que se cometió el crimen. En la finca de Conti también se encontró un pedazo de tela perteneciente al tapizado del techo de un automóvil Ford Fiesta como el que manejaba Salazar. La fiscal aseguró que del cráneo encontrado en un descampado de Lules se extrajo una esquirla de proyectil. La pericia balística permitió determinar que lo habían disparado con el revólver que el padre de Conti tenía registrado a su nombre. También aseguró que dos peritos odontólogas realizaron un estudio de los restos óseos y determinaron que se trataba del cuerpo de Salazar. Con estos dos últimos puntos desvirtuó el ataque de la defensa, apoyada en peritos de parte, que había cuestionado los informes balísticos y odontológicos. “Estos peritos hicieron un informe de un informe. Jamás tuvieron en sus manos el material que debía peritarse, y opinaron sobre los escritos, y no sobre las pruebas”, aseguró. Recordó, además, las palabras de Monteros, quien dijo que vio a Conti con el Ford Fiesta y afirmó que el joven le dijo que lo había conseguido “en una bronca”, dando a entender que lo había robado.
Luego analizó lo sucedido con Pereyra, un joven de 28 años que trabajaba con su remise en Tafí del Valle -donde también tiene casa Conti- a quien mataron el 25 de febrero y cuyo cuerpo fue encontrado en La Ciénaga, Santa Lucía, el 10 de marzo de 2004. La fiscal recordó que ese 25 de febrero, un amigo vio a Conti llegar con un Ford Escort gris como el que manejaba el remisero, y que estaba “muy nervioso”, ya que había “bajado a alguien”. Se determinó luego que Conti, utilizando el teléfono celular de Pereyra, llamó a tres amigos ese mismo día para organizar un asado. También se sumó el testimonio de otro amigo del acusado, a quien se le secuestró el gato hidráulico del auto de Pereyra. El vehículo apareció incendiado en calle San Juan al 2.600 el 4 de marzo de 2004. Varios amigos de Conti circularon con él en ese vehículo, e incluso dos de ellos dijeron que vieron papeles a nombre de la víctima. Finalmente, la fiscal recordó que la identificación de esta última víctima, discutida también por los defensores, había sido realizada a partir de los pulpejos de las terceras falanges de los dedos índices y mayor de la mano izquierda, que se encontraron junto a los restos oseos en La Ciénaga, y defendió la labor de los investigadores. Con todos estos datos, la fiscal no dudó y pidió el máximo de la pena prevista en el Código Penal para el acusado. En ese momento, la única que rompió el silencio fue Eva Pereyra, la madre de Claudio, que, abrazada a una foto de su hijo, lloraba desconsolada.
Hasta el lunes
Quince minutos antes de las 14, el presidente de la Sala, Carlos Ruiz Vargas, decidió suspender la audiencia, cuando aún faltaba la mitad de los alegatos de la defensa; sólo había hablado uno de los abogados. “Atendiendo lo avanzado de la hora, pasamos a un cuarto intermedio hasta el lunes”, advirtió el magistrado. La audiencia se inició el 5 de junio, y, aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo culminará, se calcula que será la próxima semana, antes del inicio de la feria judicial.
A ambos remiseros los mataron de la misma manera: de un disparo en la cabeza. Según la imputación, para robarles los autos, reducirlos y conseguir droga. Según la fiscal, no quedan dudas de que fue Conti, un muchacho de 24 años miembro de una familia de Yerba Buena, quien cometió los homicidios.
Uno por uno
La audiencia se inició a las 9.25 con el alegato de la fiscal, que comenzó desmenuzando el caso Salazar. Este tenía 55 años y lo mataron el 1 de enero de 2004, cuando trabajaba con un automóvil Ford Fiesta. Según la fiscal, Conti abordó a ese remisero, lo asesinó y luego llevó el vehículo a su finca, en Río Colorado, donde, utilizando amoladoras, lo desguazó. La fiscal afirmó también que los familiares de Salazar lo reconocieron por la ropa, ya que el cuerpo estaba en estado de descomposición, y se apoyó en una de las versiones que dio Martín Monteros, un amigo de Conti. Este dijo que vio al imputado desarmando un auto en la madrugada del 1 de enero, aunque durante el juicio se desdijo y afirmó que la Policía lo había presionado para que declarara en contra del acusado. La fiscal también sostuvo que en la finca de Conti se secuestraron tazas pertenecientes a un auto Ford, y que en la casa de Yerba Buena los investigadores se incautaron de un revólver Colt, calibre 32 largo que, según las pericias de la Policía, fue el arma con la que se cometió el crimen. En la finca de Conti también se encontró un pedazo de tela perteneciente al tapizado del techo de un automóvil Ford Fiesta como el que manejaba Salazar. La fiscal aseguró que del cráneo encontrado en un descampado de Lules se extrajo una esquirla de proyectil. La pericia balística permitió determinar que lo habían disparado con el revólver que el padre de Conti tenía registrado a su nombre. También aseguró que dos peritos odontólogas realizaron un estudio de los restos óseos y determinaron que se trataba del cuerpo de Salazar. Con estos dos últimos puntos desvirtuó el ataque de la defensa, apoyada en peritos de parte, que había cuestionado los informes balísticos y odontológicos. “Estos peritos hicieron un informe de un informe. Jamás tuvieron en sus manos el material que debía peritarse, y opinaron sobre los escritos, y no sobre las pruebas”, aseguró. Recordó, además, las palabras de Monteros, quien dijo que vio a Conti con el Ford Fiesta y afirmó que el joven le dijo que lo había conseguido “en una bronca”, dando a entender que lo había robado.
Luego analizó lo sucedido con Pereyra, un joven de 28 años que trabajaba con su remise en Tafí del Valle -donde también tiene casa Conti- a quien mataron el 25 de febrero y cuyo cuerpo fue encontrado en La Ciénaga, Santa Lucía, el 10 de marzo de 2004. La fiscal recordó que ese 25 de febrero, un amigo vio a Conti llegar con un Ford Escort gris como el que manejaba el remisero, y que estaba “muy nervioso”, ya que había “bajado a alguien”. Se determinó luego que Conti, utilizando el teléfono celular de Pereyra, llamó a tres amigos ese mismo día para organizar un asado. También se sumó el testimonio de otro amigo del acusado, a quien se le secuestró el gato hidráulico del auto de Pereyra. El vehículo apareció incendiado en calle San Juan al 2.600 el 4 de marzo de 2004. Varios amigos de Conti circularon con él en ese vehículo, e incluso dos de ellos dijeron que vieron papeles a nombre de la víctima. Finalmente, la fiscal recordó que la identificación de esta última víctima, discutida también por los defensores, había sido realizada a partir de los pulpejos de las terceras falanges de los dedos índices y mayor de la mano izquierda, que se encontraron junto a los restos oseos en La Ciénaga, y defendió la labor de los investigadores. Con todos estos datos, la fiscal no dudó y pidió el máximo de la pena prevista en el Código Penal para el acusado. En ese momento, la única que rompió el silencio fue Eva Pereyra, la madre de Claudio, que, abrazada a una foto de su hijo, lloraba desconsolada.
Hasta el lunes
Quince minutos antes de las 14, el presidente de la Sala, Carlos Ruiz Vargas, decidió suspender la audiencia, cuando aún faltaba la mitad de los alegatos de la defensa; sólo había hablado uno de los abogados. “Atendiendo lo avanzado de la hora, pasamos a un cuarto intermedio hasta el lunes”, advirtió el magistrado. La audiencia se inició el 5 de junio, y, aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo culminará, se calcula que será la próxima semana, antes del inicio de la feria judicial.
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